30 de junio de 2012

Y volver, volver, volver...

Elena Bugedo en su noche vintage
Jesús: poeta e informático y amigo


Hace unos meses volví a Granada de excursión, de visita fugaz con los amigos de la Resi. Ayer, aprovechando que andaba por casa, me  dejé caer de nuevo por la ciudad nazarí. El plan era perfecto: tapas, concierto, cervezas y reencuentros.
     De entrada, nada más llegar al edificio de mis hermanos me topé con un chaval que se me queda mirando y dice: ¿Tú me has dado clase? Mi experiencia como profesor se limita, más allá de las horas de clases particulares, a las prácticas que llevé a cabo hace un año en el IES Generalife de Granada para el Máster de Profesorado. Sí, me reconoció. Sí, parece que cada vez que vuelvo a Granada encuentro a algunos ex alumnos, y supongo que ésa es la sensación que algunos llaman vocación, saber que alguien en una edad tan jodida como la adolescencia se acuerda de ti, aunque fueras su puto profesor de inglés, aunque no fuera tu intención dejar poso en ellos, sino que aprendieran la diferencia entre reported y direct speech.
     Es que es matemático. De las cuatro veces que he vuelto a Granada desde que la dejé tras seis años de adopción, las cuatro me he encontrado con algún alumno o alumna con el que he tenido a bien hablar de cuatro trivialidades, profesores, notas, perspectivas de futuro. Me encanta.
     Luego quedé con Jesús, con quien ya había quedado la última vez que bajé, y esta vez sí pude enseñarle "Sostiene Pereira...", una pequeña librería de segunda mano en un extremo de calle Elvira, nada del otro mundo, aunque fue ahí donde compré por primera vez un libro de Javier Egea. Además, como pequeño homenaje aparece maqueada en El Desencantador.
Marga, que canta y me encanta
     Después fuimos de tapas antes del concierto a otro enclave mítico, las Escuelas (junto al Botánico), cerquita del lugar del concierto que nos tenía preparado Elena. Digo concierto y debería decir velada vintage, porque hubo de todo: photocall, danza del vientre, canapés, piano en directísimo y Elena Bugedo paseando entre las mesas para hablar con todo el mundo. Si algo bueno tiene esta cantante es que, más allá de que te guste mucho o poco, sus conciertos siempre suponen una experiencia extramusical. Te hace sentir especial aunque sea un ratito, te trata de tú a tú, coquetea, juega con el público, interactúa... le da un rollo que sólo confieren los años de tablas. Tras el cóctel, tocaba perderse en la noche granaína aunque fuera por un rato.
     Van Gogh. Sí, acabamos ahí de cervezas. Cuando sales por Granada, puedes arriesgarte a meterte en uno de los mil garitos o apostar sobre seguro: Van Gogh, Ruido Rosa, Tornado... ahora han abierto el Hendrix donde el difunto y recordadísimo Lobos. En cualquier caso, le debo a Granada una noche en vela, de esas de salir de la Vogue o la Booga a las cinco o seis, comer algo y subir a San Nicolás a ver amanecer, comer churros con chocolate en Bib-Rambla o el Café Fútbol y caer muerto en la cama. Más tarde que temprano tendré que hacerlo ya que no cumplo mi propósito de subir al mirador cada vez que voy a Granada.
Un portal a la derecha me proveyó de internet el año pasado

El mejor Kebab de Granada está en Alhamar

     Pero es lo que le decía a Jesús. La sensación de extrañeza al volver a una ciudad donde has vivido (en mi caso, hace un año) y que cambia sin que tú puedas hacer nada por retener ese cambio. Tal vez recordar lugares y momentos que cambiaron tu vida, porque Granada cambió tu vida como Madrid no lo ha hecho. Aún.


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