19 de enero de 2012

Drive


El silencio como lenguaje.
La belleza del fotograma. La luz como rasgo identitario. El intricado baile de géneros.
Hay que llegar virgen a Drive. Sin informarse sobre ella, sus personajes o situaciones. Llegar, sin más. Hay que verla, además, en el cine.
Drive como historia de amor
Bueno, sin más. Chico conoce a chica, chica está con chico malo y el chico tiene que ganarse el respeto y amor de la chica. Todo esto, sin apenas diálogos. Esto es lo que distingue a Drive del resto de películas e historias de amor. No intenta parecer moderna con personajes que se dirigen oraciones ingeniosas y respuestas afiladas; de hecho, el protagonista prácticamente no habla. La relación que se establece entre Gosling y Mulligan se basa en lenguaje estrictamente visual. Puede éste tratarse de uno de los grandes aciertos de la película: relegar la narración a lo que el espectador ve, ensalzar el valor de la imagen como vehículo narrativo. Con todo, es extraño que en toda la película no haya una sola escena remotamente sexual, aunque es seña distintiva de la cinta, como el frío glacial con el que deambulan los personajes y toman decisiones terribles.
Drive como film noir
En cuanto entra en juego el chico malo, la película se retuerce sobre sí misma y da un giro de género hacia el noir, esto es, cine negro con asesinos, mafiosos, persecuciones y una intrincada red de mentiras que atenta contra el protagonista. El giro de género se hace también patente en el protagonista. La actitud violenta que desarrolla a partir de cierto momento de la trama también vira en lo siniestro, y es que el personaje de Gosling mantiene el aire de misterio requísito ineludible en este cine. El cine negro se traduce igualmente en la predominancia de juegos de luces y sombras sobre los personajes, pequeños detalles que permiten diferenciar a héroes y villanos.
Drive como thriller
Como película de acción, de persecuciones, de conspiraciones, de tiros, Drive también es atípica. El montaje es excepcional, las imágenes y planos de evidente belleza (ni siquiera rechina la estética de videojuego por la que opta en ocasiones el director para mostrar las persecuciones), pero si algo llama la atención de la dirección es la posición de las cámaras, constantemente cerca de los personajes, a menudo dentro del coche con la carretera delante, como si el espectador fuera partícipe de la carrera. Incluso el uso de slow motion, presente con tanta fuerza en el resto de la película, es medido en las escenas de acción. Aquí el montaje es dinámico, la música ochentera, las cabriolas de los vehículos espectaculares. Una coreografía sobre el asfalto.

Pero si hay una palabra para definir a Drive, sería anacrónica. Porque sus referentes, sus temas y su estilo beben de fuentes muy eclécticas. Podría verse en Nicolas Winding Refn a muchos directores, desde un Tarantino visualmente apabullante al Fincher metódico de Zodiac, a Michael Mann y a otros maestros del género. Y es que el responsable de Drive no duda en mencionar a sus referentes, si bien no creo que precise de ellos. Basta con los títulos de crédito para comprobar que lo de esta película no es casual: en tres minutos se cuenta todo. Él conduce, no sabemos por qué, no sabemos a dónde, pero conduce. Se cruza con ella, que será su objeto de atención, pero ella se aleja. No pueden estar juntos. Hay algo que los aleja. La enumeración de aliados y enemigos de Gosling se sucede como en un videojuego que avance hasta la llegada del big boss. Y la música. Esa música de los ochenta, esa tipografía de los ochenta.
     La música aporta la belleza o el empaque emocional que pudieran faltarle al producto final, dado que el minimalismo interpretativo (si bien perfectamente medido) de sus protagonistas podrían dejar frío al personal. En cierto modo es un desperdicio contar con Carey Mulligan y no poder sacar más de ella, o relegar a los actores al frío que impregna las acciones morales de los personajes. Si algo se pudiera reprochar, sería con toda probabilidad el empleo de violencia gratuita en ciertas ocasiones (cierto momento nos recuerda a esta escena de Irreversible), aunque el contraste con escenas de belleza tal como la del mar de noche a la luz del faro refuerzan la impresión de que nos encontramos ante algo bello.
     Drive habla del demonio que carga consigo el hombre. Habla de un cine que ya no se hace y de un género imperecedero. Sólo por la escena del ascensor, vale la pena. No, no habla de conducir, pero pilota sin miedo.

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