30 de octubre de 2011

Películas de terror

THIS IS HALLOWEEN I

Se acerca la noche del supuesto terror.
Más allá de salir a otras casas a pedir truco o trato, que es muy usamericano, encuentro un mejor plan comprar muchas chucherías, coger una mantita abrigada, un cuenco de palomitas con miel y una buena selección de clásicos del terror. O no clásicos, pero sí un buen ciclo del terror. Para el miedo soy muy peculiar, y dado que hay pocas cosas que me asustan, probablemente optaría por ese subgénero maravilloso que son las películas con niños.

La profecía (The Omen, 1976)
La original, la primera. Recuerdo cuando era pequeño y a veces la ponían en la tele. Mis padres no se coscaban o se la repimplaba, pero siempre nos dejaban verla. Igual no la entendía demasiado bien, pero me incomodaba y me fascinaba. El cuidado que tenían con el niño, los sucesos relacionados con Damien, las citas del Apocalipsis que abrían o cerraban la película. Para mí, todo era cierto.
Recuerdo en particular cuatro escenas:
1) Damien, alentado por la niñera enviada por Satanás, acelera el paso en el triciclo y choca contra el taburete donde está su madre de pie.
2) Un párroco en medio de la lluvia va a entrar en la catedral, pero se descuelga con la lluvia una lanza que lo atraviesa de arriba abajo. Después, el fotógrafo protagonista revela una fotografía realizada al párroco cuando aún vivía, y sobreexpuesta aparece la lanza que está por matarlo.
3) En un momento dado de la película, el padre o madre de Damien rapan al niño y encuentran en la cabeza, detrás de la oreja, la marca del diablo, 666.
4) Más adelante, en medio de un mercado o algo por el estilo, al fotógrafo lo decapitan por accidente con una lámina de cristal que se escapa de un coche. Muy gráfico y sangriento todo, sí.
La niñera venida del infierno
Pero más allá de todo eso, lo que admiro de esta película es su capacidad de lograr una atmósfera loca y enfermísima, como si de veras el propio Satanás se abriera paso en nuestro mundo en busca de su vástago. Por si fuera poco, el pequeño Damien está interpretado con pasmosa naturalidad por un niño que prácticamente no volvió a actuar, mientras que su padre era nada más y nada menos que Atticus... Gregory Peck. El reparto es espectacular sin resultar estelar, algo que, como bien sabemos, es determinante para que una película gane en verosimilitud. Así pues, la niñera interpretada por Billie Whitelaw es la encarnación del mal mismo.
Si a todo esto le sumamos violencia, una galería de párrocos, investigación, citas bíblicas, infanticidios, asesinatos, cadáveres, cementerios... tenemos la perfecta película de terror, ésa que, sin necesidad de estridencias, introduce el miedo en el cuerpo y hace el terror plausible. Clásico muy a tener en cuenta.

El pueblo de los malditos (1960)
Un día, en un pueblo de Estados Unidos, todo el mundo se queda inconsciente durante unas horas. Este enigmático suceso podría suponer de por sí un buen punto de partida, pero a los días todas las mujeres del pueblo dicen estar embarazadas. A los nueve meses, la ola de nacimientos trae una tercera sorpresa consigo. Muchos de los bebés son prácticamente idénticos, albinos o les brillan los ojos. A medida que crecen, los niños se van aislando de los demás críos del pueblo y forman una especie de secta. Actúan como un comando, todos a una, y aterrorizan a todo el pueblo cuando demuestran tener poderes de control mental. Pueden obligar a la gente a actuar a su antojo. Naturalmente, esto da lugar a una deliciosa galería de pesadillas en la que los 'padres' de los niños y todos los vecinos se ven sometidos a sus deseos, autolesiones y suicidios mediante. Entretanto, el pueblo planea el modo de librarse de los niños rubios, los niños malditos, los niños venidos de un lugar que escapa al alcance del hombre. La batalla final se prevé antológica. A todo esto, que la película esté rodada en blanco y negro (hablamos de 1960) le da todavía más mal rollo.
En 1995 se llevó a cabo un remake que, a pesar de que no está a la altura, tiene tantos elementos kitsch que vale la pena darle una oportunidad. Entre otras lindezas, los protagonistas de esta versión son Superman (Christopher Reeve) y la cómica Kristie Alley (en racha por aquel entonces), y el director no es otro que el rey del género John Carpenter. Como comprenderéis, una joya que da miedo. Como en las mejores piezas de terror, el miedo va creciendo hasta el crescendo del desenlace. El hecho de que no se explique mucho acerca del origen de los niños (si bien se sobreentiende que tienen origen extraterrestre) aporta ese terror a lo desconocido que tanto bien hizo a Lovecraft o el mismo que usó Hitchcock con Los pájaros, donde no se explica nada.

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