12 de febrero de 2016

Insensatos


Cuando empecé a escribir, lo hacía con esa concepción egocentrista según la cual todo giraba en torno a mí, los personajes pensaban como yo y cada historia debía suponer una declaración de principios. Con el paso de los años he aprendido que no por escribir sobre un tipo repugnante me voy a convertir en uno, que no por poner a los rojos de malos y los fachas de buenos estaría defendiendo ciertos ideales; aprendí que, si el protagonista de una novela en la que trabajo es un pederasta totalmente convencido de su amor por los niños, no implica que considere la pederastia como algo bueno. Aprendí, pues, a crear sin juzgar.

A veces, cuando me llaman a hablar a algún sitio público, todavía sale el chico tímido que se enciende como una brasa si tiene que leer algo íntimo o sexual o algo que no le contaría a mi madre a la cara. Antes de hablar, de contar lo que sea que haya preparado, miro alrededor y pienso si podría ofender a alguien. Es la delgada línea entre la autocensura derivada de la corrección política (uno de los males de nuestro tiempo) y el respeto por el prójimo.


Pero los marionetistas.


Todo, y digo TODO el mundo ha pecado aquí de idiota e insensato.
El primero, el organizador del Carnaval cuando aprueba la contratación de una obra de marionetas y la incluye en la programación. Se supone que el programador de cualquier agenda cultural-lúdica conoce los espectáculos/servicios que contrata, y si estos se adecuan al público al que van en principio dirigidos. A todas luces queda en evidencia que la obra en cuestión, La bruja y Don Cristóbal, con el subtítulo "A cada cerdo le llega su San Martín", no era la representación para Carnaval de Madrid. Sólo cabe preguntarse si el que dio el visto bueno al espectáculo de marionetas fue uno de esos padres que aún consideran Los Simpson dibujitos infantiloides; eso, o era rematadamente estúpido. Insensato.
Leo que media hora antes de la representación se anunció en FB: "A las 17 horas y a las 19 horas en la plaza del Canal de Isabel II (metro Tetuán), 'La bruja y don Cristóbal', con la Compañía Títeres desde Abajo. Y no, no es para público infantil, es para adultos".
Sin embargo, en el pdf con la programación del Carnaval se indicaba que era para todos los públicos, de modo que rectificar tarde y mal no justifica la insensatez.

Los actores. Hemos leído muchas cosas estos días, entre ellas que los artistas avisaron antes de la representación, ante la presencia de niños, que aquella no era una obra para niños. Los padres, no obstante, en vez de coger a sus niños y llevarles a comprar un algodón de azúcar, transigieron. Pero yo, como autor, sentiría pudor de mostrar ante niños, aunque sea con marionetas, aunque sea ficción, un ahorcamiento, una violación, un asesinato. Creo que es una cuestión de pudor, y volvemos a la delgada línea que separa la libertad de expresión de la corrección política. Los responsables de la representación se limitaron a cumplir con su cometido, que era representar la obra con la que les habían contratado, aprobada e incluida en la programación oficial. Sin embargo, alego al sentido común de los mismos para saber decir "hasta aquí hemos llegado" y discernir lo que es moral de lo que es deleznable. Y mostrar ciertas cosas, por mucho que sea en clave de farsa o comedia, ante un público infantil no está justificado. Por tanto, pecaron los autores de falta de prudencia. Los muy insensatos.

No he entrado a valorar la calidad (o falta de) de la obra, en primer lugar porque no la he visto; en segundo, porque no es lo que estamos valorando aquí. Lo que está en juicio es si el contenido de la obra era apto para representarse en el contexto en que lo hizo, y, aunque los juicios morales son como los culos, cada uno tiene el suyo, considero que aquí se procedió sin mesura, sin cabeza, sin dos dedos de frente.

Los padres. Me encantan las dobles varas de medir. Esos padres que asisten atónitos a un ahorcamiento, a un apuñalamiento, a una violación, y sienten crecer en ellos una rabia fruto de la indignación. Pero que no estallan hasta que un personaje, (OJO, tratando de incriminar a otro) saca una pancarta que reza "Gora Alka-ETA". Más allá de la lamentable falta de ingenio del juego de palabras, supongo que estos son los mismos padres que alzaban el grito al cielo ante el beso de dos maricones, pero no con los asesinatos de niños o evisceraciones de hombres y mujeres. Tratar de encontrar en un contexto TAN CLARO una apología de la violencia o enaltecimiento del terrorismo, deducir de ahí que los actores están lanzando consignas pro-etarras es de una estupidez supina por encima de la cual debería encontrarse cualquier juez.

Pero no, aquí se llama a la policía, detención inmediata y encarcelación por orden judicial. Que ésa es otra, el juez será de esos tipos que piensan que Los Simpson son para niños, o que es peor un cartel ficticio que una violación ficticia. La falta de sentido común y juicio (valga la redundancia) del juez, su complicidad a la hora de convertir la polémica en una causa política deberían ser suficientes para invalidar cualquier decisión tomada por éste. De hecho, poco han tardado en emprenderla con él y la fiscal responsables de encarcelar a los titiriteros, y se ha impuesto una querella contra ellos por prevaricación en el auto de prisión. Otros insensatos. Estúpidos, facciosos insensatos.


La falta de actuación del Ayuntamiento de Madrid. Recordemos: ocurrió con los tweets de Zapata, con el desfile de Reyes Magos y ahora con una puta obra de marionetas. La caverna está a la que salta, y el ayuntamiento comandado por Manuela Carmena peca de blando. La respuesta ante cada nueva polémica dirigida por la derecha es torpe, poco asertiva. Gobierna la izquierda desde el complejo, con una falta de autoridad alarmante. Mientras el PP está siendo investigado sede por sede, imputado como partido, el consistorio de Madrid se ve constantemente en el punto de mira, y no sabe responder con la decisión que se le debe exigir. Manuela Carmena, que está demostrando una sensatez y juicio, un aplomo y respeto por su ciudad y conciudadanos, no ha sabido resolver estas polémicas con una voz firme y exenta de dudas. Responden rápido, pero suelen hacerlo a medias. En este caso, cesaron al responsable de la programación de la obra dentro del Carnaval, pero al día siguiente comparecía la misma alcaldesa tildando la obra de "espectáculo deleznable". Quiero decir: está bien que asumas tu error, que comparezcas, pero no sigas haciendo leña del árbol caído, que están los titiriteros presos y el responsable, cesado. Porque van a pedir más: y así fue, pronto comenzaron a pedir la cabeza de la Concejal de Cultura del ayuntamiento. Por eso hay que exigirle al Ayuntamiento de Madrid una mayor firmeza en sus decisiones, una mayor efectividad en sus comunicaciones y seguir trabajando en su proyecto más allá de las polémicas que suscite cada paso en falso. Por algo les votaron.

La derecha. El fantasma de ETA sobrevuela España cada vez que el PP se encuentra al borde del colapso. Que en este caso el debate se haya desplazado de la (no) idoneidad de una obra de títeres para una celebración familiar a la enésima resurrección de ETA y los filoetarras nos debería dar una idea del grado de desesperación de un partido que se encuentra en el momento más crítico de su historia, con un Gobierno que se le va de las manos, por lo que decide aferrarse al clavo ardiendo que es ETA, siempre con el argumento de que las víctimas son intocables y cualquier argumento en contra de sus trasnochadas teorías conspiranoicas puede entenderse como una afrenta directa a las víctimas. Parece haber olvidado la derecha que en terrorismo, que en verdugos y víctimas no hay derecha e izquierda, que no pueden apuntarse el tanto de la lucha contra el terrorismo y resucitar al que en su día fue el mal mayor del país a voluntad para desviar la atención o arengar a la población en pos a la formación de un Gobierno conservador y el hallazgo de una polémica en la izquierda a la altura de la corrupción que asola a todos los populares. Son quienes deberían andarse con más pies de plomo que nadie, pero deciden arramplar a la mínima para hacerse oír. Los ignorantes, malignos insensatos.

En conclusión, lo de programar una obra para adultos en plena programación familiar y representarla delante de niños a pesar de los contenidos de mal gusto fue una cagada en toda regla. En eso estamos de acuerdo. Incriminar a los titiriteros por cumplir con su trabajo, más allá de la calidad artística (o ausencia de ésta) de la obra fue una cagada mayor, sobre todo por los cargos que se adujeron. Convertir esto en el despertar de la fuerza etarra y volver a promover la ruptura social y política de un país lo suficientemente roto es una tremenda falta de consideración. Hacer de una anécdota un asunto de estado, jugar con los derechos humanos, con todo el sistema legal de un país, para servir una agenda política, debería ser punible, Confundir ficción y realidad es algo infantil, creer que los títeres son sólo para niños es, cuanto menos, un razonamiento irreflexivo. España está llena de insensatos de todos los colores, de todas las formas.

Al resto, os recomiendo los títeres de la cachiporra: http://www.alternativateatral.com/obra27177-los-titeres-de-cachiporra

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