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6 de febrero de 2018

OT 2017: radiografía de España


Finalmente, esta edición de OT ha arrancado.
Parece una obviedad, pero no lo es. Cuando se anunció hace un año el regreso del formato a TVE parecía otro intento a la desesperada del ente público para recuperar antiguas glorias. Lo que nadie podría haber previsto era que Operación Triunfo regresara como un espejo idóneo que refleja cómo hemos cambiado como país en estos 16 años.
Aquí unos apuntes sobre el talent show y cómo ha evolucionado. Y, citando a Presuntos Implicados, "cómo hemos cambiado".

Cásting
Lejos quedan aquellos triunfitos bonachones, ilusos y naturales de la primera edición, o aquellos resabiados de ediciones posteriores (en especial en Telecinco). Rosa, Bisbal, Chenoa y compañía eran la imagen de un país producto de una democracia tardía, de décadas de complejos, carne de cañón para aquella bomba emocional, pornografía televisiva que se atrevía a dar sus primeros pasos en el medio español. La historia de superación era bigger than life, y los chicos se prestaban a convertirse en ídolos de masas, cada uno con una historia personal y una meta marcada a fuego, cada uno tan real que resultaba imposible empatizar con ellos, con su campechanía y una falta de tablas que daban sentido al formato gala tras gala.
Dieciséis años después, vuelve a ser el cásting el mayor acierto de la edición: España ha cambiado, también su audiencia, y el público no necesita otra Susan Boyle, otro Paul Potts, otra Rosa de España. Las historias de superación están trilladas, la cultura musical del país ha evolucionado y hace falta reflejarlo en la selección de concursantes. Sin grandes alardes, ya en la gala 0 se entreveía el cambio: concursantes jovencísimos -tan jóvenes o más que los de aquella primera edición- , ilusionados, inexpertos, atrevidos. Capaces de subirse al escenario con un instrumento musical, de cantar en inglés, de dejar atrás los ritmos latinos y el flamenco, o reducirlos a algo testimonial.
Los jóvenes han sido auténticos, impulsivos, divertidos, honestos. Hacer televisión es una forma de hacer política, y España había devuelto una imagen deformada de la sociedad a través del medio televisivo, especie de Nuevo Prometeo de ninis, hermanos mayores, mujeres y shores y viceversa. OT nos ha regalado esperanza en el futuro dando voz a otros jóvenes con aspiraciones nobles.
Palabra aparte merece la remozada academia, con un claustro que reúne al alma de OT, Manu Guix y Noemí Galera, con nuevas y enriquecedoras aportaciones que han servido para traer aires de cambio al formato, ponerle corazón y quitarle solemnidad al conjunto. También el nuevo presentador, Roberto Leal, que ha sacado Matrícula de Honor en uno de los retos más difíciles a los que puede enfrentarse un presentador: coger por los cuernos las tres horas de directo con sus imprevistos, un escenario enorme y un plató a rebosar de gente, y hacer esto sin que se note lo difícil que es. La experiencia como reportero del sevillano le ha aportado tablas, y su naturalidad e implicación, las bases sobre las que ha conducido todas las galas.

Canales de consumo
Atrás queda también la costumbre de ver la gala en familia el lunes por la noche y vivir de las migas de los resúmenes diarios. OT ha ganado terrenos con una decisión inédita en un reality en España: el 24 horas abierto, gratuito, sin cortes.


OT 2017 se ha follado la linealidad narrativa. Esa inyección en vena de realidad ha generado a su vez una nueva forma de consumir el formato: la ineludible gala de los lunes (Twitter mediante, para analizar, diseccionar y vomitar bien de mala leche), el bendito 24 horas, con sus picos de audiencia como los pases de micros, repaso de gala y reparto de canciones, los contenidos creados por los consumidores, que sirven como muestra del éxito transmedia de esta edición. Somos muchos quienes, cuando no podemos estar todo el día en el 24 horas, acudimos a un hashtag para ver los puntos destacados y enterarnos de lo importante. Así, se han trazado dos narrativas: la oficial, que genera la productora con sus galas y resúmenes diarios, y la que han creado los propios seguidores del programa, hasta el punto de que el hashtag diario ha logrado ser TT durante 3 meses seguidos de emisión del programa. Incluso hoy, un día después de que haya terminado el concurso, es TT .
Por supuesto, la difusión en redes sociales ha tenido otra lectura tan contemporánea y posmoderna como la de los juicios en Twitter y la poscensura: decenas, centenas de twitteros dispuestos a tumbar a un concursante, un profesor o a la mismísima directora de la academia por una mala respuesta, un mal gesto o cualquier comportamiento malinterpretado.
El programa ha sabido recoger esto y apropiarse del fenómeno para generar giros de guión: inolvidable ese momento en el que Noemí Galera, atacada por una jauría de twitteros por un comentario sobre Alfred, rompe a llorar y pide perdón al concursante durante un reparto de temas ante el gesto perplejo, atónito de los concursantes; la presión de las redes ha aupado favoritos, salvado a concursantes y dictado el devenir del concurso.

La reinvención del reality

Cuando los realities y talent shows ya estaban implantados en medio mundo, la productora Gestmusic Endemol vino con un concepto novedoso: unir ambos formatos en uno solo, de modo que los aspirantes a cantantes convivieran en una academia de formación intensiva. A pesar del éxito aplastante de la primera edición, el formato comenzó a desinflarse y desvirtuarse en sucesivas ediciones.
Frente a los realities de toda naturaleza que buscan la confrontación y la fama pasajera, TVE ha apostado por un concurso blanco, por una motivación clara. El trato respetuoso de la cadena y el carácter familiar de las galas -más allá de los horarios imposibles de emisión- han centrado la atención en aspectos musicales o simpáticos de la convivencia, no en la confrontación y competencia, como suele ser habitual en estos formatos. El hecho de estar en la cadena pública tal vez sea el verdadero motivo de esta proyección. Y es que si algo nos ha enseñado este OT es que los realities, por mucho que pretendan impactar con su vida en directo, también tienen una narrativa, dictada en ocasiones por la productora, en otra por los seguidores o, en última instancia, por los propios concursantes.
Y en Operación Triunfo suceden cosas. Han logrado algo, y es que no haya momentos vacíos, que no sea preciso un montaje frenético para que el 24 horas sea entretenido. Como si de un canal de televisión fuera, todos los días han publicado la "programación": Clase de canto, Ensayo con Bailarines, Clase de inglés, Merienda, Cena, Película, Visita de..., no hay tiempos muertos, y los tiempos muertos los han llenado los concursantes con su carisma, sus conciertos improvisados, sus juegos, bromas, momentos de intimidad... Gracias a la estupenda realización de un 24 horas que nos ha regalado momentos inenarrables en los cierres del directo, el progresivo enamoramiento de los pupilos y los pases de micros. Es increíble pensar que esto ocurra en directo y vaya tan bien engrasado sin necesidad de edición. Xavi, el realizador jefe, se ha ganado el cariño de los espectadores del directo gracias al nervio y la inteligencia para captar lo que ocurría entre los muros de la academia.



La narrativa
Como apunto arriba, la realización magistral del 24 horas y la intervención de los seguidores en redes sociales se ha creado una narrativa fascinante que ha durado 3 meses. Más allá de las historias de aprendizaje, de formación de alianzas entre concursantes, de chispas de romance, se han construido varias grandes historias como si hubieran estado diseñadas por un guionista. La más potente, sin duda, el romance Amaia-Alfred, desde los pequeños gestos que delataban el nacimiento de este amor (captados con maestría por Xavi y su equipo, que no dudaron en servirse de juegos de espejos, rodeados de cámaras cámaras robotizadas y audios entre la pareja) hasta el amor consumado, con varios giros de guión ("City of Stars", la separación y vuelta por Navidad, el objetivo eurovisivo) y la coronación de ella como ganadora. Pero también Aiteda, sea real o no, pues se ha alimentado tanto la relación imposible entre Cepeda y Aitana, separación y devastación emocional mediante, como las consecuencias que esto haya podido tener en sus vidas fuera del concurso. Eurovisión fue otro de los grandes temas que revolucionaron la dinámica del concurso, en vista del éxito del formato, y que la historia de Almaia se solape con el Festival de Eurovisión sólo puede tratarse, desde el punto de vista del relato, como hilar muy fino. La aparición de dos supuestos grupos enfrentados por afinidad, con buenos y malos que ellos mismos se han empeñado en derribar a fuerza de respeto y admiración, con una nueva heroína con todo en su contra, Míriam, ni más ni menos que tercera finalista. El elemento Cepeda, barriendo sistemáticamente a sus compañeros nominados, pero también los elementos de alivio cómico, principalmente Roi y Amaia, por su buen humor y desparpajo, nos han ofrecido una trama global que contaba con todos los elementos para triunfar.


La música
Se ha hablado mucho del concurso, de los triunfitos, de los Javis, del jurado... ¿pero y la música? Seamos claro, Operación Triunfo es un programa de televisión, un reality cuyo pretexto es la música. Pero seamos justos: OT 2017 es probablemente la edición en la que más música hemos tenido, no ya en las galas, donde se ha abierto tímidamente el espectro musical, sino en el día a día. La mayoría de concursantes son músicos que tocan instrumentos, componen e improvisan. Al regalo que han supuesto los recitales de Amaia o las canciones que componía poco a poco Alfred y compartía con su audiencia debemos sumarle las visitas de músicos de distinto pelaje (leyendas de nuestra música como Sole Giménez o Pastora Soler, cantantes más alternativos como Zahara o el Kanka, o antiguos triunfitos como Beth o Bisbal), los artistas invitados en las galas y un repertorio que ha abarcado clásicos imperecederos como Gardel o los últimos hits de Dua Lipa, del mainstream del reggaeton lento al bolero de Zenet... Ha sido este Operación Triunfo, a este respecto, una escuela de música. Música en directo, como Roi y Míriam a la guitarra, Amaia y Alfred al piano y trombón, incluso con las casi siempre lamentables intervenciones del chat. Voces prodigiosas como la de Agoney y Nerea, con una textura personalísima como las de Amaia y Aitana y una progresión vocal constante, con nuevos retos, canciones mejores y peores, pero siempre con la música por bandera.
También se ha dado visibilidad a los compositores, no sólo desde la introducción de la dinámica eurovisiva, sino desde la creación de los propios concursantes ("Camina" es el nuevo himno de OT) y las visitas de cantautores y compositores a la academia.



Hay vida fuera de la Academia
Pero lo que ha convertido a OT en un fenómeno, insisto, ha sido la retroalimentación constante en redes sociales, con el canal oficial del programa generando contenidos constantes que los fans han sabido desarrollar desde sus anhelos y frustraciones, así como los concursante expulsados transmitiendo sus encuentros y actividades al margen de la academia. Incluso el presentador, implicadísimo con el formato, ha generado conversación y contenidos.
Así, por primera vez en la historia del concurso, el día a día de los concursantes se podía seguir fuera de la Academia a través del hashtag diario. Uno podía seguir la evolución diaria de Míriam en sus clases o a Roi y Cepeda de fiesta en casa de los Javis. De este modo, los expulsados han podido explotar ese nicho de fans que les otorgó el programa e interactuar con ellos a medida que el formato avanzaba, al margen de su participación en galas, firmas de discos y demás actividades promovidas por la directora. Caso especial son Mimi, primera expulsada, que no ha dejado de hacer bolos durante este tiempo, o Ricky, a quien hemos visto retransmitiendo los Goyas Golfos en la misma web de RTVE. Esto es, para ellos el concurso seguía fuera del marco del programa, así como su carrera y evolución.

Fenómeno OT
Esta edición comenzó discreta, con una gala 0 que tiraba de nostalgia y técnica y musicalmente dejaba mucho que desear. El presentador estaba nervioso, los concursantes estaban nerviosos y hasta los profesores estaban nerviosos.
Con la llegada del 24 horas, la situación se invirtió. Tener la opción de seguir el día a día de los concursantes generaba un nuevo interés que se tradujo en la omnipresencia de OT en Twitter, toda la red y, paulatinamente, en la calle. Esta nueva ventana de consumo ha provocado que el público empatice más si cabe que en anteriores ediciones del programa, hasta el punto de que como espectadores tenemos la sensación de conocer a los concursantes en profundidad
Lunes a lunes se ha demostrado con la audiencia de las galas que Operación Triunfo había vuelto para reclamar su lugar en el Olimpo televisivo, hasta un sorprendente, admirable 30% en la final, algo impensable para cualquier otro reality o producto de ficción tal y como se reparte el pastel televisivo en la actualidad.
También da una idea del alcance del fenómeno la locura fan desatada en aeropuertos, centros comerciales y estaciones de tren con cada visita de los triunfitos, así como el interés suscitado por algunos de ellos en prensa rosa, tal vez el paralelismo más claro con aquella primera edición.
El sábado pasado, durante el reencuentro de los expulsados con los finalistas restantes en la Academia, 100.000 personas seguíamos el directo en Youtube. Otros picos de audiencia ya se dieron en el regreso por Navidad y en momentos clave del concurso.

Baby steps
Si por algo ha dado que hablar OT 2017 ha sido, además, por su contenido social, donde en efecto se ha hecho patente el salto generacional con respecto al OT de hace 16 años y al país que éramos entonces. Feminismo, nuevas masculinidades, visibilidad LGTB, derechos humanos... puede parecer la nueva agenda de corrección política que ha querido vender la Academia para subirse al carro del cambio (tampoco es de extrañar que distintos políticos de diverso pelaje se hayan querido anotar el tanto de dichos pequeños progresos). Por una parte, el programa ha llevado una labor encomiable de visibilidad de causas sociales como la donación de sangre, los trastornos mentales o el tratamiento del sida con las visitas de profesionales de distintos ámbitos.
Por su parte, los profesores y alumnos han demostrado que se puede actuar sin prejuicios, que ha llegado un verdadero cambio a nuestra sociedad. El tan cacareado beso entre Marina y Bast, o la homosexualidad sin tapujos de Ricky y Agoney, la presencia de los Javis, pareja real que ha luchado por hacer una lectura lejos de lo heteronormativo y han denunciado gestos y actitudes homófobas dentro y fuera de la academia. La sensibilidad de Alfred y  Roi (recordemos las risas con el llorón de Bustamante en su día), la amistad entre chicas que han hecho prevalecer la sororidad por encima de cualquier rivalidad, las opiniones feministas de Amaia y Aitana sobre sus cuerpos y la concepción de las relaciones. Esta generación viene fuerte, y viene firme.
Han sido conscientes de la plataforma que tenían, y Alfred no ha dudado en denunciar la situación de los refugiados o hablar sobre depresión y ansiedad demostrando valor, honestidad y sentido común.
Muchos recordarán la vergonzante situación que se vivió en la segunda edición del reality, cuando a Beth le prohibieron hablar en catalán con su familia al encontrarse en TVE, cuando debería favorecerse justo lo contrario. No han sido pocas veces las que hemos oído cantar y hablar en catalán (el programa, recordemos, se produce en Barcelona) a concursantes como Alfred y Nerea, profesores y equipo técnico con total naturalidad, o en gallego, dado el caso. OT 2017 ha servido también para evidenciar lo que es normal en un país con la riqueza lingüística de España, aunque sigue siendo la asignatura pendiente del programa: seleccionar canciones en gallego, catalán o euskera para una gala en prime time. En tiempos revueltos, sería toda una llamada conciliadora.
Con cada decisión, con su premisa de permanecer unidos como una piña han demostrado los 16 concursantes, más allá de las bases del concurso, que el factor humano está por encima de cualquier espectáculo. Todos ganan, y nosotros con ellos.

Amaia, esa bestia parda



Era de justicia divina que Amaia ganara la edición. No sé si, como anuncian los conspiranoicos, se trata de una estrategia de la productora o discográficas para convertirla en el producto perfecto, porque no podían contar con todo lo que nos ha dado. Un criterio musical formadísimo a pesar de su juventud y también una profunda formación que ha sacado a relucir en todo momento. Sus momentos en el piano se han convertido por méritos propios en algunos de los mejores de la edición. Las canciones que ha versionado y artistas a quienes ha interpretado se han rendido ante su talento y gusto artístico, y muchos de ellos se han visto de la noche a la mañana expuestos al mainstream de forma indirecta.
Tampoco podría haber previsto nadie que aquella aparente inocencia (una de las claves del casting de OT1) fuera real, y por ello ha dotado de frescura al concurso y a la interacción con sus compañeros prestándose a bromas y a hablar en plata. Su desparpajo, naturalidad y bonhomía la han convertido en la estrella de la edición, junto a su falta de filtro en muchas ocasiones y una constancia semana tras semana que ha llevado a los profesores a explorar sus límites con retos como "So what" o "Shake it out". Qué decir de esa materia de estrella que se crece en el escenario: la hemos visto inocente, pero también sexy, divertida y sufriendo la canción de esa semana, la hemos visto crecer como artista, y eso que ella venía de fábrica con muchas tablas.
Y el amor. Ay, el amor. Amaia nos ha regalado esta pequeña gran historia de película. Hemos visto nacer, gesto a gesto robado, este romance entre dos músicos que se admiran y se respetan como son, que han sido apoyo mutuo en todo momento y a quienes hemos alzado como representantes de España en Eurovisión. Cuántos momentos mágicos encima del escenario, junto a un piano, en el sofá, a la mesa... nos han regalado una y otra vez, siendo además ejemplo de una relación de igualdad, y reitero la clave de esto, ya que se han convertido en referentes de la juventud española y en reflejo del país.
Amaia de la Música, Amaia de España, Amaia Romero... Llamadla como queráis, ella bien lo merece. Cómo un alma tan pura, un talento tan precoz, una música de verdad no se iba a alzar como justa ganadora de un concurso que, esta vez sí, ha valido toda la carga nostálgica. Con creces.
No me preocupa su futuro. Tiene criterio y gente que sabrá aconsejarle bien, difícilmente la veo como un juguete roto. Tiene carrera por delante, y sólo nos queda esperar que esté a la altura de sus sueños.



Actualizo sobre el hermano de Amaia:

26 de abril de 2014

1 de noviembre de 2013

Dsong

Hoy vengo a hablaros de un proyecto que sigo desde el inicio de su andadura hace más de 4 años, que se dice pronto: Dsong.

El punto de partida, de simple, asusta: una web donde cada día se recomienda una canción, esto durante TODOS los días del año y, como digo, durante más de cuatro años seguidos. Cualquiera podría pensar que es fácil. Al menos, cualquier melómano. Ésa fue mi primera idea cuando supe del proyecto por su fundador, un amigo de Jaén, Jesús R, informático, melómano y escritor con alma emprendedora.
Lo que hace de este proyecto algo tan especial no es que la idea sea mejor o peor, ni su tenacidad -que también- o la variedad de criterios y estilos musicales que puede encontrar uno en la página, ya que la lista de redactores y colaboradores es de lo más variopinta. Sí, admiten la  participación de colaboradores; tan sencillo como crearse un perfil y redactar un artículo, subirlo a la web y dejarlo a la cola. Seguro que, como lector, a cualquiera se le puede ocurrir esa canción que le cambió la vida, ese descubrimiento extraño que a todo el mundo le gustaría compartir, etc.
Lo que hace especial a Dsong para mí, atentos, porque aquí viene lo bonito, son las personas que trabajan en el proyecto; en concreto, tres personas que entraron en mi vida por vías muy distintas y que acabaron convergiendo aquí, como si el universo dispusiera, como si, de un modo u otro, tuviéramos que terminar de coincidir. Por eso aprovecho este hueco para recordar cómo llegaron estas tres personas a mi vida, y para que sirva de autodeterminación hacia mi intención de colaborar a menudo con la web musical, sobre todo ahora que me voy a Lisboa y -espero- un nuevo universo musical se abre ante mí:
1. A Ascen la conocí porque compartíamos instituto, más tarde clase y, como comprobamos con el paso del tiempo, inquietudes y actitudes ante la vida. Además, ella hacía gala de una cultura musical cuando yo apenas había empezado a oír música. Lo importante, no obstante, es que son ya ¿más de? diez años desde que nos conocemos, este verano fue mi víctima y le hice presentar mi libro de relatos, ya sabéis, el de Diputación que tantos dolores de cabeza me ha provocado. A Ascen siempre, siempre siempre me recordará Coldplay.
2. A Jesús lo conocí a través de Internet, porque inicialmente ambos participábamos en El Cuentacuentos, aquel rincón de aficionados a la escritura que nos acabamos convirtiendo en familia, que fuimos una cantera y una escuela. Cómo conocí a Jesús tampoco lo recuerdo demasiado bien, porque tampoco es que él fuera un escritor constante o tuviera excesiva relevancia en dicho proyecto. Supongo que el hecho de que fuera jienense y le gustara música que a mí también me gustaba, sobre todo canción de autor andaluza. Sea como sea, hicimos que nuestros caminos se hicieran más estrechos, hemos hecho migas en diversos proyectos y, lo más importante, en la vida. A Jesús me recuerdan José Antonio Delgado y Alberto Alcalá.
3. Silvia. A Silvia me unieron las letras, y la magia. Coincidimos por primera vez en 2007, en un julio de libros y promesas y noches interminables. Silvia, como Jesús, como yo, también escribe. Pero no es lo que escribe o no escribe, o cómo lo escribe, porque es de esas personas que simplemente hacen las cosas distintas, con un tacto o una sensibilidad u otra ciencia. Silvia es, creo, en una palabra, mi pilar ahora mismo. Y espero que lo sea por mucho tiempo. A Silvia me recuerdan Ojalá de Silvio y Al alba, claro. Siempre Al alba...

Así, con personas tan importantes, comprenderéis por qué decido implicarme de forma seria en este proyecto. Por lo pronto llevo tres articulitos que escribí en su día, pero próximamente me veréis más por ahí, firmando, cómo no, Brian Edward Hyde. Mis artículos, ordenados con carácter cronológico, aquí.

23 de marzo de 2013

Soleá


A mí no me gustaba el flamenco, lo juro. Quien me conoce lo sabe.
La culpa de que me guste la tienen Lorca y Enrique Morente, o así, los dos juntos.
La cuestión es que yo, seguidor del granaíno desde que descubrí Omega, su disco revolucionario del flamenco junto a otros de Granada, los Lagartija Nick, empecé a devorar todo lo que tenía relación con esta familia. Así descubrí a Estrella, la hija mayor de Enrique, en especial su disco Mujeres, que establecía un homenaje a grandes damas de la canción, desde Rocío Jurado a Nina Simone. Cuando el cantaor murió hace un par de años y pico, recuerdo que me dio duro, que fue un día de altibajos, que me fui a la calle, a las calles de Granada, a escuchar ese Omega que se me antojaba doloroso y funesto. La aurora de Nueva York se estremecía, la Aurora de Granada temblaba. Creo que lloré por las calles del Realejo y por el centro.Y hace un año llegaron los mismos Lagartija, los mismos Planetas que habían transformado el flamenco en progressive rock, los mismos que habían acercado estos palos a los palacios de música, a los festivales, a homenajear al maestro con un disco imprescindible y bajo una nueva composición, Los Evangelistas: Homenaje a Enrique Morente.
La cuestión es Soleá Morente, ay Soleá. Una amiga de Granada decía haber jugado con ella de chicas en la calle. Nadie conocía a Soleá, y de repente ha eclosionado. Su padre le tenía un disco prometido cuando terminara la carrera, Filología Hispánica. Pero murió. Murió y nos dejó conmocionados, y en la BSO de uno de los documentales sobre el cantaor tuve la ocasión de descubrir a Soleá cantando una de las canciones más hermosas que se han escrito en español, Palabras para Julia. Quería más. Queríamos más. Empecé a buscar sobre ella, sobre sus proyectos, sobre sus posibilidades. Descubrí que es hermosa, con esa belleza racial y felina de las gitanas, con la misma elegancia de Estrella, con Granada en los dedos, con Morente en la sangre. Que su voz es la más dulce de la familia. Que, además, se atrevía con el teatro.
La vi en la última representación de Yerma en Madrid como la novia joven y enamorada que termina de abrir los ojos a Yerma. Otra vez, de nuevo, Morente y Lorca. Antes hacía coros para su padre, para su hermana, cantaba para los propios Evangelistas en algunas canciones del disco homenaje... Pero Soleá necesitaba su disco, está claro.
Ahora, un año más tarde, tras estar en Yerma con la música de su padre y permitirse saborear los escenarios, se anuncia nuevo disco de los Evangelistas, y si en el otro contaban con Soleá y Carmen Linares, en este nuevo trabajo se desviven por ella y se alejan del flamenco para regalarnos un trabajo más próximo al pop planetil, al pop de la Bien Querida, que a otro estilo. Sirva este botón de muestra, porque los veo reventando festivales. Tal y como fui a verla en teatro por saber cómo era en persona, hace unas semanas fui a ver a su hermana Estrella al Teatro Real de Madrid, y sucedió algo extraño y mágico. Llegué con poco tiempo, vale, y busqué la entrada para el público. Justo iba a entrar cuando me llamaron por teléfono. Mientras hablaba y daba vueltas en círculos vadeando preguntas e historias levanté la mirada y te vi. Soleá, estabas en la puerta con un hombre que te dejó un momento sola. Estábamos a poco más de un metro. Me pareciste insultantemente hermosa, mucho más que de lejos, mucho más alta, inaccesible. No te hablé, pero lo tuve claro. Cali, la protagonista de Queridos niños, de mayor será como tú. Cuando tenga veintitrés o veinticuatro años será como tú, con tus ojos, con tus pómulos.


24 de septiembre de 2012

Madrid: una guía de supervivencia 1/2




Soy de Jaén, en concreto de Bélmez de la Moraleda. Acabo de pasar mi primer año en Madrid, tras la catastrófica llegada a lo Paco Martínez Soria, y es que un pueblerino nunca está lo suficientemente preparado para la capital. Con lo que me gusta a mí hacer recuento y esas cosas, creo que, en vistas a un posible segundo año en Madrizzz, ha llegado el momento de hacer recuento de lo aprendido y escribir una pequeña guía para el Jose del año pasado, aquel muchacho comedido e idealista que desembarcó en la Residencia de Estudiante a golpe de corazón.
Jose, vas a pasarlo bien. Tenlo en cuenta desde este momento, amigo, y pasarlo bien en Madrid no es difícil. Sólo hay que tener ciertas nociones de:

TRANSPORTE
Hazte con una bici de segunda mano. Busca en Internet: hay gangas. Luego, para cuando tengas problemas (porque eres un inútil y un manazas y lo sabes), puedes visitar algún taller o sitios especializados. En Embajadores, por ejemplo, un poco más arriba de Tabacalera, en esa misma acera, hay un pequeño taller donde tiene pinta de hacer las cosas bien por un precio razonable. Si no, cuando pinches (que pincharás, y a  menudo), hay otro taller en Canal, en una de las placitas que hay justo debajo, entre el mismo Canal y la Castellana. El dueño es un viejo con malas pulgas, pero te venderán una cámara y una bomba.
De todos modos, si te vas a desplazar poco, anda, camina, pasea, que es bueno para la circulación. Dos paradas de metro son un paseo agradable. Tres, también; cuatro, ya va cambiando la cosa. Cuando tengas que desplazarte algo más o no sepas muy bien cómo llegar a alguna parte, pilla el metro. Es eficiente y rápido. Cuidado, cada semana sube el precio del billete sencillo. Si vives en Madrid durante un año, igual te conviene empadronarte para tener una de esas tarjetas de residentes con las que los viajes en transporte público son más económicos. Siempre que puedas, haz un simpa. Si te pillan por casualidad, pronuncia tu acento andalú y hazte el despistao, das una dirección falsa, a saber, Calle Pez 14, 3ºA derecha, y sigues como si nada.
El taxi resérvalo para altas horas de la madrugada y situaciones críticas. No es tan caro como, digamos, en Sevilla, pero tampoco es un regalo. Si puedes, comparte la carrera con alguien y partes gastos. Como ves, esto de desplazarse por los madriles es pan comido. ¿Para qué te quieres desplazar? Para tres tareas fundamentales.

COMER
Te gusta comer, pero eres pobre. Madrid está llena de posibilidades. Sin embargo, olvídate de las tapitas de Granada, eso de que te pongan un montadito con una caña. En Madrid, eso lo pagas. En Granada también, pero de forma encubierta. Las posibilidades de Madrid, a lo que íbamos.
Si te va lo castizo, barato y cutre tienes el Museo del Jamón, muy económico para ti, pobre pardillo sin nómina. Si aspiras a algo castizo y menos ideado para guiris, cualquier bar de la Latina o del centro te servirá para comer croquetas y calamares o montaditos deciliosos por un precio sensato. Pero para croquetas de quitar el sentío, vete a Casa Julio, por Malasaña, busca y encontrarás, y prueba todas las variedades y unas bravas, por dios. Y si algún día estás holgado de presupuesto, vete a Chueca al Mercado de San Antón, donde tienen unas tapas y montaditos cojonudos. Y croquetas, y comida de todas partes.
Porque para qué engañarnos, a ti lo que te gusta es la comida del mundo, y Madrid está llena. Por ejemplo, a ti la comida china nunca te volvió loco, pero los chinos verdaderos de Madrid son imposibles de rechazar, en concreto dos: el que hay en la calle Silva, por Gran Vía, Ni Hao. Chino, chino de verdad; el otro, el Rey de los Tallarines, donde tienes que probar la pasta que ellos mismos preparan y la ternera, con la mejor salsa del mundo entero.
Sí, el chino está cojonudo, pero la comida japonesa ya son palabras mayores. En el mismo mercado de San Antón hay un puestecito donde el sushi no sale muy caro, está riquísimo, el lugar estupendo y te molará. La otra opción es, en la placita malasañera de San Ildefonso, el japo que hay, con menuses por diez euros y comida muy rica y un lugar también muy molón. Además, las calles colindantes te gustan todas, de modo que pasarás ahí tiempo y tiempo y tiempo de tu vida.
Porque, por ejemplo, sin salir de este barrio, en la calle Espíritu Santo hay un italiano take away que está genial, hacen una pasta y una pizza espectaculares, aunque progresivamente irás olvidando la comida italiana en pos del resto de comidas internacionales.
Vete a Lavapiés. Cualquier indio vale la pena. Prueba en un africano, a ver qué te dice la comida típica. Prueba todo Lavapiés. Te harás un favor.

Salir, beber
Malasaña es tu templo.
Para ir de bares, es tu zona. Hay mucho y muy variado, desde garitos rockeros como El Rey Lagarto (para algo eres de Jaén), o tu preferido, el Nueva Visión, aunque todo el mundo lo conoce como el Club de Fans de Los Ramones. Prepárate: es tremendo. Y eso te encanta. Hay humedad, huele mal, no está precisamente limpio, sólo hay personajes, lo amas, lo amas, lo amas. Cerveza a dos euros entre semana. Y la mejor música, eso es indiscutible. Viejos rockeros que pinchan a Aretha Franklin. AMOR.
Pero empecemos la noche. Beber barato y mucho: el Palentino, también en Malasaña. Copas a 3 euros; será veneno, pero son 3 euros. Se llena mucho, ve temprano. Abre hasta las 2. En la calle del Teatro Alfil, justo frente a la tienda de cómics más friki del mundo (te encanta). Luego, entrada la noche, casi siempre te dividirás entre cualquier bareto que investigar (el Bukowski tiene recitales todos los miércoles) y el Vía Láctea, en la calle del de los Ramones. Te encanta. Muy mucho. Te recuerda a bares de Granada. Hay pegatinas de bares de Granada, el Patapalo y el Tornado. Cuando estés listo para una sesión de moderneo, vete al Tupperware, aunque petadísimo siempre, colas en la puerta.
Fuera de Malasaña también hay vida, joder. Fotomatón cerca de Plaza España, Contraclub por la Latina, Costello en Montera. Hay, Jose, hay. Muévete.
Acabar la noche. Si quieres pagar, opta por el Barco o la Nasti. Malasaña a tope. Aguanta como un campeón, la noche puede traer descubrimientos. Aguanta, va. No hace falta que gastes demasiado, siempre te quedará la opción de comprar una cerveza en los chinos de la calle. Si no quieres pagar, vete a la Burly, que está en una paralela a Montera, aunque muy temprano o muy lleno de paciencia. Mola, abren como hasta las seis y pico, y luego tienes la opción de unos churros con chocolate en San Ginés o Valor, ambas chocolaterías bien cerquita. La Burly: buena música, buen ambiente, bien de precio. Ideal para poner colofón a la noche madrileña... y lo más importante, IT'S FREE!
Pero no todo va a ser bares y moderneo de noche, ya que durante el día hay mucho que hacer. De nuevo te mando a la Latina o a Malasaña a descubrir cafés y bares más relajados, irlandeses y cosas así... no sé, sitios como Tipos Infames o el Freeway.

30 de agosto de 2012

Chavela: el último trago

Cuando se fue, yo estaba en Lisboa. Escribí en mi cuaderno: Chavela, te vas con el último trago.



Afortunadamente, unos días antes ella había estado en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde era habitual verla tomando el fresco en el jardín o recibir a medios y amigos. Después de su último concierto, también en la Residencia, se puso mal, se agotó. La ingresaron. Tuve la oportunidad de dedicarle unas palabras con la esperanza de que fuera a mejor. Al poco de llegar a México, no pudo más. Falleció un 5 de agosto. Tengo en un cuaderno las palabras que le dediqué unas semanas antes.

GRACIAS... por la música

           por los versos
           por las noches            

           por Federico            

          por Frida
Gracias, Chavela, por la vida que nos diste cualquier día, cualquier noche, porque nos haces saber cuáles son las prioridades, a saber, el amor más hiriente, las horas más largas. Gracias por estos días y por la esperanza que devuelves al mundo con cada palabra. Mejórate pronto.


Recordar a Chavela Vargas es algo que deberíamos hacer de vez en cuando, sobre todo tener en cuenta que esta mujer fue una vez joven y nunca dejó de ser lúcida y valiente. Que cantaba cosas como ésta.

30 de junio de 2012

Y volver, volver, volver...

Elena Bugedo en su noche vintage
Jesús: poeta e informático y amigo


Hace unos meses volví a Granada de excursión, de visita fugaz con los amigos de la Resi. Ayer, aprovechando que andaba por casa, me  dejé caer de nuevo por la ciudad nazarí. El plan era perfecto: tapas, concierto, cervezas y reencuentros.
     De entrada, nada más llegar al edificio de mis hermanos me topé con un chaval que se me queda mirando y dice: ¿Tú me has dado clase? Mi experiencia como profesor se limita, más allá de las horas de clases particulares, a las prácticas que llevé a cabo hace un año en el IES Generalife de Granada para el Máster de Profesorado. Sí, me reconoció. Sí, parece que cada vez que vuelvo a Granada encuentro a algunos ex alumnos, y supongo que ésa es la sensación que algunos llaman vocación, saber que alguien en una edad tan jodida como la adolescencia se acuerda de ti, aunque fueras su puto profesor de inglés, aunque no fuera tu intención dejar poso en ellos, sino que aprendieran la diferencia entre reported y direct speech.
     Es que es matemático. De las cuatro veces que he vuelto a Granada desde que la dejé tras seis años de adopción, las cuatro me he encontrado con algún alumno o alumna con el que he tenido a bien hablar de cuatro trivialidades, profesores, notas, perspectivas de futuro. Me encanta.
     Luego quedé con Jesús, con quien ya había quedado la última vez que bajé, y esta vez sí pude enseñarle "Sostiene Pereira...", una pequeña librería de segunda mano en un extremo de calle Elvira, nada del otro mundo, aunque fue ahí donde compré por primera vez un libro de Javier Egea. Además, como pequeño homenaje aparece maqueada en El Desencantador.
Marga, que canta y me encanta
     Después fuimos de tapas antes del concierto a otro enclave mítico, las Escuelas (junto al Botánico), cerquita del lugar del concierto que nos tenía preparado Elena. Digo concierto y debería decir velada vintage, porque hubo de todo: photocall, danza del vientre, canapés, piano en directísimo y Elena Bugedo paseando entre las mesas para hablar con todo el mundo. Si algo bueno tiene esta cantante es que, más allá de que te guste mucho o poco, sus conciertos siempre suponen una experiencia extramusical. Te hace sentir especial aunque sea un ratito, te trata de tú a tú, coquetea, juega con el público, interactúa... le da un rollo que sólo confieren los años de tablas. Tras el cóctel, tocaba perderse en la noche granaína aunque fuera por un rato.
     Van Gogh. Sí, acabamos ahí de cervezas. Cuando sales por Granada, puedes arriesgarte a meterte en uno de los mil garitos o apostar sobre seguro: Van Gogh, Ruido Rosa, Tornado... ahora han abierto el Hendrix donde el difunto y recordadísimo Lobos. En cualquier caso, le debo a Granada una noche en vela, de esas de salir de la Vogue o la Booga a las cinco o seis, comer algo y subir a San Nicolás a ver amanecer, comer churros con chocolate en Bib-Rambla o el Café Fútbol y caer muerto en la cama. Más tarde que temprano tendré que hacerlo ya que no cumplo mi propósito de subir al mirador cada vez que voy a Granada.
Un portal a la derecha me proveyó de internet el año pasado

El mejor Kebab de Granada está en Alhamar

     Pero es lo que le decía a Jesús. La sensación de extrañeza al volver a una ciudad donde has vivido (en mi caso, hace un año) y que cambia sin que tú puedas hacer nada por retener ese cambio. Tal vez recordar lugares y momentos que cambiaron tu vida, porque Granada cambió tu vida como Madrid no lo ha hecho. Aún.


6 de abril de 2012

6 de marzo de 2012

24 de febrero de 2012

Habemus novela: El Desencantador

Cinco años.
Comencé El Desencantador en 2007, mientras estaba de Erasmus, sin saber que ese invento sería una novela. Bueno, de hecho comencé a escribir con una novela en mente, pero sin nada más. Sólo un punto de partida: un mundo donde han desaparecido los sueños y un chaval que sueña con el cine. La novela, cuando no se podía llamar aún así, fue dando bandazos de un lado a otro con pequeños pasos de hormiga entre ese noviembre galés y un noviembre mucho más oscuro, el de 2009, cuando llegué a un punto de no retorno, un punto en el que habían cambiado tanto las reglas que tenía miedo de seguir escribiendo. No se trataba de la misma novela...
El pasado diciembre, decidí resucitar la historia de Damián y compañía. Asumí las reglas del género en que me encontraba metido y di un giro de tuerca al tercer acto del libro (son, en total, tres partes muy distintas entre sí). Comencé a hacer esquemas y a dotar de una estructura lógica al relato, esto es, sumando los pros y los contras, los conflictos principales y secundarios, repercusiones... traté de hacer que la pequeña relojería funcionara. Encontré en el camino imágenes y personajes maravillosos, pienso en Norma, David o Ruth, cómo no. Pude hacer colisionar dos mundos aparentemente inmiscibles, y aunque el resultado no es armonioso, creo que vale la pena aventurarse en él.
Di rienda suelta a mi amor por el cine, cómo no. Esta novela le debe tanto o más al cine que a la literatura, y esto es decir mucho. A algunos les agobiará, a otros les fascinará, habrá a quien le abra nuevas puertas y ventanas a mundos imposibles. Aquí están de Murnau a Almodóvar, de Radiohead a Pereza, de Anna Frank a Stieg Larsson... los referentes son numerosos y eclécticos. El tono, del tono podría decir que hay tres. En algunas partes, hay incluso sentido del humor, sentido del amor, aunque las más el drama gana la partida. Son en total 231 páginas de extrañeza y de contragénero. Igual he puesto las miras muy altas y no es para tanto. Igual es para más y me quedo corto. En definitiva, El Desencantador comenzó como un cuento de fantasía, pero se transformó en una novela creacional de tintes épicos. Una novela donde está el principio del mundo, quién sabe si el final, donde el cine y el amor son los dos grandes ejes que hacen que la sangre fluya por las venas de Damián, una novela de apariencia sencilla y forma meditada, bastante experimental: caben todos los tiempos verbales y personas narrativas, la lógica alemana y el surrealismo, la narración fluida y la atropellada, los personajes amados y odiados, todos en cierto modo incomprendidos. Pero que no os engañen: El Desencantador es, por encima de todo, una novela mágica.
Me guardé el último capítulo para narrarlo del tirón en un mismo día, cuando ya tenía pensado qué sucedería a continuación y cómo sería. Tenía un esquema con los tres actos, tenía pensada la coda final. Luego, ese falso epílogo. Me puse a ello: Val del Omar de Lagartija Nick, Homenaje a Enrique Morente de Los Evangelistas y Omega de Enrique Morente como banda sonora a todo trapo. Un peta para calentar, tres latas de Cocacola, tres velas a punto de morir. Las horas que se derraman como lluvia. Las cuatro, las cinco, las seis, siete, ocho, nueve, todo ese tiempo para decir lo hemos hecho. Ha nacido una novela, joder.

16 de febrero de 2012

Video: Frente a frente -Bunbury


El que otrora fuera voz de Héroes del Silencio comenzó hace unos años una fructífera carrera en solitario en la cual ha contado con el apoyo del público, del mundo de la música y de la crítica especializada gracias a una cuidada selección de los temas, a una música que, sin dejar de ser épica, se traslada a la intimidad del oyente, y a una voz personal y versátil como es la de Enrique. Acaba de entregarnos su homenaje a Méjico con su Licenciado Cantinas, aunque con toda probabilidad uno de sus mejores discos sea el que publicó en 2010, Las consecuencias, el sexto en solitario y uno de los más oscuros. Para dar a conocer este trabajo, escogió una versión de un olvidado tema de la cantante Jeanette, compuesto y publicado en 1981 en su disco Corazón de poeta, "Frente a frente". De hecho, y a modo de homenaje, al final de este vídeo podemos ver a la cantante, ya mayor (cerca de 60 años) con sus particulares ojos claros. Bunbury, conocido por dar a conocer talentos de su tierra (ahí tenemos el ejemplo de Amaral), apuesta en este caso por la cantante Miren Iza, compositora y voz de Tulsa. Le hace los coros en varios temas del disco, entre otros el que nos ocupa. Que no se me olvide, el vídeo está dirigido por Juan Antonio Bayona, responsable de El orfanato. Disfrutad. Feliz viernes.

14 de febrero de 2012

¿Y tú qué dices, corazón?


Hasta los diecidéis, diecisiete insistía en que tenía un corazón de piedra. Es verdad, no sabía, no supe enamorarme, creo que ni siquiera me encapriché por nadie. Luego vino el amor y lo jodió todo. El amor, ese puto concepto, ¿no? Y de repente entender películas y canciones y libros, y volverse loco y pensar que es verdad, que tal vez sea el amor la única fuerza que mueve el mundo. Sería bonito de ser cierto, pero después, ¿qué pasa después del humo negro? Después del mal trago sólo queda beber más para ocultar el mal sabor, para que la bilis no suba. Acabar con el alcoholismo a base de vodka, por contraproducente que pueda parecer. Quiero enamorarme, juro que lo deseo, pero no quiero hacer a nadie desgraciado, porque veo a la gente en pareja y no se aguantan y no se quieren y se les acaba la química y el amor se acaba y sólo queda la costumbre y luego los reproches, las batallas, el llanto, el odio el adiós. Y eso no nos lo habían dicho. Por eso, cada cierto me obligo a escribir una historia de amor, por eso de lograr que la piedra se cubra de sangre y lata como un tambor o una bomba. Quién sabe, puede que un día estalle.