23 de marzo de 2013

Soleá


A mí no me gustaba el flamenco, lo juro. Quien me conoce lo sabe.
La culpa de que me guste la tienen Lorca y Enrique Morente, o así, los dos juntos.
La cuestión es que yo, seguidor del granaíno desde que descubrí Omega, su disco revolucionario del flamenco junto a otros de Granada, los Lagartija Nick, empecé a devorar todo lo que tenía relación con esta familia. Así descubrí a Estrella, la hija mayor de Enrique, en especial su disco Mujeres, que establecía un homenaje a grandes damas de la canción, desde Rocío Jurado a Nina Simone. Cuando el cantaor murió hace un par de años y pico, recuerdo que me dio duro, que fue un día de altibajos, que me fui a la calle, a las calles de Granada, a escuchar ese Omega que se me antojaba doloroso y funesto. La aurora de Nueva York se estremecía, la Aurora de Granada temblaba. Creo que lloré por las calles del Realejo y por el centro.Y hace un año llegaron los mismos Lagartija, los mismos Planetas que habían transformado el flamenco en progressive rock, los mismos que habían acercado estos palos a los palacios de música, a los festivales, a homenajear al maestro con un disco imprescindible y bajo una nueva composición, Los Evangelistas: Homenaje a Enrique Morente.
La cuestión es Soleá Morente, ay Soleá. Una amiga de Granada decía haber jugado con ella de chicas en la calle. Nadie conocía a Soleá, y de repente ha eclosionado. Su padre le tenía un disco prometido cuando terminara la carrera, Filología Hispánica. Pero murió. Murió y nos dejó conmocionados, y en la BSO de uno de los documentales sobre el cantaor tuve la ocasión de descubrir a Soleá cantando una de las canciones más hermosas que se han escrito en español, Palabras para Julia. Quería más. Queríamos más. Empecé a buscar sobre ella, sobre sus proyectos, sobre sus posibilidades. Descubrí que es hermosa, con esa belleza racial y felina de las gitanas, con la misma elegancia de Estrella, con Granada en los dedos, con Morente en la sangre. Que su voz es la más dulce de la familia. Que, además, se atrevía con el teatro.
La vi en la última representación de Yerma en Madrid como la novia joven y enamorada que termina de abrir los ojos a Yerma. Otra vez, de nuevo, Morente y Lorca. Antes hacía coros para su padre, para su hermana, cantaba para los propios Evangelistas en algunas canciones del disco homenaje... Pero Soleá necesitaba su disco, está claro.
Ahora, un año más tarde, tras estar en Yerma con la música de su padre y permitirse saborear los escenarios, se anuncia nuevo disco de los Evangelistas, y si en el otro contaban con Soleá y Carmen Linares, en este nuevo trabajo se desviven por ella y se alejan del flamenco para regalarnos un trabajo más próximo al pop planetil, al pop de la Bien Querida, que a otro estilo. Sirva este botón de muestra, porque los veo reventando festivales. Tal y como fui a verla en teatro por saber cómo era en persona, hace unas semanas fui a ver a su hermana Estrella al Teatro Real de Madrid, y sucedió algo extraño y mágico. Llegué con poco tiempo, vale, y busqué la entrada para el público. Justo iba a entrar cuando me llamaron por teléfono. Mientras hablaba y daba vueltas en círculos vadeando preguntas e historias levanté la mirada y te vi. Soleá, estabas en la puerta con un hombre que te dejó un momento sola. Estábamos a poco más de un metro. Me pareciste insultantemente hermosa, mucho más que de lejos, mucho más alta, inaccesible. No te hablé, pero lo tuve claro. Cali, la protagonista de Queridos niños, de mayor será como tú. Cuando tenga veintitrés o veinticuatro años será como tú, con tus ojos, con tus pómulos.


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