13 de diciembre de 2013

Lisboa: semana 5

Uno de mis rincones preferidos de Lisboa, emblema de una cultura y un país
Eleanor y yo na Praça de Martim Moniz

Esta semana ha sido algo distinta. Para empezar, ayer llegó Eleanor, mi primera visita oficial en casa, aunque ambos estábamos hechos barro y decidimos estar de tranquileo poniéndonos al día con nuestras vidas. 
Además, en esta semana he traducido mucho, ya que hoy tenía entrega y quería estar libre durante la visita de Eleanor, así que me he pegado auténticas maratones de traducir hoteles. Esta semana, además, he cobrado, aunque ya estoy arruinado porque me he tenido que poner al día con mis deudas... Menos mal que la semana que viene me voy ya a España, donde pretendo no gastar nada. 
De hecho, voy tan mal de pasta y tengo tantas deudas que me estoy replanteando lo de traer a Truman a Lisboa, ya que, si no voy a poder cuidarlo como se merece, mejor que siga con su familia :(
Estuve tres días en casa de G., un amigo que está enfermo, haciéndole compañía y pasando el rato con él y con su gata Pepa. En realidad pasé la mayoría del tiempo traduciendo, así que de poco le pude servir, aunque salir de una dinámica ya marcada que voy cogiendo siempre está bien.
He cocinado cosas ricas, comida mejicana y curry (al parecer, son de mis pocas especialidades), casi no he escrito por tanta traducción, aunque no dejo de pensar, y el otro día se me ocurrió una idea nueva para un relato. He releído lo que llevo escrito de Queridos niños y me da lástima ver el proyecto tan parado, pues sinceramente creo que vale la pena. Creo que es bueno, muy bueno.
Hoy, por cierto, he entrado en una iglesia por iniciativa propia. Una vez dentro, nos hemos acercado al belén, un belén horrible donde todas las figuras eran distintas y los tamaños, imposibles. Pero había unas ovejitas pequeñas, tamaño prácticamente huevo Kinder, cuquísimas, de modo que yo, ni corto ni perezoso, he cogido una y me la he metido en el bolsillo y aquí la tengo debajo de la cama. Y aún no he muerto ni me ha caído un rayo, ni nada. Si es que estoy muy loco.
Sigo conociendo portugueses, lo típico, amigos de amigos, y cada vez me gustan más. El temperamento portugués y el español, la forma de plantearse la vida, son muy parecidos. Me queda aquí una semana antes de viajar en tren a Madrid por vacaciones. Empiezan a llegar las postales que envié hace dos semanas, y planeo las visitas y reencuentros en España. Y mido las despedidas hasta que vuelva en enero...
A su manera, a Lisboa también llegó Natal
La luz  de Lisboa

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