31 de enero de 2012

Los hombres que no amaban a las mujeres


Por norma general, cuando se da un fenómeno editorial, Hollywood llama a su puerta para lucrarse con una saga cinematográfica de calidad discutible que cuenta con el apoyo del fandom. De sobra conocido es el caso del escritor sueco Stieg Larsson y su laureada trilogía Millennium. Hace dos o tres años, dicha saga conoció una adaptación aparentemente digna, si bien muchos hicieron notar su apariencia de telefilm.
     Ahora, Hollywood ha decidido dar el "sí, quiero" a las historias de Michael Lomkvist y Lisbeth Salander y hacerlo a lo grande. De entrada, no ha encargado un remake de las cintas de 2009, sino una nueva adaptación directa de las novelas, con los cambios significativos que conlleva la aproximación que puedan llevar a cabo distintos responsables. De este modo, quienes hayan visto las primeras, no tienen por qué arguir el supuesto lucro de un Hollywood infesto en busca de millones, que puede ser, y abrir sus mentes a una excelente adaptación encargada a profesionales de indiscutible reputación.
     De entrada, el director escogido no es ni más ni menos que David Fincher, cineasta con una impronta y visión creativa muy personales y definifas. Fincher pone al servicio de la turbulenta novela su buen hacer como creador de atmósferas y su pericia narrativa. Cuenta para ello con Daniel Craig en la piel del entrometido periodista y con el gran descubrimiento de la industria, Rooney Mara, que encarna a la inusual hacker Lisbeth Salander. Repito su nombre porque, visto lo visto, el gran acierto de Millennium es este personaje femenino, paradigma de una nueva heroína alejada de los atildados estereotipos de mujer que nos procura el género contemporáneo.
     Debió resultar difícil para el guionista Steven Zaillian trasladar la gruesa novela a los márgenes que dicta la industria cinematográfica (supera las dos horas y medias de duración), puesto que la historia cuenta con numerosas tramas secundarias que enriquecen la fortaleza de dos historias principales que confluyen hacia la conformación de una pareja que dará que hablar. Craig está en su línea de guapo-feo con pocos registros pero demostrada solvencia y su partenaire se come la pantalla cada vez que hace aparición, también, todo sea dicho, porque el personaje (para el cual se barajaron nombres más glamourosos como Scarlett Johansson o Carey Mulligan) es mucho más agradecido.
     En definitiva, nos encontramos ante una excelente adaptación con sus principales aciertos en la atmósfera fruto de una dirección eficaz y la música absolutamente inquietante, sutil pero contundente de Trent Reznor y Atticus Ross, así como en el descubrimiento de Mara.
Una película que podía haber sido otra cinta convencional, una adaptación insulsa del complejo universo creado por Larsson, y sin embargo se alza como thriller potente e inteligente. Una de esas ocasiones en las que reconciliarse con el Hollywood de las majors resulta fácil.

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