20 de octubre de 2012

Luceros clausurados: F. Javier Montoro


Nombre:

Francisco Javier Montoro Chaves


Edad:

21


Ocupación:

Estudiante de Traducción e Interpretación de árabe.


¿Qué haces ahora mismo?

Como chocolate. Lo hago mucho. Mola más que fumar y palia el estrés de arabizarme.


¿Dónde vives?

Apartamento de alquiler poblado de cucarachas. Avenue Houssaine Bouzayane, Túnez, Túnez.


¿Te dedicas a la creación? ¿Qué te ha llevado a ello?


No me dedico a ella (hablar de dedicación implica sacrificios), pero le ofrezco tiempo, cariño y guiños siempre que puedo. Lo hago por comodidad, por placer y con placer.


¿Crees que lo que haces es importante?


Lo que hago no es nada importante, es algo prescindible, inútil. No sirve para nada y eso me tranquiliza. Me cansa el hecho de que todo tenga un fin, una utilidad, y por eso creo (sin preposición y sin dedicarme a la creación). El tiempo está para perderlo, para disfrutar perdiéndolo.


¿A quién admiras? ¿Por qué?


A mi padre y a mi madre, sobran los motivos.




¿Te cuidas de algún modo?

No. Como chocolate (repito). Como demasiado. Bebo demasiada Coca-Cola. Ahora, con la excusa de no comer y sin resultados aparentes, fumo. Leo demasiado y escucho demasiada música. Pienso demasiado. Soy un cóctel de excesos.


¿Crees en el amor?

Creo el amor. Todo por necesidad, por repetirme.


¿Y en Dios?


Que crea él en mí, al igual que yo creo en lo que he creado.


¿Me recomiendas un libro, una película y un disco de música?


1) “Vulva dorada y lotos”, de Juana Castro, de cuando los que creaban lo hacían por placer y con placer. Por ejemplo.

2) “Annie get your gun”, con Betty Hutton dándolo todo. Por supuesto.

3) Cualquiera de Dinah Washington. Por decir.


Viajemos en el tiempo. ¿Cómo será tu vida en diez años?

Te puedo decir cómo no será: estable, definitiva, aburrida, cierta. Espero ser algo más ingenioso, metódico, tolerante. Menos egoísta, menos hipócrita. Ya…


¿Consumes algún tipo de sustancia estimulante (alcohol, drogas)?

Tengo una bomba de estimulantes en el pecho. Me gusta decirlo, me siento poético. También me gusta decir que no necesito tomar nada para estimularme, animarme, despertar, disfrutar. Pero tomo lo que todos cuando salgo, por camuflarme.


¿Qué es lo más bonito que te ha pasado?

Que determinadas personas me hayan dejado conocerlas. Para mí todo se basa en la búsqueda, la búsqueda constante y exhaustiva. A veces hay hallazgos reconfortantes.



¿Y lo más triste?


No encontrar la forma de decir algo. Me frustra, y en ocasiones se vuelve decisivo. Ahí reside el fracaso de mi búsqueda.
¿Quiénes son tus artistas preferidos?

Ésta es la típica pregunta que no sabes por dónde coger, y acabas echando mano del necesario tópico: es que son tantos, tan diferentes, de tantos ámbitos, que no podría discriminar mis preferencias en un ranking. Soy muy facilón con el arte en el fondo.



¿De qué te arrepientes?


De haber tardado tanto en perder el miedo a expresar. De pequeño era un niño callado, repelente, los libros eran mi muro y la inseguridad no me dejaba hablar. Ahora he cogido el megáfono, y he aprendido a canalizar mi rareza de una forma semiagradable. Le estoy sacando partido a ser un bichito raro, felizmente, como inversión de futuro.


Tu relación con la política, si la tuvieras…


Una pasada. La política es ficción, fliparía inventando.


Los jóvenes de hoy en día… ¿qué?           

Cambian los formatos y la intensidad. Pero las preocupaciones son las mismas. Los jóvenes siguen haciendo que esto lata, que bulla. Hoy con la voz más alta y eso me enorgullece. Más que todo porque a mí me encanta gritar, y veo que algún día la afonía, que es compartida, va a merecer la pena. Soy optimista en cuanto al papel que los jóvenes desempeñan, dentro de lo que cabe, pese a todo.


Va, cuéntanos, ¿en qué estás trabajando?


Vergüenza debería darme, pero estoy seco. Tengo ideas, documentos de Word dispersos, frases, algunos versos. Tengo que retomarlo todo e intentar que desemboque en algún poema. Y coquetear con la narrativa, me apetece (tener el tiempo necesario y disfrutarlo). Todo a su tiempo, por algo prefiero no llamarlo “trabajo”.

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