1 de abril de 2012

Angel: tercera temporada



Reconozco que me costó engancharme a Angel, el spin off de Buffy. De entrada, se había quedado con los personajes menos carismáticos de la serie madre (el propio Angel, siempre atormentado, Wesley, el vigilante estirado, y Cordelia, que fuera de su ambiente de total bitch de instituto perdía mucho) y las incorporaciones propias tampoco eran nada del otro mundo. El primer demonio que metieron, ése de las visiones, que murió en la primera temporada, siempre me cayó mal. No lamenté la pérdida, por mucho que supusiera un gran punto a favor en la evolución de Cordelia. Más adelante llegó Charles, otra incorporación casi casual, en la segunda temporada, y esto seguía sin arrancar. Afortunadamente, un vampiro de trescientos años tiene mucha historia a sus espaldas, y siempre que incluían tramas con Drusilla, Darla o Spike en el pasado, la serie ganaba enteros.
     Funcionaban también, cómo no, los crossover, en especial el episodio de la primera temporada "I will remember you", donde Buffy venía a LA y Spike se hacía humano, pasaban un día juntos como una pareja normal, aunque al final todo se iba al garete y ella lo olvidaba. La magia. Qué final más bonito y triste, sí. También la visita de una Faith recién huida de Sunnydale hizo temblar un poco los cimientos de la serie con la particular redención de la cazadora conflictiva.

     A pesar de todo, no es hasta la tercera temporada donde la serie planea con agilidad y se pone a la altura de su hermana mayor. Hay que recordar que desde el momento en que la CB cancela Buffy, al seguir Angel en la cadena y Buffy pasarse a otra, terminan los crossovers, una de las principales bazas con que contaba el vasto universo que estaban creando. De existir, tendrían que hacerlo de manera velada. Por ejemplo, cuando Buffy muere y resucita, Angel hace una visita casi a hurtadillas a Sunnydale. No será hasta las temporadas finales de ambas cuando esta costumbre se retome.
     ¿Qué hace, pues, tan especial la tercera temporada? Sin dejar el tomo de humor tan marcado -mucho más que Buffy, siempre tan solemne-, se pone seria. Viene Darla embarazada de Angel, cuando los vampiros no pueden concebir, de modo que a lo largo de gran parte de la temporada se juega con el posible resultado de un embarazo sobrenatural. Angel las pasa putas hasta que nace Connor, su hijo, y una vez nace, con toda la comunidad mágica tras él, lo pierde en una dimensión infernal. Esto pinta muy mal. También la llegada de Fred, la frágil incorporación a Angel Investigations, viene cargada de drama. Al igual que Buffy sufre un trauma existencial a la vuelta del Cielo, Fred debe superar los años pasados en una dimensión infernal. Cordelia, por su parte, cada vez sufre más las consecuencias de las visiones que le han otorgado los Poderes hasta el punto de rozar la muerte; es la intervención de estas fuerzas supremas las que la convierten en parte en demonio, con los nuevos poderes que aún no es capaz de controlar, como es incapaz de controlar lo que dictan sus sentimientos. Comienza a pasar tiempo a solas con Angel y a sentir algo por él, y el vampiro le corresponde, aunque no se atreven a dar el paso, y cuando están a punto de hacerlo, llega otro personaje insulso: Gunn, venido de la dimensión de la que escapó Fred.
     Y por encima de todo, el hilo con mayor empaque, como no puede ser de otro modo, es el regreso de Connor, ya convertido en un adolescente furibundo dispuesto a matar a su padre. Aquí entra en juego Wes, ya que por su culpa, al interpretar una profecía según la cual Angel matará a su hijo, rapta al bebé y se lo quitan, dejándolo al filo de la muerte y enemistado con Angel. Esta escisión complicará las cosas para el equipo de investigadores y hará a Wes plantearse muchas cosas sobre su vida. El caso es que el retorno de un Connor vengativo deja las cosas complicadas para todos los protagonistas, por el peligro que supone y los equívocos que dan las situaciones de lucha y supervivencia entre todos.
 Como bien saben los guionistas, lo aderezan todo con alguna que otra trama romántica, algún episodio sobre el pasado de algún protagonista y muchas dosis de humor absurdo, y la serie crece a la espera de las temporadas que supondrán la consecución o la decepción de una serie que trata de caminar sola, de manera independiente al rumbo de la enorme Buffy, Cazavampiros.

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