23 de junio de 2012

La cara del monstruo

Todas las personas tienen múltiples facetas, pero en algunos casos, esta distinción es más acusada. Esto, lo digo ya, viene de una conversación que mantuve hace poco con una amiga en la que me decía lo sorprendida que estaba (no sé si para bien o para mal) con mi forma de ser, ya que ella me conocía principalmente a través de mis escritos o mi vida 2.0. Es uno de los problemas que vivimos ahora, mucho más expuesto al menos que antes. Las facetas de un creador establecen un diálogo con la obra y, por tanto, los consumidores de dicha obra que, sin embargo, no existe entre el creador y su público.
     Digamos, pues, que un escritor imposta un personaje a través de su obra, y este personaje, sobre todo la percepción que de él tengan los lectores, difiere en demasía con el propio hombre más allá del escritor.
     En mi caso, para que quede prístino, hay una distinción enorme entre el Jose que se intuye a través de mis escritos y el Jose que soy como persona. Sólo mis amigos pueden comprender cómo es la persona (afable, divertido, payaso) frente al creador (severo, dramático, trascendental). Diría incluso que hay varios Joses escritores, el de la obra ficticia y el del blog personal.
     Tengo bastantes, tal vez demasiados amigos conocidos a través de Internet que evidentemente han generado una expectativa o imagen de mi que luego puede cumplirse o no estar a la altura, porque no es lo mismo lo que proyectamos, lo que somos ni lo que perciben de nosotros. Luego, cuando nos ponemos a pensar sobre quiénes somos en realidad, cuál de esas facetas es la más real, la más representativa, con la que nos identificamos más y mejor, descubrimos que no hay una respuesta clara. Yo, como escritor, quiero ser grandilocuente, muy grave, muy bigger than life, y también exijo eso al leer, de modo que mi yo escritor y lector se corresponden. No consumen cosas ligeras, se recrean en el dolor, escuchan a Damien Rice durante el proceso. Luego, como ser de carne y hueso, como amigo soy bien distinto: demasiado poco serio, probablemente más inocente, más bromista de lo asumible, en apariencia enamorao de la vida aunque a veces duela, porque si es verdad lo del karma y lo de la justicia poética, lo del feedback con el mundo, más vale exudar alegría para rodearse de ella. Y un apunte: no soporto en el día a día a la gente negativa, que se toma las cosas demasiado en serio, gente que las lleva todas para aparecer en mis escritos.
     En definitiva, una de tantas incoherencias.

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