23 de junio de 2015

Donde mueren los monstruos


Este libro empieza por el final.
Después de la incertidumbre de no saber qué, de tanto cambio y tanto miedo y tanto dolor ardiente, me refugié en la literatura. Monté una criatura de Frankenstein con relatos de origen muy diverso con la intención de volver a aproximarme al mundo editorial. Lo envié a varias personas del mundillo con la esperanza de que aquellos relatos, escritos en su mayoría durante mi estancia en la Residencia de Estudiantes, convencieran a la persona adecuada de que valían la pena.
En otras palabras, Donde mueren los monstruos nació de los despojos.

Pero despojos con dientes, con garras, con alas y azufre. Cogí un poco de todas partes, un brazo por un lado, esta cabeza, un pie maloliente, el busto de una joven virgen, la pelvis de un camionero accidentado en la M30... Creé mi propia criatura de Frankenstein, pero, como en la novela de Mary Shelley, el ser debía de cobrar vida.

Los buenos escritores, cuando se enfrentan a un buen libro de cuentos o relatos, lo hacen con un concepto. Yo, no sé si porque no soy un buen escritor o porque soy un poco desastre o porque estaba bastante orgulloso de varios relatos, todos escritos por un motivo y con una idea en mente, decidí crear esta criatura y dar vida a Donde mueren los monstruos.

Donde mueren los monstruos, para empezar, tiene mucha literatura. Comienza con pura creación, con el monólogo de una cineasta que desnuda su carrera creativa y su recorrido artístico hasta la fecha soltando perlas sobre el proceso de creación y cómo las circunstancias definen la obra de cualquier creador. Sigue con el relato autobiográfico de un escritor convertido en negro literario, cuento que escribí a la par que este artículo sobre el tema y donde hago un recorrido por mis primeras creaciones.

A medida que avanza el libro, éste va perdiendo el carácter autobiográfico y los elementos románticos y fantásticos van cobrando peso. Sin embargo, como digo, la creación -en especial la literatura- sigue teniendo un peso cada vez mayor: una falsa memoria de Mauricio Wiesenthal plagada por los fantasmas de Lorca, Morente, Harper Lee o Salinger, una broma de la talla de la Metamorfosis de Kafka, una especie de mundo donde la poesía se ha transformado en religión de los hombres, incluso un homenaje a la novela negra con todos sus lugares comunes.

Y el amor, digo, el amor como motor que hace girar al mundo.

Y los monstruos, claro. Existe además una transición medida en la disposición de los relatos para que, a medida que avanzan las páginas, los monstruos cobren forma cada vez más literal. Así, de los monstruos figurados, casi imaginarios, poco a poco las narraciones incorporan monstruos o hipótesis más fantásticas que se mueven entre el "Y si..." y la alta fantasía.

Cuando conjuré las suficientes historias para conformar un libro, decidí probar suerte. Enviarlo a alguna editorial, desde una forma no definitiva con diez relatos... el tiempo, no obstante, me supo indicar qué sobraba y qué debía perdurar. Los monstruos resonaban como una percusión ancestral, yo me estaba derramando en una hermosa novela infantil, La extinción de los dinosaurios, para salvarme, para crear algo nuevo. Una inflexión necesaria.

Entonces, cuando Donde mueren los monstruos cobró su forma definitiva, decidí lanzarla a la arena de los premios literarios. Busqué uno que se adaptara a la cuestión literaria que rezumaba el libro así como a mis necesidades editoriales y económicas. Vamos, que me busqué un premio asequible, pero con solera. El premio de literatura para autores jóvenes que convocan la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Granada y la Academia de Buenas Letras de Granada, a la par jurado del premio.

Otro elemento característico que sirve de unión, más allá de la temática (el monstruo como concepto, la fantasía como hilo in crescendo) es, sin duda alguna, un entendimiento del lenguaje como un ente vivo y orgánico, complejo, que se presta al servicio de la historia, esto es, una forma que se adapta al fondo de lo que quiero narrar, de ahí la influencia de lecturas tan gratificantes en su momento como las novelas de Ricardo Menéndez Salmón o Mario Cuenca Sandoval, por citar dos. Hago hincapié en este aspecto, porque la sintaxis sirve como elemento aglutinante para que ocho relatos sueltos se transformen en un libro coherente (al menos medianamente).

Una vez fallado el premio y anunciada la publicación, comencé a trabajar con una pequeña editorial de Granada, Alhulia, en la edición. Tras mis previas experiencias editoriales (sobre todo con la nefasta Diputación de Jaén), me sorprendió la eficiencia   y ganas de trabajar para sacar adelante un buen producto de la editorial. En febrero me anunciaron que había ganado el premio, y el 22 de abril fue la presentación oficial en el Ayuntamiento de Granada. El 23, en mi pueblo. Y un mes más tarde, el 24 de mayo, en Madrid. Ha sido la vida de este libro precoz y productiva, aunque me gustaría que, además de ello, fuera larga.

De hecho, la distribución está siendo mucho mejor de lo que podía imaginar para una editorial tan modesta. El libro está en Madrid gracias a Libros Melior, y Agapea la ha llevado a Málaga, Granada, Barcelona, ambos archipiélagos, etc. Además, es fácil encontrarlo en la Casa del Libro y otras cadenas, y basta con pedirlo en tu librería preferida para que la editorial lo distribuya sin problemas. En definitiva, lo estoy llenando todo de monstruos.

Supongo que sólo me queda terminar este texto de presentación del libro, el único que he escrito hasta la fecha, explicando que Donde mueren los monstruos será un libro pequeño, cierto, pero creo mucho en él. Considero que está lleno de literatura y, ante todo, me ha devuelto la fe en este oficio tras la experiencia gris de Nosotros, que poseemos la tierra. En el camino me he reafirmado en la convicción de que ésta es la forma de hacerlo, éste es el lugar que quiero ocupar en las letras y que, punto de inflexión o no, lo que viene de ahora en adelante os deparará muchas sorpresas. Mientras, creo que seguiré feliz mientras oteo el horizonte poblado de criaturas gigantes, de tentáculos y gritos, de escritores malditos y malditos escritores. ¡Y ojalá los monstruos os lo hagan pasar en grande como a mí!

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