17 de noviembre de 2011

Escribir un libro

Escribir un libro no es fácil, ya sea de cuentos, de poesía o una novela. O un ensayo. Cada cual entraña su riesgo y dificultad.
Un libro de cuentos corre el riesgo de que algunos sean buenos y otros malos, y esa irregularidad está muy mal vista. Incluso el orden de los cuentos puede determinar que sea un buen o mal libro.
Un poemario o libro de poemas tiene como dificultad principal la poesía: hay autores que, por más que lo intentan, por más que practican y estudian, no tienen el don de la poesía. La poesía es un concepto tan inasible, tan inasumible que sólo unos pocos elegidos cuentan con el don de escribir poesía, entendida ésta como música del alma.
Un ensayo también tiene su dificultad, principalmente en el tono y el gran trabajo de documentación que hay detrás. Por tanto, es importante saber escoger un tema atractivo e interesante, desconocido para el lector, pero no demasiado lejano. Y hay que ser muy metódico en la investigación. Ya depende del autor decidir si se enfrenta a un libro divulgativo o especializado, con las decisiones consecuentes que conlleva a la hora de redactar.

Pero, si hay algo difícil, y me estoy dando cuenta ahora, durante la redacción de Queridos niños, es la escritura de una novela. ¿Por qué es tan difícil? Porque aquí todo parte -en la mayoría de los casos- de la imaginación del autor, y hay tantas variantes a tener en cuenta que el escritor se puede sentir desbordado. Voy a tratar de escribir un breve esquema en el que explico mi método de trabajo, personal hasta la última consecuencia, aprendido a base de ensayo y error.
1. Hace falta tener un punto de partida con chicha. Cuando digo punto de partida, puede ser un conflicto, un universo en sí, un personaje que sostenga una novela... en definitiva, el elemento-semilla a partir del cual brotará la historia.
2. La historia. Hay que desarrollar, a partir del punto de partida, una gran idea con lo que queremos que suceda en la novela. Basta con desarrollarla muy en bruto en un párrafo o dos. Ése es el margen de lo que será la novela.
3. Personajes: si decía que un personaje puede constituir en sí mismo un punto de partida cojonudo, desarrollar a los personajes para nuestra historia debería ser un proceso metódico. Mi experiencia me ha enseñado que lo mejor es hacer fichas de personajes, como en los juegos de rol, en los que describirlos física y psicológicamente, dar detalles sobre su vida hasta la fecha y cómo se relacionan con los demás. Así nos ahorramos personajes planos que hablan igual a pesar de que no tengan relación o actúan del mismo modo. Recordad que, dos personajes distintos ante la misma situación límite, actuarán cada uno de un modo. Es importante detallar a los personajes para darles entidad.
4. Rueda de relaciones: coger a los personajes y dibujar una rueda donde establecemos con líneas de distinto color quiénes son los protagonistas, quiénes los antagonistas, quiénes se hacen la puñeta entre sí... y recordad que, aunque el escritor puede tener prejuicios hacia algunos personajes, conceptos como el protagonismo o antagonismo dependen del punto de vista del narrador. A veces puede ser más interesante darle la vuelta a todo y narrar la novela con estos roles cambiados, pero depende de lo que el escritor quiera decir.
5. Buscar sentido en el caos: sé, por ejemplo, que voy a escribir una novela sobre un pueblo fantasma donde nadie sabe que ha muerto hasta que alguien vivo llega con su funesto anuncio. Sí, acabo de inventarme este punto de partida absurdo. Ahora tengo que pensar: ¿por qué escribo esta historia y no otra? ¿Qué motivo subyace en las circunvoluciones de mi cerebro? Es decir, la razón por la que escribo la novela. Qué quiero transmitir. J.K.Rowling, por ejemplo, siempre ha defendido que su famosa saga no es más que una excusa para hablar del amor de una madre a su hijo, que, bien mirado, es el punto de inicio de las aventuras de Potter. Yo, por ejemplo, he decidido que en Queridos niños quiero hablar del miedo. Ése es mi tema.
6. Ya tenemos a los personajes y un breve argumento de la novela, de modo que toca estructurarla. Hacer un esquema muy aproximado de las partes de que consistirá la novela y qué pasará en cada parte. Un párrafo por parte es suficiente para que, a la hora de redactar,  no estemos muy perdidos.
7. Si bien muchas veces el tema determina el género, no tiene por qué ser así. La misma historia podría narrarse como una novela de ciencia-ficción o de humor, terror... en función de lo que queramos transmitir, de hasta qué punto queremos romper con las reglas establecidas del género. Utilizar varios géneros dentro de una misma novela es una opción muy útil, aunque el escritor debe conocerlos a fondo y saber combinarlos de manera equilibrada. El tono es también una consecuencia del género y del lector a quien va dirigido el libro.
8. Mapa temporal: en el caso de Queridos niños, cuento al principio con ocho tramas paralelas, de modo que es bastante caótico compaginarlas en su justa medida y ordenar cuándo avanza una y cuándo otro. Por si fuera poco, las partes de la novela están separadas entre sí por elipsis temporales de varios años, de modo que cada vez que comienzo un nuevo capítulo tengo que retomar la historia desde un punto muerto que poco tiene que ver con lo que contaba antes. Así pues, la única solución ha sido hacer un esquema de cada parte con las líneas de cada personaje, de dónde parte y a dónde va, cuándo se cruza con otro personaje, cuántos años tendrán en cada parte... Un esquema o tabla es fundamental para lo liarla mucho y sembrar la novela de irregularidades.
9. Escribir. Coger el esquema de la primera parte, ver los hilos de los personajes, leer las descripciones de los personajes y empezar a escribir. Si hubiéramos empezado por aquí, la novela sería aún una nube oscura en nuestra cabeza, mientras que ahora se trata de un edificio con un esqueleto estable en el que será más difícil provocar grietas y rupturas. No olvidemos de todos modos que, aunque esto parezca muy cuadriculado, la escritura es la parte más creativa del proceso y el escritor debe dejarse llevar por lo que dicten las situaciones y personajes aun cuando nos hagan salir del camino establecido.
10. Corregir, esto es, leerlo todo cuidadosamente y descubrir fallos, reiteraciones, erratas, historias que no encajan bien, personajes que necesitan ser pulidos... mejorar lo presente. Para esto, yo siempre acudo a amigos y conocidos expertos o amantes de la literatura a los que pido una opinión sincera y constructiva para dar los últimos toques, aunque debo confesar que corregir me produce bastante pereza.


Voilà, ya tenemos una novela. No era para tanto, ¿no?

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