Mostrando entradas con la etiqueta revolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revolución. Mostrar todas las entradas

7 de abril de 2025

A vueltas con la IA y sus dilemas morales, legales y medioambientales


En los últimos años hemos visto cómo la inteligencia artificial ha aprendido a crear imágenes con un realismo y una creatividad sorprendentes. Basta con escribir un par de frases en una plataforma como Midjourney, DALL·E o Stable Diffusion, y en segundos aparece ante nosotros una obra que podría pasar por arte digital profesional.

Esto ha llegado a unos niveles delirantes de abuso y vergüenza ajena en las últimas semanas con el trend de ghiblizar imágenes personales para darles ese toque mágico y único del estudio de animación japonés que no ha hecho más que evidenciar que detrás de esta maravilla tecnológica se esconde un entramado de dilemas éticos, legales y medioambientales que vale la pena explorar. Porque no todo lo que brilla (o tiene trazos bonitos) es oro.

El dilema moral: ¿quién crea realmente?

Uno de los grandes debates es si las imágenes generadas por IA pueden considerarse “arte”. ¿Puede una máquina ser creativa? Y si lo es, ¿quién es el verdadero autor: la IA, el desarrollador, o el usuario que escribió el prompt? Hace unos años escribí el cuento "Alicia" para Hijos de Mary Shelley sobre una robot que desarrollaba la capacidad de hacer arte. Cito textualmente de esta historia ideada en 2011: 

Alicia no podía soñar, pero comprendía los sueños. Por eso empezó a leer y a escribir, y a formar parte de círculos esotéricos donde hablaban de la alineación de los planetas y de energías invisibles al ojo humano, de adivinación del futuro, de relecturas del futuro, de cosas tan inasibles que hacían que Alicia se sintiera insegura. Dicha inseguridad comenzó a hacerse patente en sus escritos, nada que ver con los cuentos infantiles que la llevaron al éxito, sino textos terroríficos de personajes solitarios que emprendían viajes a lugares prohibidos, que encontraban viejos amuletos y textos que cambiaban la vida, personajes tan únicos que pronto atrajeron la atención de Roberto, un editor amigo de la familia. Los libros de Alicia se convirtieron en superventas, aunque nadie desveló que en realidad se trataba todo de una farsa, que ella no era humana, que esa literatura no pertenecía a los hombres. 
Pero claro, si ella no era humana, si ella escribía pero había sido hecha de anhelos humanos, de cálculos de los hombres, de intentos por asir lo inasible, si ella había sido fabricada por el hombre, ¿no pertenecía también su obra a los hombres?

Además, muchos modelos se entrenan con millones de imágenes y textos tomados de internet, incluidas obras de artistas que nunca dieron permiso para que su trabajo se usara como "materia prima". Esto ha generado enfado en la comunidad artística, que ve cómo sus estilos son replicados sin reconocimiento, sin pago y sin control. Esto me llevó hace ya dos años a eliminar de mis blogs, donde llevo escribiendo de forma regular salvo esta última década, mucho más caprichosa, numerosos cuentos y relatos en un intento inútil seguramente, porque la huella digital es en 2025 ya indeleble y el daño está hecho.

Y, por si fuera poco, estas herramientas están empezando a sustituir encargos que antes iban a diseñadores e ilustradores reales. ¿Estamos, sin querer, participando en el desplazamiento laboral de los artistas? Yo tengo clarísimo que ni todas las IAs del mundo podría sustituir la congoja que me causó La tumba de las luciérnagas o el sentido de la maravilla que recorre La princesa Monokoke o El viaje de Chihiro. Por no hablar del recuerdo imborrable que me dejó Akira cuando la vi por vez primera con 4 o 5 años en el canal local de tv de mi pueblo (algo que existió y de lo que nadie habla); una IA no puede competir con una impresión tan humana.

Y justo acaba de descubrirse que Jianwei Xun, el filósofo chino que escribió el “libro del año”, Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad, es en realidad una IA generada por un italiano (dato anecdótico al tratarse del primer caso que sale a la luz, pero me da que va a ser el patrón a seguir.

 Lo legal: una zona (muy) gris

Está claro que no se ha regulado, y ya vamos tarde, como siempre sucede con el derecho y los gobiernos y leyes, que siempre llegan tarde y mal. Las leyes no están yendo al ritmo de la IA. Por ejemplo:

  • En muchos países, una imagen generada totalmente por una IA no puede tener derechos de autor, porque no hay un "autor humano" detrás.

  • Al mismo tiempo, si una IA genera una imagen muy parecida a la obra de un artista, ¿es plagio? ¿Inspiración? ¿O simplemente coincidencia algorítmica?

  • Además, ya ha habido demandas colectivas de artistas contra empresas que desarrollan estas herramientas, por haber usado sus obras sin permiso en los entrenamientos.

Y ojo con otro tema delicado: los deepfakes. Las IA pueden crear imágenes falsas realistas de personas en situaciones comprometedoras. Esto puede usarse para manipular, difamar o incluso extorsionar. ¿Quién es responsable en esos casos: el usuario, la plataforma, o la propia IA? Mi experiencia trabajando en la revisión de contenidos de Tik Tok me ha hecho descubrir que son curiosamente las propias empresas las que se están regulando al respecto, entiendo que de forma preventiva.

El coste ambiental: el lado invisible

Supongo que habrá gente a la que los conflictos anteriores (morales, éticos, creativos, legales) se la suden directamente, pero tal vez apelar a esta vena medioambiental funcione. Sí, la IA también contamina. Bastante más de lo que creemos.

Entrenar un modelo de generación de imágenes no es algo que se haga con una laptop y buena voluntad. Requiere una cantidad brutal de energía para procesar millones de datos visuales. Y no solo eso: cada vez que alguien genera una imagen nueva con IA, eso también consume electricidad (más de la que usarías haciendo lo mismo con Photoshop, por ejemplo).

A esto sumale el impacto de los centros de datos, el uso de minerales para fabricar GPUs, la refrigeración constante de servidores y el reemplazo continuo de hardware. Todo esto genera una huella de carbono preocupante, sobre todo si pensamos en el uso masivo y creciente de estas herramientas.

¿Entonces por qué carajo se usa sin cortapisas y con esta facilidad?

Me siento en este momento como la pesadísima que no deja de dar la lata sobre las repercusiones de la inteligencia artificial en redes, pero es que la grandísima mayoría de los mortales se queda en la superficie, en el trend, en la foto reconvertida en algo "artesano" y  "único". Asisto estupefacto incluso a creadores que no paran de compartir imágenes creadas por la mente colmena digital de risas.

La IA generativa es una herramienta potente y fascinante, no hay duda. Puede democratizar el acceso a la creación visual, inspirar nuevas formas de arte y acelerar procesos creativos. Yo mismo la empleo y he empleado para facilitarme a veces el trabajo, porque si de algo estoy seguro es de que la tecnología debería estar al servicio de la humanidad y no al contrario, y esto también nos obliga a hacernos preguntas difíciles:

  • ¿Qué valor le damos al arte humano frente al generado por máquina?

  • ¿Estamos respetando los derechos de los creadores?

  • ¿Estamos preparados para lidiar con los efectos legales y ambientales de su uso masivo?

No se trata de frenar el avance tecnológico, sino de hacerlo con conciencia. Porque si la inteligencia artificial va a imaginar el futuro… más nos vale que lo haga con ética.

31 de diciembre de 2023

Alba

 Palma de Mallorca, otoño de 2023


Vengo a (re)conocerte.

Hablo contigo con la única intención de descifrarte.

Observo tus ojos como si pudiera intuir en ellos el futuro que te aguarda, pero ni todo el intenso azul del mundo (tus ojos un vasto océano, un Neptuno repetido, dermis de las ballenas y los pitufos) puede desenredar los hilos que han de tejer tu vida.

Quisiera saber si, como el mío, tu color preferido será el amarillo.

Qué tipo de pelis te gustarán, si querrás hablar de libros conmigo cuando tengas ocho o nueve años.

Imagino que algún día me acompañarás en la cocina y te mostraré los secretos de las salsas y los caldos, las gachas y los gofres.

Ojalá mirarte para saber si correrás mucho, o darás hostias como panes, o saltarás alto hasta trepar como un mono por los árboles.

¿Se te darán bien los idiomas? Creo que ya te he prometido en alguna carta una escapada a Londres, y si se presta te enseñaré a cantar un fado portugués.

Tal vez pases de todo esto, y está bien. Las expectativas de los demás pueden hacerte más bien que mal.

Me pregunto, Alba, cuántas veces te romperán el corazón.

Si serás torpe como el tito Jose y tras cada tropiezo te levantarás con la dignidad que te quede.

¿Cuál será el primer recuerdo que logres salvaguardar? Dudo mucho que recuerdes este vaivén de visitas, de atenciones, de llamadas tras tu nacimiento. Yo siempre recordaré aquella vez que me chocaste aún en la barriga de tu madre.

Serás feliz, pequeña Alba, y habrá días que te sentirás desdichada. "No estarás sola", prometo cantarte pronto esa canción.

Vas a flipar cuando veas Parque Jurásico, pero vas a flipar más cuando veas Dogville.

Reirás como loca, y tendrás frío y tendrás sueño, dudarás de las intenciones de alguna gente, confiarás con toda fe en otra. Harás amigas, tendrás mascotas (tranquila, llegará), te podrás disfrazar de dinosaurio o de astronauta. Pasarás por las vidas de las personas cambiándolas, conocerás otras culturas, tendrás prejuicios, tendrás dudas, tendrás ilusión por algo que te mueva, dibujarás y resolverás ecuaciones. Te cortarás el pelo y te lo dejarás crecer, te teñirás, te harás rastas o un look pixie total. Creerás en Dios, perderás la fe en Dios. Comerás macarrones y arroz cuando la economía apriete. La vida es el pack completo.

O no.

La vida dirá, y dirá pronto, porque tú vas embalada y quienes te resguardamos lo hacemos desde el vértigo por verte crecer.

Hace algo más de diez años trabajé en una escuela infantil, y lo que más me marcó fue aprender que desde bebés, seguramente desde que nacemos, ya tenemos una personalidad marcada.

Alba, te miro a los ojos, te hablo, te cojo en brazos y es como si te deshicieras cual azucarillo. Ahora mismo eres imposible para mí: un misterio indescifrable.



12 de febrero de 2016

Insensatos


Cuando empecé a escribir, lo hacía con esa concepción egocentrista según la cual todo giraba en torno a mí, los personajes pensaban como yo y cada historia debía suponer una declaración de principios. Con el paso de los años he aprendido que no por escribir sobre un tipo repugnante me voy a convertir en uno, que no por poner a los rojos de malos y los fachas de buenos estaría defendiendo ciertos ideales; aprendí que, si el protagonista de una novela en la que trabajo es un pederasta totalmente convencido de su amor por los niños, no implica que considere la pederastia como algo bueno. Aprendí, pues, a crear sin juzgar.

A veces, cuando me llaman a hablar a algún sitio público, todavía sale el chico tímido que se enciende como una brasa si tiene que leer algo íntimo o sexual o algo que no le contaría a mi madre a la cara. Antes de hablar, de contar lo que sea que haya preparado, miro alrededor y pienso si podría ofender a alguien. Es la delgada línea entre la autocensura derivada de la corrección política (uno de los males de nuestro tiempo) y el respeto por el prójimo.


Pero los marionetistas.


Todo, y digo TODO el mundo ha pecado aquí de idiota e insensato.
El primero, el organizador del Carnaval cuando aprueba la contratación de una obra de marionetas y la incluye en la programación. Se supone que el programador de cualquier agenda cultural-lúdica conoce los espectáculos/servicios que contrata, y si estos se adecuan al público al que van en principio dirigidos. A todas luces queda en evidencia que la obra en cuestión, La bruja y Don Cristóbal, con el subtítulo "A cada cerdo le llega su San Martín", no era la representación para Carnaval de Madrid. Sólo cabe preguntarse si el que dio el visto bueno al espectáculo de marionetas fue uno de esos padres que aún consideran Los Simpson dibujitos infantiloides; eso, o era rematadamente estúpido. Insensato.
Leo que media hora antes de la representación se anunció en FB: "A las 17 horas y a las 19 horas en la plaza del Canal de Isabel II (metro Tetuán), 'La bruja y don Cristóbal', con la Compañía Títeres desde Abajo. Y no, no es para público infantil, es para adultos".
Sin embargo, en el pdf con la programación del Carnaval se indicaba que era para todos los públicos, de modo que rectificar tarde y mal no justifica la insensatez.

Los actores. Hemos leído muchas cosas estos días, entre ellas que los artistas avisaron antes de la representación, ante la presencia de niños, que aquella no era una obra para niños. Los padres, no obstante, en vez de coger a sus niños y llevarles a comprar un algodón de azúcar, transigieron. Pero yo, como autor, sentiría pudor de mostrar ante niños, aunque sea con marionetas, aunque sea ficción, un ahorcamiento, una violación, un asesinato. Creo que es una cuestión de pudor, y volvemos a la delgada línea que separa la libertad de expresión de la corrección política. Los responsables de la representación se limitaron a cumplir con su cometido, que era representar la obra con la que les habían contratado, aprobada e incluida en la programación oficial. Sin embargo, alego al sentido común de los mismos para saber decir "hasta aquí hemos llegado" y discernir lo que es moral de lo que es deleznable. Y mostrar ciertas cosas, por mucho que sea en clave de farsa o comedia, ante un público infantil no está justificado. Por tanto, pecaron los autores de falta de prudencia. Los muy insensatos.

No he entrado a valorar la calidad (o falta de) de la obra, en primer lugar porque no la he visto; en segundo, porque no es lo que estamos valorando aquí. Lo que está en juicio es si el contenido de la obra era apto para representarse en el contexto en que lo hizo, y, aunque los juicios morales son como los culos, cada uno tiene el suyo, considero que aquí se procedió sin mesura, sin cabeza, sin dos dedos de frente.

Los padres. Me encantan las dobles varas de medir. Esos padres que asisten atónitos a un ahorcamiento, a un apuñalamiento, a una violación, y sienten crecer en ellos una rabia fruto de la indignación. Pero que no estallan hasta que un personaje, (OJO, tratando de incriminar a otro) saca una pancarta que reza "Gora Alka-ETA". Más allá de la lamentable falta de ingenio del juego de palabras, supongo que estos son los mismos padres que alzaban el grito al cielo ante el beso de dos maricones, pero no con los asesinatos de niños o evisceraciones de hombres y mujeres. Tratar de encontrar en un contexto TAN CLARO una apología de la violencia o enaltecimiento del terrorismo, deducir de ahí que los actores están lanzando consignas pro-etarras es de una estupidez supina por encima de la cual debería encontrarse cualquier juez.

Pero no, aquí se llama a la policía, detención inmediata y encarcelación por orden judicial. Que ésa es otra, el juez será de esos tipos que piensan que Los Simpson son para niños, o que es peor un cartel ficticio que una violación ficticia. La falta de sentido común y juicio (valga la redundancia) del juez, su complicidad a la hora de convertir la polémica en una causa política deberían ser suficientes para invalidar cualquier decisión tomada por éste. De hecho, poco han tardado en emprenderla con él y la fiscal responsables de encarcelar a los titiriteros, y se ha impuesto una querella contra ellos por prevaricación en el auto de prisión. Otros insensatos. Estúpidos, facciosos insensatos.


La falta de actuación del Ayuntamiento de Madrid. Recordemos: ocurrió con los tweets de Zapata, con el desfile de Reyes Magos y ahora con una puta obra de marionetas. La caverna está a la que salta, y el ayuntamiento comandado por Manuela Carmena peca de blando. La respuesta ante cada nueva polémica dirigida por la derecha es torpe, poco asertiva. Gobierna la izquierda desde el complejo, con una falta de autoridad alarmante. Mientras el PP está siendo investigado sede por sede, imputado como partido, el consistorio de Madrid se ve constantemente en el punto de mira, y no sabe responder con la decisión que se le debe exigir. Manuela Carmena, que está demostrando una sensatez y juicio, un aplomo y respeto por su ciudad y conciudadanos, no ha sabido resolver estas polémicas con una voz firme y exenta de dudas. Responden rápido, pero suelen hacerlo a medias. En este caso, cesaron al responsable de la programación de la obra dentro del Carnaval, pero al día siguiente comparecía la misma alcaldesa tildando la obra de "espectáculo deleznable". Quiero decir: está bien que asumas tu error, que comparezcas, pero no sigas haciendo leña del árbol caído, que están los titiriteros presos y el responsable, cesado. Porque van a pedir más: y así fue, pronto comenzaron a pedir la cabeza de la Concejal de Cultura del ayuntamiento. Por eso hay que exigirle al Ayuntamiento de Madrid una mayor firmeza en sus decisiones, una mayor efectividad en sus comunicaciones y seguir trabajando en su proyecto más allá de las polémicas que suscite cada paso en falso. Por algo les votaron.

La derecha. El fantasma de ETA sobrevuela España cada vez que el PP se encuentra al borde del colapso. Que en este caso el debate se haya desplazado de la (no) idoneidad de una obra de títeres para una celebración familiar a la enésima resurrección de ETA y los filoetarras nos debería dar una idea del grado de desesperación de un partido que se encuentra en el momento más crítico de su historia, con un Gobierno que se le va de las manos, por lo que decide aferrarse al clavo ardiendo que es ETA, siempre con el argumento de que las víctimas son intocables y cualquier argumento en contra de sus trasnochadas teorías conspiranoicas puede entenderse como una afrenta directa a las víctimas. Parece haber olvidado la derecha que en terrorismo, que en verdugos y víctimas no hay derecha e izquierda, que no pueden apuntarse el tanto de la lucha contra el terrorismo y resucitar al que en su día fue el mal mayor del país a voluntad para desviar la atención o arengar a la población en pos a la formación de un Gobierno conservador y el hallazgo de una polémica en la izquierda a la altura de la corrupción que asola a todos los populares. Son quienes deberían andarse con más pies de plomo que nadie, pero deciden arramplar a la mínima para hacerse oír. Los ignorantes, malignos insensatos.

En conclusión, lo de programar una obra para adultos en plena programación familiar y representarla delante de niños a pesar de los contenidos de mal gusto fue una cagada en toda regla. En eso estamos de acuerdo. Incriminar a los titiriteros por cumplir con su trabajo, más allá de la calidad artística (o ausencia de ésta) de la obra fue una cagada mayor, sobre todo por los cargos que se adujeron. Convertir esto en el despertar de la fuerza etarra y volver a promover la ruptura social y política de un país lo suficientemente roto es una tremenda falta de consideración. Hacer de una anécdota un asunto de estado, jugar con los derechos humanos, con todo el sistema legal de un país, para servir una agenda política, debería ser punible, Confundir ficción y realidad es algo infantil, creer que los títeres son sólo para niños es, cuanto menos, un razonamiento irreflexivo. España está llena de insensatos de todos los colores, de todas las formas.

Al resto, os recomiendo los títeres de la cachiporra: http://www.alternativateatral.com/obra27177-los-titeres-de-cachiporra

16 de agosto de 2015

Ve y pon un centinela (Go Set a Watchman): una reseña

Remember this also: it's always easy to look back and see what we were, yesterday, ten years ago. It is hard to see what we are. If you can master that trick, you'll get along.

Go Set a Watchman, Harper Lee
Partamos de una realidad: Matar un ruiseñor, hasta ahora la única obra publicada por Harper Lee, se trata probablemente de mi novela preferida, desde luego una de las pocas obras de arte que me han hecho llorar.

UN PROLEGÓMENO
       Una joven Harper Lee culmina en Nueva York su primera novela, Go Set a Watchman, y la presenta a un editor. Se trata de la historia de Jean Louise 'Scout' Finch, una joven de Maycomb, Alabama, que regresa a su pueblo de Nueva York, donde lleva viviendo varios años. La vuelta a casa supone para Scout la oportunidad idónea para visitar a su padre y hacer un recorrido por sus recuerdos de infancia. Esta lembranza es la que llama la atención del editor, que aconseja a Harper Lee centrarse en la narración de una Scout niña, por lo que le pide a la autora que desarrolle estos flashbacks hasta darles la entidad propia para convertirlos en una novela. Así nace Atticus, primera versión de lo que llegaría a publicarse como Matar un ruiseñor. 
        El éxito incontestable de Matar un ruiseñor responde, por un lado, al inestimable valor literario de la novela, pero también a la época en que se escribió y lo que representó en una época en que los derechos civiles eran la agenda social (símbolos como Rosa Parks, Luther King o Nina Simone) diaria. La novela sirvió así un objetivo no sólo literario, sino social, abriendo camino a la normalización y al repudio de la segregación. Lo que pudo haber sido el éxito editorial de un año se convirtió en un clásico instantáneo que ha perdurado a lo largo de las décadas hasta ocupar uno de los lugares más privilegiados en el colectivo estadounidense y en la literatura universal.
        El medio siglo de silencio de su autora y su naturaleza misántropa la convirtieron en un objeto de extremo interés literario. Por eso no es de extrañar que, cuando hace unos meses se anunció la publicación del nuevo libro de Harper Lee, no tardara en nacer la polémica.


LA OTRA: UNA NOVELA PERDIDA
        Cuando Scout regresa a Maycomb a los 26 años, ha cambiado. Lo sabe ella, lo sabemos nosotros como lectores, pero aún tiene que descubrir hasta qué punto.
        La novela, narrada en tercera persona (en lugar del testimonio de primera mano de la niña de Matar un ruiseñor), supone un ejercicio de memoria y autodescubrimiento. Ve y pon una atalaya es, a todas luces, una epifanía, un camino de crecimiento, un viaje a la inversa de la Bildungsroman. Jean Louise rememora una visión del mundo limpia que no se corresponde con lo que encuentra en su Maycomb natal. Entre ambas median pérdidas, cambios a nivel personal y expectativas imposibles de cumplir.
        Ve y pon un centinela es una buena novela: arranca con la llegada de Jean Louise Finch a Maycomb, desarrolla detenidamente el contraste entre su vida neoyorquina y lo que la espera en la casa paterna, y no tarda en hacer estallar el conflicto. El conflicto es peliagudo: Jean Louise descubre que su padre apoya grupos racistas como el KKK y defiende el segregacionismo. A la hija pródiga le toca decidir entre la lealtad debida a su padre y los valores en los que cree, entre seguir siendo Jean Louise o dejarse absorber por la árida atmósfera de Maycomb y sus vecinos. Como podrá comprobar, no sólo está en juego la relación con su padre, ya que los cambios son más de los que podía imaginar antes de llegar en tren.
        Y es que si en la anterior el héroe era Atticus, aquí se alza Scout como protagonista indiscutible, y en la narración se incorporan de manera orgánica sus pensamientos y emociones, rompiendo una vez más la narración junto a los numerosos recuerdos o flashbacks que pueblan la obra. En el primer capítulo ya existe un giro, una especie de alerta que nos indica por dónde irán los tiros. La mirada limpia e inocente de la Scout de 9 años que narraba Matar un ruiseñor se ensucia y fragmenta poco a poco a medida que descubre que su mundo infantil, idílico e idealizado no es así, de modo que Jean Louise se plantea si todos sus recuerdos, si la apacible y nostálgica Maycomb, si el padre ideal y perfecto no serán todos producto de su imaginación. Si se estará volviendo loca, incapaz de navegar a donde la lleva la corriente, incapaz de aceptar al hombre que quiere su mano y la vida tranquila de barrio residencial estadounidense por la que lucharon antes todos los hombres hasta llegar a ella. Se pregunta si no estará arrojando piedras contra su propio tejado a cambio de unos valores que podrían ser erróneos. ¿Por qué siempre supo distinguir el bien y el mal, pero este viaje de regreso a Maycomb pretende hacerle cambiar de opinión? ¿Por qué ella, una mujer soltera, independiente y arrojada no logra conectar? ¿Por qué decepciona a todo el mundo? O peor aún, ¿por qué el mundo la decepciona? Sin embargo, y es el principal motivo por el cual merece la pena esta continuación, Scout sigue representando a un modelo de mujer independiente, segura de sí misma, firme en sus valores e inconformista con un sistema heteropatriarcal en el que no halla su lugar. Así, la pequeña Scout que se liaba a puñetazos con los niños de su clase en Matar un ruiseñor es ahora la joven Jean Louise que se niega a casarse y a una vida acomodada que la anule como mujer. Ve y pon un centinela es una novela feminista, y lo logra de una manera sensata y honesta, respetando a su protagonista.
        Por otro lado, la novela funciona como secuela o epílogo para conocer el destino de los protagonistas de la anterior, y esto es lo que ha provocado la ira de lectores, libreros y expertos. Como digo, la vida idílica de los veranos en Maycomb se transforma en un territorio hostil donde el conflicto racial ha llegado al punto álgido y familias tradicionalmente amigas se encuentran enfrentadas, donde el racismo se ha antepuesto al individualismo y la segregación es la respuesta defendida por muchos. Atticus entre ellos. Sí, Atticus Finch defiende la segregación y argumenta a su hija por qué los negros son inferiores a los blancos y, por ende, no están preparados para vivir en sociedad. Esto es lo que más polémica ha generado entre los lectores de la novela: la desvirtuación del mito, pero el propio Atticus, ya anciano y artrítico, de Ve y pon un centinela lo explica mejor que nosotros y se dirige a Jean Louise, pero también al lector de Matar un ruiseñor: "I've killed you, Scout. I've had to".
        En definitiva, y por mucha obra maestra que sea, Matar un ruiseñor es sólo una novela. Como tal, debe juzgarse desde el punto de vista y contexto en el que se publicó: no se trataba de la primera opción del editor al que acudió Harper Lee, tal vez porque era consciente de que Ve y pin un centinela es mucho más honesta, y dolorosa, y amarga. Más real. Y es que en 1950, cuando la joven escribió su novela, era más fácil y más fehaciente que los blancos fueran racistas y miraran a los negros con quienes habían convivido con condescendencia o puro desprecio. Matar un ruiseñor era una novela utópica que creo un símbolo cuando éste era necesario: Atticus Finch era preciso entonces, cuando la guerra por los derechos civiles de los negros seguía candente. Haber publicado entonces Ve y pon un centinela habría supuesto arrojar más leña a un fuego que se atibaba inextinguible. Que sea ahora, en 2015, cuando se publica, más allá de las sospechas relacionadas con el legado de la autora o sus capacidades mentales, es señal de que ha llegado el momento de alejarnos del bosque y analizar la situación como lo que fue, no como desearíamos que hubiera sido. Matar un ruiseñor es, por tanto, la buena novela que todo el mundo deseaba leer, mientras que Ve y pon un centinela se trata de la buena novela que nadie quería leer, porque provoca incomodidad y obliga al lector a fijar su mirada en algo tan desagradable como es la injusticia social.
         Esgrimir el racismo como argumento para denostar la obra de Lee es insuficiente: la propia Jean Louise sirve de juez ante una realidad que sabe injusta, y no por nada es el motor de la novela su oposición frente a la sociedad retrógrada de Maycomb. ¿Qué sucede, pues? Que en Matar un ruiseñor era Atticus quien tomaba las riendas de la lucha contra el racismo; Scout nos servía de ojos a través de los cuales filtrar la gesta de su padre. Aquí es Jean Louise quien se opone a un pueblo entero, al KKK, a una sociedad en transición, pero no tiene la autoridad de un Atticus Finch para cambiar las cosas o equilibrar la balanza, y aquí es donde nace el valor de Ve y pon un centinela: el fracaso de Jean Louise no supone una afirmación de nada ni una respuesta definitiva sobre la cuestión del racismo, pero sígue siendo la misma declaración de intenciones prevaleciente en la novela anterior: ella, al igual que otrora Atticus, se opone al racismo. De hecho, haré de nuevo hincapié en el feminismo que desborda la novela. Ve y pon un centinela da a entender que el lugar de la mujer, lejos de la supuesta figura de desperate housewife en la que habría de convertirse, consiste en motor del cambio para que la sociedad avance, y todo el genio que destila la autora en el capítulo 13 (el equivalente a la defensa que hace Atticus en el juicio de Matar un ruiseñor) debería bastarnos para dar como buena la novela que acaba de publicarse y valorarla por sí misma al margen de su novela hermana.
        El término "Punto Jonbar" hace referencia al momento exacto en que se separa una línea cronológica, dando lugar a dos realidades alternativas. En algún punto de la Historia, Atticus Finch vio que todos los hombres debían ser iguales ante la ley sin importar su color de piel; en ese mismo punto, Atticus simplemente podría haberse dejado llevar por lo que le hacía creer la sociedad (los negros son demasiado salvajes para vivir en sociedad, recuerda que esto es por el bien común). Así, cada historia sería distinta. El problema es leer primero una, luego otra, y tratar de sacar las mismas conclusiones.
        Ve y pon una atalaya pone sobre la mesa temas como la memoria, la identidad, el racismo y el feminismo, Harper Lee vuelve a desplegar una narración extraordinaria, clásica y rica en diversas lecturas, y no sólo eso, la extraña naturaleza del libro que nos ocupa sirve para comprender mejor una obra maestra indiscutible que ahora cobra nuevas dimensiones y nos hace replantearnos, como en esta reseña, si fuimos justos en su día con Matar un ruiseñor, y si el Tiempo lo será con Ve y pon un centinela. Algo sacamos en claro de aquí: más o menos, con este libro ganamos todos.

4 de marzo de 2015

Dos maricones entre un hatajo de zombies


Hace algo menos de un año comencé a leer, no recuerdo bien a cuento de qué, todos los números de The Walking Dead publicados hasta la fecha, No sé, algo así como 120 o 130 del tirón, en 3  días de lectura frenética. Me fascinó de la serie los dilemas morales a los que sometía a sus protagonistas y, de paso, al lector.
En cuanto a la serie de televisión, reconozco que empecé a verla en su primera temporada al enterarme de que era Frank Darabont quien había desarrollado la adaptación. Sin embargo, pronto esa temporada comenzó a diluirse y la abandoné al final de su primer ciclo.
Más tarde, como digo, llegarían los cómics, con todas sus muertes (otro de los aspectos más interesantes de la  obra de Kirkman es el empleo de la muerte como motor narrativo, aunque a veces el uso deviene en abuso; el empleo de la muerte como motor narrativo y de conflicto sigue estando en poder de Joss Whedon), con los distintos emplazamientos, giros locos en torno a los caminantes y su origen, el Gobernador, Negan, más, más, más... El universo de The Walking Dead se atisba inagotable.
Por eso resulta interesante que su adaptación televisiva no haya aceptado el cómodo tránsito de medio y haya servido para expandir su universo, introducir nuevos personajes y diferencias en las tramas preexistentes; en otras palabras, la serie de televisión sirve como experimento narrativo y permite una reformulación de conflictos ya explorados en el formato original.
No obstante, la serie de televisión ha seguido fiel a temas y tramas efectivas en la novela gráfica: la transformación del héroe en antihéroe, la lucha por la supervivencia a toda costa, ya sean el precio pasar por el canibalismo, terrorismo, violaciones, asesinatos indiscriminados, venganzas personales... El motto de la serie parece ser aquel principio de Hobbes.
Con todo, la penúltima emisión de The Walking Dead en AMC se vio envuelta en una polémica (¡?) caduca. Nos presentaron a un nuevo personaje, Aaron, de esos que, de agradables, simpáticos, buenos, provocan recelo en los protagonistas. Si algo nos ha enseñado The Walking Dead es a no bajar la guardia. Y como nuestras peores sospechas parecían confirmar, el recién aparecido se acerca a otro desconocido y lo besa en los labios. Repugnante. Estos maricones.
Desde que se emitió el episodio, esta reflexión ya ha dado la vuelta al mundo en muchas y mejores apreciaciones que la mía. Sin embargo, no quisiera centrar mi atención en el hecho de que una serie donde hemos visto todo tipo de vejaciones y violencia de lo más explícita, a estos energúmenos les ofenda un beso entre dos hombres en una ficción donde han matado a niños a bocajarro, han dejado a personas tullidas, han violado, han devorado, han torturado a otros seres humanos. Pero aquí el problema no es la intolerancia de estos. Tontos los ha habido siempre.
Lo preocupante es, no ya que sea noticia, sino que sea noticia por lo excepcional de la presencia de Aaron y su chico en una ficción de estas características. Dirán los detractores de estos personajes que quien quiera ver maricas, que sintonice Queer as Folk, Banana/Tofu/Cucumber, Looking o Please Like Me, por citar tres ficciones claramente homosexuales. Tampoco es el caso de ficciones de marcado carácter gay-friendly como Glee o Torchwood; ni siquiera hablo de series con un componente inclusivo en cuanto a la comunidad LGTB, véase Buffy, Cazavampiros o Urgencias, donde ciertas tramas involucraban de forma directa a personas que vivían una sexualidad LGTB. El caso de The Walking Dead es mucho más interesante, e importante, y necesario, porque es meramente representativa. Robert Kirkman, como muchos creadores, tiene superadísimo el conflicto de la sexualidad y entiende que a estas alturas carece de interés como motor narrativo de la historia. De ahí que sus personajes homosexuales simplemente sean, o estén, o existan, en medio de la hecatombe zombie, pero no es su homosexualidad la que provoca los males que acechan a los hombres y mujeres protagonistas, su misión es más sutil, estar ahí, sobrevivir, pasar por el Apocalipsis sin mucho ruido, salvar el pellejo. Contarla más allá de las tripas y la piel.

29 de octubre de 2014

La gran mentira europea

Entre 2009 y 2013, emigraron 220000 jóvenes españoles. Yo mismo me fui a Lisboa hace un año. Antes, había vivido dos años en Madrid, el primero con una beca como creador en la Residencia de Estudiantes, el segundo con un contrato a media jornada en una guarderíaescuela infantil. Por las tardes, con las clases particulares, podía fácilmente llegar a los 700 euros al mes. Cuando acabó el contrato, de un año, decidí que quería seguir trabajando a toda costa. De este modo, me hice autónomo y comencé con las traducciones. Pagando el tasazo todos los meses. El mejor mes, cobré 700 euros. Sea como sea, aguanté un año como traductor freelance.

Durante todo el año pasado viví en Lisboa de forma totalmente ilegal. Trabajaba como autónomo, pero cotizaba en España y pagaba mis impuestos en España. Vivía de alquiler sin contrato. Todo negro, claro. Y no tuve ningún problema con respecto a esta situación laboral. Por lo demás, contaba con mi tarjeta sanitaria europea por si la tenía que utilizar, pero nunca se dio el caso.

Este año he decidido volver a la capital lusa, aunque con la intención de cambiar de situación. Dejar atrás el autónomo y sus inenarrables impuestos, y comenzar actividad laboral y fiscal en Portugal de forma absolutamente legal. Mandé mi CV a una empresa de telecomunicación con la esperanza de que mi perfil de idiomas y comunicación fuera suficiente. Les interesé; me llamaron. Hicimos una entrevista de una hora en español e inglés. Me ofrecieron dos proyectos, y me citaron para una entrevista presencial una semana después, ya en Lisboa.
Llegué a Lisboa un lunes, y el miércoles por la mañana hice la entrevista. El viernes me convocaron para otra entrevista telefónica, ya directamente con la empresa responsable del proyecto. Ese mismo día me anunciaron que había sido elegido y que habría de incorporarme el lunes para la semana de formación. Acababa de comenzar la pesadilla.
Para poder firmar el contrato, me pidieron los siguientes documentos:
-NIF
-Certificado de registro como ciudadano europeo
-Número de mi cuenta bancaria
-Registro criminal

NIF
Me presento en Finanzas (una suerte de Hacienda) DNI en mano para solicitarlo. Me dicen que, si voy a residir aquí, tengo que presentar otro documento, el Certificado de registro como ciudadano europeo. Le digo que sin NIF, no firmo contrato. Me dice que nanai.

Certificado de registro como ciudadano europeo
Esa misma tarde voy a la Loja do ciudadão, así, en general. Las Lojas son los departamentos fiscales en que se divide Lisboa por freguesias. Total, en cada loja hay 20000 servicios distintos (Hacienda, correos, extranjería, impuestos, DNI...). Encontramos el servicio donde me toca solicitar la ciudadanía europea. Transcribo la conversación:
-Hola, hoy he estado en finanzas para solicitar el NIF, que me piden para firmar el contrato, y me han dicho que me falta un documento que tengo que pedir aquí.
-Aham.
-Pues eso, para pedirlo.
-¿Vives aquí?
-Sí, llegué la semana pasada para trabajar, ya he comenzado la formación, pero para que me hagan contrato tengo que llevar el NIF.
-¿Dónde vives?
-Aquí al lado, en casa de un amigo.
-No tienes un contrato, ¿verdad?
-No. Necesito el NIF para firmar el contrato.
-Pues sin contrato no te puedo dar el certificado. Mira, aquí dice que para obtener el certificado, necesito un justificante de actividad laboral. Además, sólo se puede solicitar al cabo de 3 meses en Portugal y tienes que justificar tu llegada registrándote en extranjería antes de que pasen 3 días de tu llegada. Si no, un contrato de alquiler o algo que demuestre que vives aquí.
-Pero en Finanzas me dijeron...
-Yo no me invento nada. Mira, está aquí.
-Ya, pero aquí no dice nada de vivir aquí con contrato...
(Saca un tomo de 5 kg).
-No me invento nada, está todo aquí.
-¿Entonces lo de la libre circulación en Europa es un bulo?
(Me mira, sonríe, satisfecha)
-¿Y cómo se supone que voy a abrir actividad laboral si no consigo este documento?
-Si el señor de Finanzas se quiere hacer responsable por ti o alguien se responsabiliza de tu situación...
(Me voy, indignado, a Finanzas)

NIF (II)
Esta vez, le explico al señor de Finanzas que vengo a solicitar el NIF. Me pide el DNI, y me explica que tendré que hacerlo como no residente, pero me voy en el momento con el NIF en la mano.
10.2€

Cuenta bancaria
Sin domicilio ni contrato de trabajo, ni me planteo lo de abrir la cuenta. Expongo en el trabajo mi problema y me dicen que temporalmente puedo utilizar la española. Respiro aliviado. Respiro aliviado ;)


Registro criminal
Descubro que junto a mi trabajo hay un nido de funcionariosedificio del gobierno donde hacen todo tipo de gestiones, entre ellas expedir registros criminales. Me acompañó un compi del trabajo durante la hora de la comida, porque -evidentemente- mi horario de trabajo es completamente incompatible con la hora de apertura y atención al público de todos los organismos oficiales. Aquí bien, llegué, me pidieron el DNI, preguntaron si trabajaba en mi empresa (me delató la tarjeta de identificación) y me cobraron las tasas. Expedido en el momento, de este documento no puedo entregar copias, sólo el original, que por algo lleva papel sellado.
5€

Firma de contrato (Round 1)
3 de 4 documentos. Nada mal, me digo. Intento firmar con el NIF, registro criminal y mi cuenta bancaria española. Entrego para ello pdf con IBAN y código SWIFT que imprimen al momento. No obstante, me advierten que no pueden hacer el contrato sin el certificado de residencia europea. Les explico que la señora de la loja no me lo entregaba ni a pesar de que tenía ya un NIF portugués, que me exige más documentos y 3 meses de residencia en Portugal. Entonces es cuando nace el mismo Belcebú, esto es, un nuevo documento, el atestado de residencia...

Atestado de residencia (I)
Me planto en la Junta de Freguesia (organización administrativa de la ciudad) de Arroios con dos amigos portugueses, una con residencia en Arroios. Damos por hecho que con mi DNI, el testimonio de dos portugueses y los documentos que he obtenido de momento debería bastar. MAGNO ERROR. Nos dice la funcionaria de turno que para rellenar el atestado de residencia hace falta que ambos testigos pertenezcan a esa freguesia, esto es, que estén inscritos en el censo en esa freguesia. Pensamos alternativas. Es viernes por la tarde-noche y en la empresa ya he terminado la formación y empiezan a presionar, Tengo que firmar el contrato cuanto antes. El sábado por la mañana no abre la Junta de Freguesia.

Atestado de residencia (II)
Lunes por la mañana. Después de hablarlo con mi jefa, estamos de acuerdo en que lo mejor es perder la mañana del lunes y resolver el documento pendiente cuanto antes. A primera hora (9,00h) me presento en la Junta de Freguesia de Alvalade, donde una amiga y su madre han accedido a servirme de testigos para obtener el atestado, documento clave para obtener el Certificado de residencia europea. Ambas firman y rellenan sus datos. Hacemos creer al sistema que yo vivo en su casa y que llegué a Lisboa en julio (por lo de los 3 meses), entregamos todo, fotocopian mi DNI, las tarjetas electorales de las testigos y les hacemos ver, de forma amable, que me corre prisa por el tema del contrato. Me dicen que las cosas de palacio van despacioen un máximo de 3 días tendré el documento firmado por el presidente de la Freguesia. Vuelvo corriendo al trabajo. Esa misma tarde me piden con amabilidad que al día siguiente no vaya a trabajar. Ya he superado las 40 horas de formación y me encuentro en situación de ilegalidad. Hasta que no tenga el atestado y, por ende, consiga el Certificado de la UE, no puedo firmar, ergo, volver a trabajar.

Certificado de registro como ciudadano europeo (II)
Es martes. La noche anterior he visto por vigésima vez El verdugo. Me parece descacharrante la escena en la que José Isbert responde a cada atrevimiento del funcionario con un nuevo documento copiado, fotocopiado, compulsado. Esa misma mañana me explican que el documento ya está listo, sólo falta que me lo firmen las autoridades (in)competentes. Insisto en la premura, me dicen que me avisan. A las 5 me dicen que ya está. Hay que recogerlo e ir corriendo a la Cámara Municipal de Lisboa. Llego a las 6 y pico, una hora antes de que cierren. Espero que no me haga falta nada más. Llevo DNI y copias del DNI, el NIF original, el atestado de residencia obtenido una hora antes.
Creo que nadie jamás en mi vida ha estudiado con tal minuciosidad mi DNI. Tras completarlo todo, asegurarle que llevo en Lisboa desde julio y firmar algún que otro impreso, me permite pagar la factura y, acto seguido, me entrega el Certificado de registro como ciudadano europeo.
15€

Firma de contrato (Round II)
Miércoles por la mañana. Llego a la oficina a las 9,00h. No hay nadie en secretaría, no está la chica que se ha encargado de todos mis documentos hasta ahora. Le explico la situación a la encargada y me dice que ok, que firmemos. Empieza a imprimir e imprimir impresos (valga la redundancia), fotocopia el certificado, comprueba una vez más todos mis documentos y, al cabo de 1 hora de rellenar formularios y firmar, firmar, firmar, me entrega el contrato.


Supongo que todo comienzo requiere de un proceso organizado, y que toda burocracia es aburrida y, a ojos del sufridor, inútil.
Supongo también que los ciudadanos que vengan de Sudamérica o África tienen que pasar una auténtica tortura para normalizar la situación.
Supongo además que la Unión Europea quedó en sueño, sí, pero en el sueño de los justos.
Ahora nos extrañamos por esta auténtica corriente hedienta de corrupción. Curioso que sean ellos, los responsables, los mismos que mandaron a 220000 jóvenes fuera de nuestras fronteras, los mismos que permiten y establecen que la única economía posible sea la sumergida. Los mismos que le reían la gracia al joven Nicolás, que no tendrá que vérselas así por un maldito sueldo de 750 pavos a cambio de qué. Si Europa era esto, las fronteras y las dársenas, las colas y los cortapisas, yo me bajo en esta parada.

19 de octubre de 2014

La biblioteca de Bélmez

¿Antigua biblioteca de Bélmez?
Hace unas noches tuve un sueño extrañísimo y de profusa melancolía. Supongo que cualquier sueño que tenga lugar en una biblioteca se encuentra tamizado por la bruma de la melancolía. El caso es que la biblioteca era enorme, y escondía pasillos en los que yo nunca me había adentrado. En los últimos, los del fondo, se encontraban libros casi ocultos, especies de grimorios cuyos vecinos siquiera conocían tal acepción. Allí, al fondo, encontré comida. Mucha comida caducada, como si la biblioteca de Bélmez hubiera sido un lugar donde vivía gente. El señor miope encerrado en una biblioteca al final del Tiempo a quien se le rompen las gafas. Los lectores despistados a quienes la bibliotecaria (la Juani) dejaba encerrados en un descuido. Muchas veces fantaseé con esto, con lo de quedarme un fin de semana entero encerrado en la enorme biblioteca de Bélmez. Sólo que ahí no había comida. Había muchos libros, y mucho polvo, y hasta un barco de madera de alguna olvidada feria cultural. Un vestigio de una maravilla.
Antiguamente la biblioteca de Bélmez se encontraba junto al Parque del Nacimiento, lugar que quedó reservado al ambulatorio. El cambio le vino bien; los libros pudieron así gozar de espacio de sobra sobre el tranquilo hogar del jubilado. Los niños de los ochenta y noventa pudimos así descubrir este espacio mágico (siempre me ha provocado curiosidad saber cómo y cuándo descubrió cada cual su primera biblioteca), en mi caso acompañado de un amigo que ya la conocía a través de una hermana mayor. Recuerdo la impresión, la sensación de templo que me invadió al ver todas aquellas estanterías y libros viejos (porque los libros siempre fueron viejos ahí). El silencio. Ese silencio exagerado en cine y televisión, porque la biblioteca de Bélmez jamás fue demasiado silenciosa. Hace un par de días, mientras paseaba por la librería más vieja del mundo, me percaté del silencio abismal existente a pesar de que todas las salas estaban llenas de gente. Como una iglesia, pensé. Sólo una iglesia o un museo es tan silencioso. Por eso recuerdo los libros viejos y recuerdo el silencio, y los sillones bajos que nadie usaba junto al revistero al que jamás llegaron revistas nuevas. Más tarde llegaron ordenadores, y ruido de niños que no disponían de esta tecnología en casa, y mis primeros flirteos con Internet cuando aún lo estábamos inventando. Todo esto en aquella biblioteca.
Era de comunión diaria; cada día iba a la biblioteca y acariciaba los tomos, los olía, ojeaba los nombres de quienes habían sostenido ese libro en sus manos antes que yo, la caligrafía espigada de Pura, la anterior bibliotecaria, los libros que nadie había leído desde 1970 y tantos... Cada libro, a su modo, contaba una historia que había que aprender a leer. Lenguaje corporal, un símil. Llegado un punto, conocía todos los libros de la biblioteca como las palmas de mis manos (al menos los de la sección infantil y juvenil), y comencé el abordaje del siguiente pasillo: novela adulta. No había demasiado donde escoger, pero ocultaba ciertos tesoros. Los demás pasillos, reservados a libros de consulta, colecciones y enciclopedias, siempre me resultaron terreno desconocido.
Nunca perdí ningún libro. En la biblioteca de Bélmez no había multas por devolver los libros tarde, y probablemente la mitad de los fondos se encuentren dispersos por medio Bélmez de la Moraleda. En mi casa, sin ir más lejos, guardo con celo Insolación de Pardo Bazán, El gran Gatsby o El médico de Noah Gordon, entre otros. Para cuando abra sus puertas de nuevo.
La biblioteca cerró tras un verano de dudas. Recuerdo que pasé como era habitual y tras recepción había otra muchacha del pueblo haciéndose cargo. Yo traía una lista de lecturas que pretendía finiquitar durante el estío, y me las llevé todas sin ficha, con la deuda en un papel de dudoso futuro. Luego cerró. Para siempre. En su lugar se construyó un Centro de Día. Que permanece cerrado. En un plan a priori encantador, se demolió el antiguo colegio del Bélmez y encima se construyó un pequeño parque, el polémico Centro de Interpretación de las Caras y, aprovechando un edificio original, la Biblioteca de Bélmez. El Centro de Interpretación abrió hace 2 o 3 años, con su aparcamiento subterráneo, y el parque se inauguró de igual modo. La biblioteca de Bélmez está terminada, los libros en sus baldas, el edificio perfectamente restaurado, con los enormes ventanales que alumbraron a generaciones de párvulos, hay incluso conexión Wi-Fi gratuita para quienes pretendan hacer uso del Parque de la Cultura (como se ha tenido a bien llamarlo).

una parte de mi biblioteca
Quien me conoce sabe que puedo pasar horas en una biblioteca o en una librería, ya sea la más grande o la más pequeña del mundo (que se encuentra en Lisboa, por cierto). Que esos templos son tan lugares de fe como cualquier iglesia o mezquita o sinagoga. Que quien entra en una biblioteca lo hace en un acto de fe, porque espera encontrar paz, y respuestas, y aquello de lo que la vida lo privó. Por eso estos tres meses han resultado decepcionantes y frustrantes, porque la Biblioteca de Bélmez está lista para alzar el vuelo, pero no vuela. Y hablo de un pueblo que lleva ya la friolera de 3 años sin biblioteca, y un pueblo sin libros es menos libre, y menos bonito, y menos culto, y menos pueblo. También dediqué mi tiempo libre este verano a ordenar mis libros. En convertir mi biblioteca en una biblioteca de escritor. O al menos en una biblioteca de aquello en lo que me quiero convertir. Coloqué todos los libros que ya no necesito en una caja enorme. Sumarán al menos 30 libros. Algunos ya los regalé a mis primos pequeños, pero la intención última era donar esa caja (y devolver mi deuda) a la biblioteca de Bélmez.
Pero aún se trata de algo utópico.

16 de junio de 2014

Unos apuntes

1. No suelo hablar de política, y cuando lo hago, la lío bien. Hace unos días, en Twitter, acabé en el perfil de una chica compañera de clase de toda la vida del pueblo. Me sorprendió su apología fascista desprejuiciada e ignorante, y me pregunté hasta dónde es capaz de llegar la gente que va por el mundo sin un juicio crítico o una mínima dosis de sensatez. ¿El resultado? Ya ha eliminado su cuenta. Llevo en Twitter desde 2007, cuando en nuestro país era poco más que experimental. Desde que cerré Facebook se convirtió en el vehículo por el cual me comunico con el mundo, y a pesar de todo siempre he mantenido un pudor, unos límites cabales.

2. No voté en las Europeas. En principio, porque se me pasó el plazo, aunque considero que el principal motivo era la falta de interés. Si hubiera estado interesado en ello, el plazo no habría supuesto cortapisas. En cualquier caso, me produjo enorme alegría el resultado electoral: esos PPSOE cayendo a mínimos histéricos y la irrupción del fenómeno Podemos, al que aún asisto con ciertas reservas.

3. Abdicación. No creo que sea tan determinante para nuestro bienestar la figura del Jefe de Estado. No obstante, entiendo el valor simbólico. Las dos Españas, las viejas rencillas. Entiendo, además, que lo de la soberanía del pueblo se va a cagar. No obstante, seamos sensatos. Con un Gobierno de MAYORÍA ABSOLUTA donde el partido es monárquico en su programa, aunque no tenga que ser hipócrita como la oposición, es de lógica que no cambie la forma de gobierno al menos hasta las próximas elecciones generales, donde -ahora sí- si los partidos con un programa republicano obtienen una mayoría podría plantearse este cambio. Ahora mismo, por democracia, nuestro Gobierno es monárquico, guste más o guste menos.

4. No obstante, Referéndum. Creo que 40 años desde el último referéndum, y éste trataba la Constitución, que se vuelva a consultar a la ciudadanía sobre la forma de gorbierno es JUSTO y NECESARIO. De hecho, serviría para legitimizar la figura de Felipe VI porque, a quién pretendemos engañar, España sigue siendo monárquica. Eso sí, dejadme al menos votar, expresar mi deseo. De otro modo, que impongan una monarquía consecuencia directa de una dictadura es, cuanto menos, de dudosa legitimidad.

5. Letizia for president. Tuve la ocasión de coincidir con ella y me pareció una persona normal, sensata, inteligente e interesante. Muy fans. Ah, y le gusta EELS!!

6. ¿Se puede? Podemos ha supuesto un revulsivo, cierto, y despierta la simpatía popular. Sin embargo, está por comprobar si, ahora que está en las grandes ligas, mantiene su espíritu idealista o se deja absorber. Dentro de un año llega la prueba de fuego, y entonces será el momento de hablar de Pablemos con tranquilidad, cuando las aguas se hayan amansado. Mientras tanto, intentemos permanecer impermeables a la Tempestad.

7. De haber votado, lo habría hecho a Primavera Europea.


24 de marzo de 2014

Un ciudadano ejemplar




Estoy en Lisboa porque vivo en Lisboa.
Asisto entre aburrido y atónito al desmembramiento del estado de bienestar. Aburrido porque es más de lo mismo; atónito, porque no me reconozco en esa violencia lacerante política y ciudadana.

Marchas por la Dignidad. Gente que lleva días y días de camino a sus espaldas para llegar a Madrid a reivindicar derechos básicos. Una manifestación que se prevé multitudinaria. Redes sociales que echan humo, medios azuzando al personal. Lo de siempre, vamos. Lo del 22M lo esperaba, como digo, con más aburrimiento que expectativas reales. Mi madre contenta, porque en Lisboa no podré asistir a ninguna manifestación ni, por ende, meterme en problemas. En cualquier caso, nunca lo he hecho; lo de meterme en líos, digo.
La subdelegada del Gobierno de Madrid y el Presidente de la Comunidad de Madrid, entre tanto, escupiendo veneno por sus bocas, preparando el terreno, vaticinando...
Mientras tanto, coordinación, lenguaje inclusivo y otras chorradas (lo siento, odio el lenguajx inclusivx) para intentar cambiar el mundo. Lo de siempre, me digo. Yo formé parte del 15M en su mismísimo origen. Me manifesté en Granada y acampé con otra mucha gente, formé parte de alguna comisión, recibía de manera religiosa las noticias derivadas de las asambleas. Un año después, repetí en Madrid. Y he ido a manifestaciones en días de huelga, manifestaciones por la sanidad y educación públicas, gratuitas y de calidad, me he manifestado por mis derechos y, en definitiva, por mi dignidad.
Como digo, jamás me he metido en problemas. Viví alguna tensión, pequeños roces en el 15M, primera manifestación, cuando una procesión hizo cambiar el recorrido a los manifestantes. Más allá de eso, si he asistido a enfrentamientos o problemas de corte parecido, jamás los he vivido como algo propio.
Creo en el civismo y detesto la presencia insultante de antidisturbios en cualquier manifestación de cualquier tipo cuando no ha habido signos de futuros problemas. Entiendo los mecanismos de seguridad, pero no de represión. Tengo amigos policías. A veces, vestidos de uniforme, cuesta recordar que son los mismos a los que les he dado clase de inglés, los mismos que me cambiaban las horas o cancelaban clases porque les habían puesto una guardia súbita, los mismos que escuchan a Vetusta y Zoé, con los que he compartido aula y correrías infantiles. Cuesta recordarlo, pero es preciso.
El caso es que el 22M. Lo que pretendía ser un recordatorio al Gobierno y a la oposición de que es el pueblo el que debe ser oído se convirtió en un despropósito de proporciones épicas. Si bien la marcha y la participación fueron todo un éxito -una vez más ese baile de cifras-, lo que ocurrió a continuación enturbió los logros que dicha respuesta popular podría -y debería- haberse anotado. Los estallidos de violencia de una minoría en esta ocasión se volvieron más virulentos que en previas manifestaciones de este tipo, y de hecho se ensañaron con policía y antidisturbios de manera desproporcionada. Es la impresión de alguien que no estuvo ahí pero que ha leído y visto testimonios y pruebas irrefutables de esta escalada de violencia.
Soy de izquierdas, pero soy de izquierdas en el sentido de que cada cual debe ser respetado a pesar de su condición, sexo, religión, origen o clase social. Yo siempre he llevado una vida acomodada, sin grandes preocupaciones pero sin grandes caprichos. He sido becario como todo hijo de vecino, siempre me han tratado en la sanidad pública (salvo consultas puntuales para ciertos asuntos urgentes); en definitiva, soy un hijo del estado de bienestar. Es lógico, pues, que cuando empiecen a cargárselo, se me hinchen las venas del tronco de la polla y me dé por protestar.
No obstante, una cosa es la protesta y otra, la guerra. Ya sabemos quiénes son los violentos. El señor que viene de Burgos andando no se va a liar a pedradas con la policía porque lo que a él le interesa es hacer oír su problema y su lucha, su frustración y su miedo. No le interesa hundir más el estado de bienestar. Y ahí están, entre la multitud todos con capuchas, con gorros, cobardes, antisistemas, anarquistas redomados que creen que esto es su juego político. Estúpidos niñatos vagos que sólo buscan hundir el sistema por hundirlo, aprovechándose de paso de los sueños de todos los señores de Burgos que vienen a pie a Madrid a protestar por un sueldo digno, una educación pública de calidad, una sanidad humana, un estado justo.
Me entristece que muchos de los acomodados de izquierdas, como yo, se amparen tras esos violentos y participen del juego de los ladrillazos y la lapidación pública. Si en lugar de un muchacho que aprende inglés en su tiempo libre y que viste uniforme reglamentario hubiera una adúltera en medio de la plaza, nos espantaría la imagen. El problema, pues, no es tanto la presencia de violentos, pues siempre la ha habido, sino la ausencia de moral del ciudadano medio, que en lugar de denunciar la violencia la azuza, y grita a la policía, que es el estado de bienestar, y puede que lance adoquines.
Soy un ciudadano ejemplar, me digo. Estoy lejos, y es fácil opinar desde lejos. Sin embargo, yo lo que he visto este fin de semana ha sido una violencia inaudita contra una autoridad que pretende preservar una seguridad necesaria. Si todos los ciudadanos ejemplares vinieran a pie de toda España para manifestarse en Madrid y, al llegar ahí, alguien tratara de cargarse su manifestación a ladrillazos, dónde queda el espacio para reivindicar nada, ¿no sería lógico que les pararan los pies a la mínima expresión de violencia? Fuera de sensacionalismos, ¿no está el ciudadano ejemplar desvirtuando la naturaleza de su protesta legítima al dejar que esos brotes de violencia vayan a más? ¿A qué huelen las nubes? ¿Qué hay del ciudadano ejemplar que resulta llevar uniforme reglamentario en el trabajo? ¿Es él el cabeza de turco? ¿No está claro que los violentos han mostrado sus cartas?
Siento que ese ciudadano ejemplar de Burgos, al llegar a Madrid, sienta la tentación de agarrar un ladrillo y lanzárselo a un policía herido entre dos parterres, porque así es como se protesta en Madrid, ¿no? A los violentos y a todos los ciudadanos ejemplares que siguieron sus pasos tras una protesta ejemplar y multitudinaria: estúpidos, menuda lección de democracia.
Menuda lección de dignidad.

13 de noviembre de 2013

Proyectos literarios en curso

Me he propuesto sólo una cosa de mi experiencia lisboeta: volver con dos novelas terminadas. Teniendo en cuenta que tengo al menos seis o siete proyectos en mente, debería ponerme en serio y cerrar dos de ellas. Así, voy a hacer recuento de todas las novelas en las que trabajo o he trabajado de un tiempo a esta parte:

1. A Road Novella: la historia de Anna y Alvy, ese viaje de descubrimiento, de locura, de sexo, droga y rock and roll a través de una Europa extraña y fantástica. Lo que comenzó como un divertimento se ha convertido en uno de los proyectos más divertidos e interesantes en los que me he embarcado. Tuve una idea para reinterpretar lo que había escrito hasta la fecha, y aunque supondrá mucho trabajo adicional, me siento capaz de terminar un producto gamberro, divertido y muy juvenil. Posmodernidad a saco, claro está, en esta novela adulta.

2. La extinción de los dinosaurios: la última novela que he comenzado se trata de una novela infantil. La historia de cinco ancianos de cien años que emprenden la aventura de sus vidas en un viaje para ayudar al nieto de uno de ellos. Es divertidísimo trabajar en esto, lograr un tono alucinado, inocente y tierno, e idear todos los absurdos de la literatura infantil sin tomar por estúpidos a mis lectores. Barajo la posibilidad de una segunda novela-continuación, aunque aún se trata de una idea muy verde.

3. Queridos niños: mi proyecto gordo, la obra magna, la novela gracias a la cual entré en la Residencia de Estudiantes, que apenas he tocado desde entonces por la complejidad formal de la propuesta. Este mundo sin adultos con su homenaje a la literatura de género me provoca igualmente amor y terror, porque supone una implicación demasiado elevada. Supongo que, llegado el día, concluirá, y por ella habrán pasado vidas y vidas y personas. Los protagonistas son niños, sí, pero los conceptos que trata y el desarrollo de la técnica la acerca más a un tipo de lector con ganas de afrontar retos literarios.

4. Los siete eternos: tras acabar El Desencantador, tuve claro que era el momento de expandir ese universo, pues había creado una mitología rica que daba mucho juego. Además, la intención era acercarme a un perfil de lector mayor, más cercano a la veintena que a la propia adolescencia, así como un giro de la fantasía a la ciencia-ficción. Esta novela de héroes y villanos se aproxima más a X Men o a Chronicle que a la novela de la que parte, y puede funcionar muy bien.

5. En el desván: novela infantil sobre magia y brujas, también primera parte de una saga. Aunque en este caso trataré de alejarme de temas peliagudos (principal pero que se le puede poner a la literatura infantil), el tono ha virado a una oscuridad que en principio no pretendía. Además, entra en juego la complejidad estructural de una saga plagada de saltos en el tiempo y decisiones locas, como que todas las novelas tengan una revelación bomba y terminen en jugosos cliffhangers.

6. Librojuego: nuevo proyecto en el que me embarco. Aún no sé casi nada, aunque es a todas las luces uno de los retos que más dolores de cabeza me van a provocar. Sólo por el hecho de la estructura me costará la vida. Sólo tengo un par de ideas generales que pueden dar mucho juego en el planteamiento inicial, aunque tengo que desarrollar la historia que quiero contar.

Que recuerde, estos son los proyectos en los que trabajo en la actualidad. Como veis, hay un poco de todo, muchos puntos en común y un enfoque cada vez más claro hacia lo infantil-juvenil, aunque todo se andará.

25 de marzo de 2013

À Paris



Un día puede cambiar tu vida. Una persona puede cambiar tu vida. Pero, ante todo, una ciudad puede cambiar tu vida. Llegué a París una noche de otoño tras cinco días de carretera ininterrumpida. Encontré al poco, gracias al amigo de una amiga, casa que compartir con dos griegos y una italiana escultora en la Rue Rivoli. El piso estaba lleno de cuerpos a medio modelar, de cuadros de desconocidos, cojines y pufs donde pasar las horas.
     En cualquier caso, yo no había ido a París a convertirme en un cliché. Amaba el arte por encima de todas las cosas, y la fantasía de recorrer el Louvre como en una peli de Godard, de visitarlo a diario, al fin estaba a punto de hacerse realidad.
     La primera vez que visité el museo fue bastante decepcionante. Todo era tan ordenado, tan metódico, tan ASÉPTICO que apenas percibí la magia del lugar. A pesar de todo, volví al día siguiente y me fui alejando del grupo poco a poco. Así, progresivamente comencé a idear un plan para cumplir mi sueño. Cuando cerró el museo al séptimo día de mi llegada, en lugar de irme como hacían el resto de los visitantes, esperé a que se produjera el cambio de guardia. Un señor corpulento, de nariz grande y espalda ancha, salió y saludó a un joven que fumaba indiferente en una de las puertas traseras. En cuanto se apretaron las manos, la diferencia entre ambos se hizo casi irrisoria.
     Yo observé en silencio hasta que el joven entró. El grandullón de miró con desinterés y se alejó con su lento caminar. Entonces, procedí. Golpeé con los nudillos hasta que abrió el joven vigilante. Me fijé en el revólver que le asomaba junto al cinturón y en la placa con el nombre.
     -¿Qué quieres? -preguntó en francés. 
     -Hola, me llamo Verónica y voy a hacer que pases la mejor noche de tu vida si me haces un favor.
     -Buenas noches -se limitó a decir, y cerró en mi cara.
     -¡Pascal, Pascal! Si no me abres, jamás sabrás como podría haber sido esta noche y cuando seas viejo y estés echando de comer a los patos del parque te acordarás de mí, de las largas horas de aburrimiento y te maldecirás por no haber aceptado mi propuesta. Pero entonces será demasiado tarde y no podrás volver a este momento, y lo lamentarás para siempre.
     Esperé unos segundos eternos a la espera de cualquier respuesta. Al fin, la puerta cedió unos centímetros.
     -¿Qué favor? -preguntó.
     -Déjame entrar. Te contaré una historia por cada cuadro, te cantaré canciones que nadie conoce, nos reiremos de la Gioconda y haremos un picnic en la sala Van Gogh. ¿Qué me dices? 
     -Anda, pasa -dijo, y dejó escapar un profundo suspiro.
     Nada más entrar, eché a correr por los pasillos mientras perdía de vista a Pascal, que me llamaba y preguntaba mi nombre con pánico en la voz. “¡Verónica!”, gritaba yo a todos los cuadros.       Me detuve frente a la Gioconda, menuda, inocente, intrigante. 
     -Querida, me llamo Verónica. Ha sido un placer dar contigo al fin. Sshh...el guarda no me quería dejar entrar. ¿Sabes qué? Creo que está celoso. Estos franceses... No te muevas, te voy a dibujar. 
     Saqué un carboncillo y un cilindro de papel grueso y esbocé sus piernas. Le dibujé unas piernas a la Gioconda. “Por si algún día te cansas y prefieres huir”, le expliqué. Casi no me di cuenta de que Pascal nos observaba en silencio al otro lado de la galería. Sonreía. Entonces saqué una Polaroid y eché una foto de nosotros tres. Y fuimos a la sala Van Gogh, donde cenamos unos sandwiches vegetales y vino tinto, y brindamos por el pintor pelirrojo, que murió sin haber vendido ni uno de sus cuadros. Pascal y yo acordamos algo: le visitaría todos los lunes hasta contarle una historia por cuadro, cenaríamos juntos y beberíamos vino francés de la botella. Al despedirme, le di un beso en la mejilla y tiré de mí para llegar a la salida corriendo. Entonces, lo besé en los labios.
     Salí de allí a las seis o siete de la mañana, no sé bien, y llegué andando a la calle Lepic. A unos metros me observaba un perro pequeño, gordo y gracioso. Le asomaba la lengua por el lado. Adopté al carlino y lo llamé Poulain. Ésa fue la primera gran noche de mi vida.

23 de febrero de 2013

Ventajas de ser un marginado

Imagina la adolescencia. Imagina el desconcierto. Trata de pensar en alguna representación que se le aproxime con justicia, con honestidad, sin reparos.
The Perks of Being a Wallflower es una novela de 1991 escrita por Stephen Chobsky, quien ahora, veinte años más tarde, nos trae la adaptación de su propio libro. Y cómo lo encara. Cómo lo afronta. Cómo sale de una pieza de la afrenta.
I. EL TONO
Podría Chobsky haber optado por la idealización rayana lo salvaje que supone Skins, serie de televisión británica donde abundan el sexo, la droga y el rock&roll. Esa exaltación vital es digna de admiración, pero se pierde en sus propias pretensiones dramáticas y a veces cae en el absurdo. Podría Chobsky, igualmente, haberse acercado desde la perspectiva dócil e inocente de otros productos audiovisuales, véanse Aquellos maravilosos años o, más actual, Dawson's Creek, si bien estas representaciones adolecen de aproximarse al culebrón simple y a la labor adoctrinante que tradicionalmente ha tenido la ficción adolescente. No obstante, el autor de la novela opta por abrazar el tono del marginado, del inadaptado en el peligroso ecosistema que suponen el instituto y la vida familiar (los referentes son amplios, desde el Holden Caulfield de Salinger a las Chicas malas de Tina Fey). En cuanto a estos seres salidos de otro planeta, aquellos pardillos o pringados, existen auténticas filmografías dedicadas a ellos: desde Napoleon Dynamite al mayor referente y más compleja visión del espectro nerd como es otra serie de televisión, Freaks and Geeks (Judd Apatow, 1999). También me vienen a la cabeza Thirteen, C.R.A.Z.Y., 10 razones para odiarte... Sin embargo, el sello de autor en la representación de esta etapa tan convulsa, lejos de polémicas y los manidos tópicos de siempre, lo puso la también televisiva My So-Called Life con unos jovencísimos Claire Danes y Jared Leto.
II. LA PELÍCULA
¿Qué puede aportar a estas alturas Las ventajas de ser un marginado? Verdad y emoción, que parece fácil. Referencias pop. Buena música. La historia de tres chicos que se conocen en el instituto y aprenden juntos, de la mano, no sólo a vadear el sinuoso camino de la adolescencia, sino de oscuros pasados cargados de traumas personales. Charlie entra en el instituto, primer año, y no tiene amigos, no conoce a nadie, es un pardillo. De su marginación lo saca Patrick, un extrovertido estudiante de último año, y la hermanastra de éste, la inefable Sam. Los tres celebran una amistad intensa entre fiestas, cintas de música y pases nocturnos de The Rocky Horror Picture Show. Triángulos amorosos, literatura, expectativas, miedo. Carreras en la noche.
III. LOS RESPONSABLES
Del director ya hemos dicho que se trata además del autor de la novela en su segunda incursión en el cine. No es particularmente hábil, pero sabe dar con la poesía y la honestidad que requiere la historia. En cuanto al casting, es sin duda alguna el gran acierto de la película, desde una Emma Watson que se quita de encima el lastre de Hermione a pasos de gigante, al protagonista, Charlie (Logan Lerman, que también se aleja de su Percy Jackson con entereza) sin olvidar a la auténtica revelación, un Ezra Miller descarado y divertido que ya protagonizó la reivindicable Tenemos que hablar de Kevin. Eso, por la parte adolescente; en cuanto al sector adulto, una galería de secundarios eminentemente televisivos que llenan de contundencia una cinta producida por John Malkovich: Paul Rudd, Kate Walsh, Dylan McDermott... De la música, otro personaje en la película, se encarga Michael Brook.
IV. ÉXITO
La película viene precedida por la enorme repercusión de la novela, por las expectativas puestas en el casting y una campaña promocional centrada en la parte positiva que desprende la historia. No obstante, sorprende que las tramas que confluyen en la película tengan un reverso mucho más oscuro de lo habitual en el género. Sin desvelar nada, diré que existe algún que otro giro de guión, alguna revelación que lo transforma todo, y en un cine tan acostumbrado a dejarse llevar, es de agradecer. Ésta es la historia de un grupo de inadaptados en la etapa vital más compleja y determinante en la formación humana. Bailan, estudian, escriben, van a fiestas, aman, descubren, redescubren, conducen, vuelan, son infinitos.