18 de agosto de 2013

Mis lecturas de adolescencia

Fue sin lugar a duda la adolescencia la etapa de mi vida en que más leí, probablemente también sin criterio alguno. Cuando debería haber estado leyendo a Salinger, a Bukowski o Ventajas de ser un marginado, yo devoraba best sellers de todo tipo que, eso sí, fueron redirigiéndome de forma tímida a un universo literario más rico y (siempre) ecléctico. Veamos: lecturas que definieron mi personalidad y maduración literaria:


1. Stephen King: dicen que todas las personas tienen un escritor de adolescencia, uno que devoran de manera entusiasta y desprejuiciada. En mi caso, se trata de Stephen King, antes de que molara y fuera cool decir que lo leías y antes de que le dieran premios literarios y la crítica encumbrara sus novelas (como sucede de un tiempo a esta parte). Supongo que de la ingente cantidad de libros de Steohen King tendría que seleccionar los que más me marcaron/impactaron, y curiosamente en la mayoría el terror es lo de menos. Por un lado, la vena romántica de Corazones en la Atlántida y Un saco de huesos; por otro, lado, la creación más desmedida de su primera obra y todos sus relatos, desde Carrie o El umbral de la noche a auténticas rarezas perdidas en Internet. Muy rico todo, desde luego demuestra que como autor Stephen King conoce los mecanismos, la literatura y es tan versátil como cualquier autor respetable.

2. El señor de las moscas: en el instituto, una profesora de Filosofía nos dio una lista de posibles lecturas. Antes del auge de Lost, eso de los naufragios a una isla en medio del océano, lejos de la civilización, ya era de sobra conocida gracias a la obra de Golding. Para más señas, ahí estaba el capítulo de los Simspon que parodiaba la aventura de los niños abandonados. La elegí, pues, sin demasiada convicción, sin demasiada idea de que me enfrentaba a uno de los libros más maravillosos que he leído. Además, el hecho de que mi primera lectura se tratara de una lectura analítica provocó una impresión más honda, un conocimiento más exacto de los personajes. Acusé la falta de personajes femeninos, que en las citadas circunstancias podrían haber dado lugar a nuevos conflictos de matices mucho más ricos que el microverso, la distopía masculina. Que todo transcurriera en una isla no dejaba de ser un hecho anecdótico; lo importante es que eran niños, que estaban solos, que lloraban, peleaban y creaban monstruos. Lo importante es que la semilla de Queridos niños estaba ahí. Ahí, y en El resplandor, obra magna del ya citado King.

3. Harry Potter: leí por primera vez a Harry Potter con 13 o 14 años, si mal no recuerdo. Fue el cuarto tomo, un prodigio de arquitectura narrativa y una historia macabra con un elegido, alegorías sobre el terrorismo y la discriminación, un universo en expansión y la promesa de tres o cuatro libros más. Entonces leí los tres primeros, el cuarto de nuevo, el primero, el segundo, el tercero, el cuarto, y así cuatro o cinco veces. Llegó a obsesionarme. Harry Potter fue mi primer fandom (con permiso de Buffy, que llegó por aquel entonces), y sin lugar a dudas la saga literaria que más me ha fascinado, analizado y releído. Tantas veces la he leído, tanto conozco a sus personajes, que mis primeras lecturas voluntarias en inglés fueron los últimos números de la saga, y que desarrollé dos teorías por las cuales Harry Potter no es sólo grandiosa, sino GENIAL. A continuación las comparto con vosotros: a) Harry Potter no es el personaje a quien deber la historia que nos contó Rowling; muy al contrario, la saga nos narra la historia de Severus Snape, el mejor personaje de todo su universo con creces, ya que es su amor por Lily Potter el desencadenante de TODO, y esta fina pieza de relojería que la autora inglesa se guarda hasta prácticamente el final de la saga lo convierte todo en sobresaliente. b) La profecía, ¿recordáis?, hablaba de un niño que nacería aquella noche, y esa noche nacieron dos niños magos, Harry Potter y Neville Longbottom. ¿Y si el elegido hubiera sido Neville? ¿Estaba todo escrito de antemano? ¿Fue el propio Voldemort quien firmó su sentencia de muerte al elegir a Harry por delante de Neville? ¿Estaríamos entonces lleyendo un Neville Longbottom y la Cámara de los Secretos? ¿Sencillamente Voldemort seguiría con su reinado de caos y eugenesia mágica? Esas dos claves son para mí fundamentales para que Harry Potter, como saga no ya de literatura infantil sino universal, sea una obra mayor en la Historia de la Literatura. Además, cambió la forma de entender el fantástico y reactivó la literatura juvenil que sólo arrastraba éxitos pasados.

4. La lluvia amarilla, Julio Llamazares: no sé bien qué me llevó a él, creo recordar que una recomendación de Inma Chacón en la primera escuela de verano para escritores noveles del Pacto Andaluz por el Libro. Recuerdo que me fascinó por completo: los personajes, la ambientación en el pueblo desierto de Ainielle (lo he utilizado desde entonces en varias ficciones; he fantaseado mil veces con escapar ahí), la idea de los fantasmas... De acuerdo, era una historia dura, pero con una poesía infinita desde el título hasta la última página, siempre la describí como "La familia de Pascual Duarte, pero en bonita". Sin lugar a dudas, una de las obras de la literatura española que más me han fascinado de lejos. Sigue pareciendo tan hermosa y eterna como la primera vez. Aclaro que es un poco trampa incluirlo en adolescencia, porque lo leí con 19 o 20 años, pero es que mi adolescencia se postergó mucho en el tiempo. Yo era muy tierno, muy niño por aquel entonces. Creía en el amor. Ja. Ja. Ja.

5. La flaqueza del bolchevique, Lorenzo Silva. La leí a raiz del estreno de la película y, en concreto, de la revelación de María Valverde como esa Rosana improbable. Sin embargo, la leí mucho antes de ver la película y me enamoré mucho. Fue un flechazo. Me enamoré muy fuerte de esa novela, de los protagonistas, de ese final inesperado. Me divertí y estuve al borde del llanto en cuestión de minutos. Creí en el amor. Me interesé por la Revolución Bolchevique. Quise leer a Nabokov. Quise saber más de Silva, y desde entonces lo seguí con los ojos nublados por mi propia propensión a la mitificación. En cualquier caso, creo que conocer al autor unos años más tarde supuso cierta decepción, pero me sigue pareciendo una novela redonda, intensa, melodramática, asquerosamente adolescente. Y por eso la amo.

6. Leyendas, Bécquer. ¿Conocéis esas historias de perdedores estadounidenses que en el instituto encuentran la motivación en un profesor carismático que les motiva y convierte en algo? Luego dicen cosas del tipo de Capitán, mi capitán, y lloran juntos, y se involucran en las vidas personales del otro, etc. En realidad, esto no sucede en la vida real. Mi motivación era el profesor de Lengua y Literatura durante tres años en el instituto. Se llama Santiago; a veces, aún le escribo con mis buenas nuevas. Me alentó a leer, me alentó a escribir. Hizo gran parte de lo que soy en el mundo literario. A pesar de mis 14 o 15 años, nunca me había acercado a Bécquer salvo por "El rayo de luna", y cuando nos hizo una selección de leyendas para leer en la asignatura con sus espíritus, su misterio, sus bosques y campos de la España profunda, me Nosotros, que poseemos la tierra.
demostró que el terror era anacrónico y universal, que no sólo daban miedo las cosas sucedidas en Derry, y que una tal Susana o un Ignacio eran tan buenos como una Carrie o un John para sufrir en sus carnes. Bécquer me curó del prejuicio del capitalismo lector, me hizo más libre y determinó toda mi primera creación de espectros y ánimas, casi recogida por completo en

7. Relatos, Poe. A Poe llegué arrastrado por la marea del terror, desde Bécquer, sí, y sobre todo desde King, que siempre lo ha citado como un referente directo en su creación. Imprimía sus relatos y los leía, más adelante leía ediciones horribles con algunos de sus más célebres relatos. Algo iba creciendo entre mí y el terror, y esto fue justo un escalón antes de llegar a Lovecraft.

8. El ocho y El médico. Best-sellers de lo más efectivos. Tendría que incluir en esta lista, cómo no, Los Pilares de la Tierra, con sus escenas de sexo, su violencia y su pretenciosidad. Algo tienen estos libros, y es que sus autores saben narrar historias a lo grande. Esto sólo se aprende leyendo, y yo, sin ser consciente, aprendía estos recursos de forma inconsciente a través de las páginas y páginas devoradas, para luego aplicarlos, también de forma inconsciente, a mis primeras obras. Estas novelas dieron lugar a mi primer gran escrito, el ingente borrador de una novela pseudohistórica que mezclaba un poco de El ocho, de El médico y Los pilares de la Tierra sin tener ni puta idea de escribir. A lo largo de cuatro o cinco años (tal vez menos) me casqué un novelón de más de trescientas páginas con todos los clichés del género: un inglés arquitecto en la Edad Media viaja a Oriente, donde conoce a una misteriosa belleza sobre la cual pesa una maldición sobre una legendaria raza de mujeres que han tejido el curso de la Historia. También salía Jesucristo, claro, y los masones, los Carolingios, monjas, Templarios y Papas asesinados.

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