3 de enero de 2009

El intercambio


El intercambio, o el cambiazo, traducción más literal del inglés, supone nuestra ineludible cita anual con Clint Eastwood, que de un tiempo a esta parte sigue un ritmo de trabajo que algunos podrían calificar como prolífico, pero que al que escribe estas líneas le llena de satisfacción, más aún si tenemos en cuenta el magnífico nivel que sigue el director en sus últimas obras. No es ya la lejana y emotiva Los puentes de Madison, o la desgarradora Million Dollar Baby o el doblete sobre la batalla de Iwo Jima durante la II Guerra Mundial, Banderas de nuestros padres o Cartas desde Iwo Jima, y es que asusta la cantidad de veces que el veterano ha dado en el clavo. Hace unos meses comenzaron unos rumores que apuntaban que Angelina Jolie podría retirarse del cine para dedicarse por completo a su función como madre, y voilà que entonces Clint Eastwood le confió un proyecto aparentemente más sencillo de lo que ha resultado ser la cinta final. Un guión estupendo, lleno de giros perfectamente articulados y que clama a cada minuto: ¡Queremos Oscar, queremos Oscar! junto al buen hacer de Eastwood y, cómo no, de una protagonista que vuelve a demostrar que es muchísimo más que un cuerpo (y qué cuerpo) y cara bonitos, sino toda una intérprete que nos recuerda en este trabajo por qué cuenta ya con una estatuilla dorada en su haber.

El intercambio cuenta la historia de una madre que, al llegar un día a casa, no encuentra a su hijo. La investigación sobre la desaparición recae en el departamento de policía de Los Angeles, y tras cinco meses devuelven a la madre a un niño que, según ella, no es su hijo. Ahí comienza la batalla contra el cuerpo de policía para determinar quién tiene razón, si ella (al fin y al cabo, sólo una madre es capaz de decidir quién es su hijo) o ese departamento corrupto que necesita a toda costa limpiar su imagen. Lo que en principio parece ser un intensísimo drama emocional cobra a lo largo del metraje tintes de thriller y cine negro, y la historia se replantea de un modo que obliga a la trama a ramificarse en un conjunto de hechos macabros que harán vibrar al espectador. Eastwood no es un director efectista, sabe que los pequeños detalles y las grandes interpretaciones son las mejores bazas con las que cuenta, y así lo demuestra aquí de nuevo. Consigue, por tanto, otra obra maestra llena de suspense y expectación hasta la última escena, con algunas secuencias perfectas basadas, como ya he dicho, en pequeños detalles, como lograr que se nos encoja el corazón con la mera imagen de un niño depositando fotografías en una mesa.

Así pues, Clint Eastwood se sirve del drama personal de una mujer para hacer un retrato de una época a lo Chicago aunque más sombrío, claro está, así como para denunciar las prácticas abusivas del poder establecido contra los ciudadanos de a pie. Hay que ir a ver El intercambio por muchos motivos: porque es una de Eastwood, por Angelina Jolie, por John Malkovich, porque estremece, aterra, horroriza y deja una sensación de desaliento que pocas películas logran transmitir. Ésta transmite mucho, y en los días que corren eso ya es decir. Y ahora empieza la pelea de gatas. Y el Oscar es para… ¿Jolie, Hathaway o Winslet? A estas alturas es lo de menos, pero estoy seguro de que cualquiera se lo merece, y Angelina Jolie se lo come todo aquí.

Nota: 9-10

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