6 de enero de 2014

Mis películas preferidas I

He decidido instaurar una sección en mi blog donde hablaré cada día de 5 de mis películas preferidas, explicando por qué lo son y tratando de convencer a los lectores. La idea de la sección surge de un empeño imposible por crear una lista con un Top 10 o Top 20 o Top 100. Amo tanto el cine que me resultaría imposible reducir esta relación a un esquema preestablecido. Además, prima la intención de lograr maridajes imposibles, una orquestación afónica entre películas que no tienen nada que ver entre sí salvo que me han tocado ahí, entre las tripas. Además, no encuentro mejor modo de estrenar el año. Comencemos, y el orden es tan caprichoso como yo, como mi blog, como el Universo:

1. La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta, 2006)
La leyenda del tiempo fue aquel disco de Camarón que cambió la Historia del flamenco. Quien me conoce sabe que, para mí, ese lugar le corresponde al Omega de Morente, aunque por motivos más sentimentales que otra cosa. No obstante, y aunque las dos historias de este documental giran en torno a la figura de Camarón de la Isla, no se trata de una película sobre el flamenco. Se trata de una historia de amor, una historia de pasión, una historia de comunicación. Tenemos, por un lado, a un chaval cantaor de la propia Isla que, desde la muerte de su padre, ha dejado de cantar. El adolescente protagonista de la historia, Israel, y su entorno son la gran baza de la película, esa edad de decidir qué se es, de elegir un lugar en la vida, del primer amor, del duelo y el aprendizaje; ésta es la gran revelación de la película... aunque el otro gran momento de sensibilidad, y la única parte de la cinta donde llegamos a escuchar flamenco es cuando Makiko, una japonesa que ha venido a la Isla a aprender cante jondo, tararea "La leyenda del tiempo". Es un momento poderoso, bello, puro cine. Lo que más curioso me resulta es que la película no es demasiado conocida, y es una lástima. Fue un flechazo: en cuanto conocí a Israel, me enamoré de su historia.

2. Wall·E. (Andrew Stanton, 2008) Podrá resultar evidente, pero es mi preferida de toda la colección que ha creado el estudio Pixar. La historia del último robot de la Tierra, de sus pequeños ritos cotidianos y cómo estos lo humanizan. Toda la presentación de Wall·E es sencillamente genial, un gran homenaje al cine mudo con música maravillosa y un nivel de producción sin duda perfecto. La inclusión de Hello Dolly como parte esencial de la narración, la historia de amor entre Wall·E y Eva... ese "La vie en rose" de Amstrong. Aunque la historia flaquee un poco en cuanto irrumpen los humanos, la resolución de la historia de los robots es tan romántica y bien hilada que es imposible no rendirse ante ella. Además, el estudio realizó un cortometraje paralelo, también mudo, tierno y divertido, "Burn·E".

3. Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003-2004). Tarantino sabe mucho de cine, y eso es algo que sabemos de lejos. No hace falta hacer hincapié en eso. Ya había revolucionado el cine con Pulp Fiction, película que ya aportó un sinfín de secuencias y personajes paradigmáticos para entender la cultura popular del siglo. No obstante, a mí su película más completa y compleja me sigue pareciendo la de la novia vengativa. Una boda irrumpida por un escuadrón asesino, una novia embarazada en coma, una venganza medida paso por paso. Kill Bill es con toda probabilidad la cinta más ecléctica del director, y su último gran destello de genio. Desde entonces, nada ha estadoa la altura de lo que esperábamos de él. Aún recuerdo la sensación que transmite en pantalla grande ese enterramiento en vida de la Novia, o el fragmento de anime, la galería de asesinos y la poesía de Japón y su incontable número de muertos y litros de sangre. Además, Uma Thurman da vida a un personaje tan icónico como el que interpretaba en la ya citada Pulp Fiction, si no más. Ah, y la selección musical de Tarantino, y que sean dos películas al precio de una, y que siga siendo tan entretenida y bien rodada como el primer día.

4. Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007). Supongo que siempre he deseado tomar la estúpida decisión del protagonista de esta película. Romper con todo lo que tengo en mi vida de raíz y comenzar de cero con lo justo. No sé qué me enamora más, si el espíritu liberador de la idea, si la música de Eddie Vedder o la salvaje presencia de la naturaleza. Sea como sea, conecté con la película a un nivel muy profundo, y en cierto modo envidié el destino del protagonista. Nunca una película basada en hechos reales ha brillado con tanto brío. La melancolía que lo envuelve todo, supongo.

5. American beauty (Sam Mendes, 1999). Supongo que esta conjunción de talento me hizo enamorarme a primera vista de la película. De hecho, durante años se trató de mi película preferida, si es que existen esos títulos. Sam Mendes venía de dirigir el Teatro Nacional Británico, ni más ni menos, cuando se enfrentó a su primera película: para ello contó con el guión de Alan Ball, un guionista curtido en televisión que deslumbró a todo el mundo con este amargo cuento de desencanto sobre el Sueño Americano. A esto hay que sumar un trabajo musical delicado y onírico del enorme Thomas Newman, la fotografía preciosa de Conrad L. Hall. Tema aparte es el reparto, desde leyendas (Kevin Spacey, Allison Janney, Chris Cooper, Annette Bening) a jóvenes promesas (Mena Suvari, Wes Bentley, Thora Birch), todos en estado de gracia. Tal vez la película apele a emociones muy básicas, pero se trata de una oda preciosa a la apariencia, a los outsiders y a un modo de vida que nos seduce y aterra por igual. Además, Benning me sigue tocando la fibra cada vez que se derrumba ante el armario al final.

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