14 de noviembre de 2013

Lisboa: semana 1

Vivo en un palacio.
No, en serio. Puede que ésta sea la habitación más grande que he tenido nunca. Mola porque es una semibuhardilla, techo bajo y suelo de madera, porque esta casa es un caos maravilloso de trastos viejos y de libros y películas, porque tenemos un patio trasero donde desayunar o comer, porque sí, tengo ventana xD
Desde que he llegado he empezado a conocer gente a lo tonto: a Konstantinos, un chico griego que hace un máster aquí este año; a Francisco, un chaval portugués que habla español mejor que la mitad de los españoles que conozco, mis compis de piso, una extraña pareja que me tiene fascinado, uno director/escritor/actor, el otro antiguo policía militar, uno angoleño y el otro taiwanés. Fascinante, desde luego.
De ánimos me encuentro muy bien, diría que prácticamente recuperado. Ya he estado en el Mirador de Graça, de fiesta en el Bairro Alto, he tomado café y cualquier día deberían caer unos pasteis de nata. Aún no me manejo con el transporte público porque no tengo pasta, de modo que voy a todas partes andando. En sólo tres, cuatro días ya he conocido varios locales muy chulos de la ciudad, de esos para impresionar a las visitas. Trabajo bien en mi cuarto, estoy empezando a decorarlo y hacerlo un poco mío. Supongo que lo llenaré de velas e inciensos y mierda en las paredes.
Junto a la cama tengo las notas que me escribieron mis amigos en la fiesta de despedida que hice en Madrid. Tengo ganas de hacer cosas, se supone que aquí he venido a trabajar, ¿no? Lo cierto es que respeto mucho más los horarios que en Madrid, parece que me vuelvo responsable y todo.
A todo esto, vivo en un barrio encantador con el Parlamento LITERALMENTE a la vuelta de la esquina, el Bairro Alto a cinco-diez minutos y Cais do Sodré a un paseo. Como digo, muy bien situado, que es justo lo que quería. Con gente, que es justo lo que quería. Y con tiempo para mis cosas y para mí, que es justo lo que quería. Estos meses me dan la vida y el tiempo que he perdido en proyectos que ni me iban ni me venían, y también me reconcilian con el mundo.
Espero y deseo y ansío cartas y postales a mano. Mi dirección es:


Rua Paz, 67 Rc Esq
1200-323 Lisboa
PORTUGAL

A todo esto, que justo la tarde antes de venir a Lisboa, mientras tomaba algo por ahí com M, Blanquita se puso de parto. Ya creíamos que nos había vuelto a engañar con uno de sus embarazos psicológicos cuando parió cuatro perrillos, uno de ellos muerto. Lo bueno es que los otros tres son oscurísimos (sin ser ella nada de eso) y está hecha una madraza. Mi madre se maneja fenomenalmente con el Skype. Me enseña a los perros y me tiene a mano para no desesperar, que era parte del trato.
Mi vida afectivo-sentimental, pues bien: empiezo a tenerla. Lisboa está llena de oportunidades, no diré más.

Ya tengo teléfono portugués, el más básico, y el otro está desconectado. Es parte de la libertad: no estar en Facebook, no tener teléfono, no estar las 24 horas del día disponible o al alcance de todo el mundo. La felicidad tenía forma de esto, de ciudades que nos reciben con la certeza de una vida cuyas riendas ya no pesan. Me esperan, me digo, los días más felices de mi vida. Ah, también escribo. Poco, pero escribo. 

¿El portugués? Sozinho, eu adoro, tudo bem, fixe, eu sou espanhol, etc etc. 
Traje pocos, poquitos libros, todo poesia y una novela que son deberes. Ya me he comprado un libro, el primero en Lisboa, en una librería preciosa de librero de toda la vida que recomienda y ayuda, y me compré un libro ya leído, pero que merecía volver a deglutir en esta ciudad, El libro del desasosiego

Leer a Pessoa en Lisboa. Comer sardinas en la Alfama. Besar en miradouros. Creer en los días. Lo estás haciendo bien, Jose.

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