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23 de marzo de 2013
Soleá
A mí no me gustaba el flamenco, lo juro. Quien me conoce lo sabe.
La culpa de que me guste la tienen Lorca y Enrique Morente, o así, los dos juntos.
La cuestión es que yo, seguidor del granaíno desde que descubrí Omega, su disco revolucionario del flamenco junto a otros de Granada, los Lagartija Nick, empecé a devorar todo lo que tenía relación con esta familia. Así descubrí a Estrella, la hija mayor de Enrique, en especial su disco Mujeres, que establecía un homenaje a grandes damas de la canción, desde Rocío Jurado a Nina Simone. Cuando el cantaor murió hace un par de años y pico, recuerdo que me dio duro, que fue un día de altibajos, que me fui a la calle, a las calles de Granada, a escuchar ese Omega que se me antojaba doloroso y funesto. La aurora de Nueva York se estremecía, la Aurora de Granada temblaba. Creo que lloré por las calles del Realejo y por el centro.Y hace un año llegaron los mismos Lagartija, los mismos Planetas que habían transformado el flamenco en progressive rock, los mismos que habían acercado estos palos a los palacios de música, a los festivales, a homenajear al maestro con un disco imprescindible y bajo una nueva composición, Los Evangelistas: Homenaje a Enrique Morente.
La cuestión es Soleá Morente, ay Soleá. Una amiga de Granada decía haber jugado con ella de chicas en la calle. Nadie conocía a Soleá, y de repente ha eclosionado. Su padre le tenía un disco prometido cuando terminara la carrera, Filología Hispánica. Pero murió. Murió y nos dejó conmocionados, y en la BSO de uno de los documentales sobre el cantaor tuve la ocasión de descubrir a Soleá cantando una de las canciones más hermosas que se han escrito en español, Palabras para Julia. Quería más. Queríamos más. Empecé a buscar sobre ella, sobre sus proyectos, sobre sus posibilidades. Descubrí que es hermosa, con esa belleza racial y felina de las gitanas, con la misma elegancia de Estrella, con Granada en los dedos, con Morente en la sangre. Que su voz es la más dulce de la familia. Que, además, se atrevía con el teatro.
La vi en la última representación de Yerma en Madrid como la novia joven y enamorada que termina de abrir los ojos a Yerma. Otra vez, de nuevo, Morente y Lorca. Antes hacía coros para su padre, para su hermana, cantaba para los propios Evangelistas en algunas canciones del disco homenaje... Pero Soleá necesitaba su disco, está claro.
Ahora, un año más tarde, tras estar en Yerma con la música de su padre y permitirse saborear los escenarios, se anuncia nuevo disco de los Evangelistas, y si en el otro contaban con Soleá y Carmen Linares, en este nuevo trabajo se desviven por ella y se alejan del flamenco para regalarnos un trabajo más próximo al pop planetil, al pop de la Bien Querida, que a otro estilo. Sirva este botón de muestra, porque los veo reventando festivales. Tal y como fui a verla en teatro por saber cómo era en persona, hace unas semanas fui a ver a su hermana Estrella al Teatro Real de Madrid, y sucedió algo extraño y mágico. Llegué con poco tiempo, vale, y busqué la entrada para el público. Justo iba a entrar cuando me llamaron por teléfono. Mientras hablaba y daba vueltas en círculos vadeando preguntas e historias levanté la mirada y te vi. Soleá, estabas en la puerta con un hombre que te dejó un momento sola. Estábamos a poco más de un metro. Me pareciste insultantemente hermosa, mucho más que de lejos, mucho más alta, inaccesible. No te hablé, pero lo tuve claro. Cali, la protagonista de Queridos niños, de mayor será como tú. Cuando tenga veintitrés o veinticuatro años será como tú, con tus ojos, con tus pómulos.
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30 de junio de 2012
Y volver, volver, volver...
| Elena Bugedo en su noche vintage |
Es que es matemático. De las cuatro veces que he vuelto a Granada desde que la dejé tras seis años de adopción, las cuatro me he encontrado con algún alumno o alumna con el que he tenido a bien hablar de cuatro trivialidades, profesores, notas, perspectivas de futuro. Me encanta.
Luego quedé con Jesús, con quien ya había quedado la última vez que bajé, y esta vez sí pude enseñarle "Sostiene Pereira...", una pequeña librería de segunda mano en un extremo de calle Elvira, nada del otro mundo, aunque fue ahí donde compré por primera vez un libro de Javier Egea. Además, como pequeño homenaje aparece maqueada en El Desencantador.
| Marga, que canta y me encanta |
Van Gogh. Sí, acabamos ahí de cervezas. Cuando sales por Granada, puedes arriesgarte a meterte en uno de los mil garitos o apostar sobre seguro: Van Gogh, Ruido Rosa, Tornado... ahora han abierto el Hendrix donde el difunto y recordadísimo Lobos. En cualquier caso, le debo a Granada una noche en vela, de esas de salir de la Vogue o la Booga a las cinco o seis, comer algo y subir a San Nicolás a ver amanecer, comer churros con chocolate en Bib-Rambla o el Café Fútbol y caer muerto en la cama. Más tarde que temprano tendré que hacerlo ya que no cumplo mi propósito de subir al mirador cada vez que voy a Granada.
| Un portal a la derecha me proveyó de internet el año pasado |
| El mejor Kebab de Granada está en Alhamar |
Pero es lo que le decía a Jesús. La sensación de extrañeza al volver a una ciudad donde has vivido (en mi caso, hace un año) y que cambia sin que tú puedas hacer nada por retener ese cambio. Tal vez recordar lugares y momentos que cambiaron tu vida, porque Granada cambió tu vida como Madrid no lo ha hecho. Aún.
14 de marzo de 2012
Saudade
que no os engañen, los pasteles más ricos del mundo están en Lisboa
Atardece en el Mirador de Graça.
Hay una chica con gafas de pasta, habla en inglés con una pareja. Dice que su compañera de piso también es americana, se dan el número de teléfono. Bebe una Cocacola light y escribe en su Moleskine. Me dijo una amiga que fuera a Graça, que ahí es donde se reúnen los gafapasta de Lisboa a pasar el rato; me dijo que me pidiera algo, y observara. Me pedí algo (un Sprite, ¿te da igual Seven Up?) y observé. La luz naranja, la cara más desconocida del castillo de San Jorge, las últimas horas del día en el Alfama. Por un momento, era como estar en Granada, en el Mirador de San Nicolás, la Alhambra de fondo, nosotros tan naranjas, la ciudad tan abajo, todo tan igual. Porque el Alfama es como coger el Albaycín y Lavapiés y pasarlos por la batidora y dejar hacer a fuego lento. Porque el Alfama es el barrio que toda ciudad debería tener. Yo también escribo. Escribo poemas de desamor (¿de qué si no? ¿de quién si no?) y leo. Leo "Fabulosas narraciones por historias" de Antonio Orejudo. Es extraño leer un libro que transcurre en el lugar donde vives: el comedor donde comes, el salón donde asistes a conferencias, las habitaciones donde exprimes la experiencia. Es más extraño leerlo en Lisboa con la última luz naranja-rojiza. En Lisboa descubrí que mi voz es rojiza. Yo quería que mi voz fuera amarilla, pero no podemos escoger el color de nuestras voces. Sólo las personas especiales pueden ver el color de las voces. (Re)descubres una persona así en Lisboa, y todo adquiere color.
Cada ciudad tiene una música, y Lisboa tiene la suya, pero no es el fado. Eso sería lo fácil. Para mí, Lisboa sonará a David Fonseca, alias el portugués, y a Nina Simone y a Ellos. A muchas más canciones que saltaban de manera aleatoria, pero ver el río con el Fonseca y su Kiss me, oh, Kiss me, y Nina Simone haciendo discursitos sobre lo mal que está el racismo, y, y, y. Lisboa en las puertas. Los lisboetas son buenos. Eso me quedo. Todos se prestan a ayudarte. Son amables, te entienden aunque sólo sepas decir obrigado en portugués.
Y las cuestas, las escaleras sin fin, las laderas que suben y bajan, porque en Lisboa no hay líneas rectas entre dos puntos. Sí hay puntos sin parangón, sobre todo los miradouros, pero también calles perdidas con graffitis y frases y stencils, esos pequeños detalles que le dan vida a las ciudades. Yo, que tengo una enfermedad a la que no se le ha dado nombre aún, la obsesión con mirar las paredes, encuentro de repente todos los síntomas. Otros puntos son los obligatorios, la iglesia más bonita del mundo, con el cielo abierto al Cielo, la Historia condensada en un café, la falsa orilla del falso mar, el atardecer que sube como la marea inexistente.
Porque Lisboa tiene cadencia y decadencia, no hay más que salir de noche por el Barrio alto, no hay más que ir a su rastro de la ladrona, no hay más que dejarse embobar por los ritmos de fado, por el olor a sardinas asadas, por su ingente festín de sabores. Hay en Granada un bar donde la cocinera es portuguesa. Es, con toda probabilidad, uno de los mejores de la ciudad: bacalao de mil maneras, salsas múltiples para el pollo y, cómo no, la indiscutible presencia del picante. La brasa, la salsa, el arroz. Comida que sabe a mamá. Una ciudad que me sabe a Granada, y eso, estarás conmigo, eso es MUCHO decir. Debo volver.
Y volveremos juntos, y seremos más y seremos más grandes.
Hay una chica con gafas de pasta, habla en inglés con una pareja. Dice que su compañera de piso también es americana, se dan el número de teléfono. Bebe una Cocacola light y escribe en su Moleskine. Me dijo una amiga que fuera a Graça, que ahí es donde se reúnen los gafapasta de Lisboa a pasar el rato; me dijo que me pidiera algo, y observara. Me pedí algo (un Sprite, ¿te da igual Seven Up?) y observé. La luz naranja, la cara más desconocida del castillo de San Jorge, las últimas horas del día en el Alfama. Por un momento, era como estar en Granada, en el Mirador de San Nicolás, la Alhambra de fondo, nosotros tan naranjas, la ciudad tan abajo, todo tan igual. Porque el Alfama es como coger el Albaycín y Lavapiés y pasarlos por la batidora y dejar hacer a fuego lento. Porque el Alfama es el barrio que toda ciudad debería tener. Yo también escribo. Escribo poemas de desamor (¿de qué si no? ¿de quién si no?) y leo. Leo "Fabulosas narraciones por historias" de Antonio Orejudo. Es extraño leer un libro que transcurre en el lugar donde vives: el comedor donde comes, el salón donde asistes a conferencias, las habitaciones donde exprimes la experiencia. Es más extraño leerlo en Lisboa con la última luz naranja-rojiza. En Lisboa descubrí que mi voz es rojiza. Yo quería que mi voz fuera amarilla, pero no podemos escoger el color de nuestras voces. Sólo las personas especiales pueden ver el color de las voces. (Re)descubres una persona así en Lisboa, y todo adquiere color.
Cada ciudad tiene una música, y Lisboa tiene la suya, pero no es el fado. Eso sería lo fácil. Para mí, Lisboa sonará a David Fonseca, alias el portugués, y a Nina Simone y a Ellos. A muchas más canciones que saltaban de manera aleatoria, pero ver el río con el Fonseca y su Kiss me, oh, Kiss me, y Nina Simone haciendo discursitos sobre lo mal que está el racismo, y, y, y. Lisboa en las puertas. Los lisboetas son buenos. Eso me quedo. Todos se prestan a ayudarte. Son amables, te entienden aunque sólo sepas decir obrigado en portugués.
Y las cuestas, las escaleras sin fin, las laderas que suben y bajan, porque en Lisboa no hay líneas rectas entre dos puntos. Sí hay puntos sin parangón, sobre todo los miradouros, pero también calles perdidas con graffitis y frases y stencils, esos pequeños detalles que le dan vida a las ciudades. Yo, que tengo una enfermedad a la que no se le ha dado nombre aún, la obsesión con mirar las paredes, encuentro de repente todos los síntomas. Otros puntos son los obligatorios, la iglesia más bonita del mundo, con el cielo abierto al Cielo, la Historia condensada en un café, la falsa orilla del falso mar, el atardecer que sube como la marea inexistente.
Porque Lisboa tiene cadencia y decadencia, no hay más que salir de noche por el Barrio alto, no hay más que ir a su rastro de la ladrona, no hay más que dejarse embobar por los ritmos de fado, por el olor a sardinas asadas, por su ingente festín de sabores. Hay en Granada un bar donde la cocinera es portuguesa. Es, con toda probabilidad, uno de los mejores de la ciudad: bacalao de mil maneras, salsas múltiples para el pollo y, cómo no, la indiscutible presencia del picante. La brasa, la salsa, el arroz. Comida que sabe a mamá. Una ciudad que me sabe a Granada, y eso, estarás conmigo, eso es MUCHO decir. Debo volver.
Y volveremos juntos, y seremos más y seremos más grandes.
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29 de diciembre de 2011
2011 (V): Cultura
Bien. Hagamos un repaso rápido de lo que ha dejado el año en materia cultural. Empecé leyendo a Hemingway con el firme propósito de leer tan sólo libros ejemplares, obras maestras, la excelencia literaria. Luego, claro está, la cosa derivó en otra historia. No obstante, puedo afirmar con toda seguridad que he leído también libros maravillosos este año.
Para empezar, la cuarta novela de Ricardo Menéndez Salmón, La luz es más antigua que el amor, que tiene la capacidad de atar los cabos sueltos que fue arrojando el autor de Gijón en sus novelas anteriores. La historia de varios creadores abocados a ser leyendas o a la destrucción más inmunda, el mal en todas sus formas, una suerte de locura, distintas corrientes ideológicas. Metaliteratura, riesgo, intensidad y altura. permítanme afirmar que no existe en este momento en España autor más completo y complejo que Menéndez Salmón. Además, una estupenda noticia nos alegraba aún más el año a sus agradecidos lectores: Seix Barral iba a publicar también las primeras obras del autor, que pertenecían a otra editorial, para que formaran parte de esta exclusiva colección. Se tratará probablemente La noche feroz de mi primera compra de 2012, y con toda seguridad no me acabará defraudando. Es mucha la fe que tengo puesta en este hombre.
La otra gran novela que leí este año es obra de un autor con similitudes estilísticas bastante claras con el gijonés. Se trata de El ladrón de morfina de Mario Cuenca Sandoval. He de decir que me apasionó su prosa cuidada y delicada, casi poética en un lugar tan oscuro como una guerra. Y sus personajes, outsiders entrañables a los que queremos salvar, a quienes queremos acompañar al final, porque eso querrá decir que han llegado al final. Me ha entusiasmado, lo digo de veras.
Otro libro con el que estaba desde principios de año sin demasiada pasión, leyendo como por inercia, era el loado en todas partes Cosas que los nietos deberían saber de Mark Everett, cantante de Eels. Además de una maravillosa música, recuerdo una suerte de memorias entrañables y divertidas, una galería de novias locas e intentos fracasados de cumplir sueños, reveses de la vida ante los cuales Everett decide agachar la cabeza y embestir. Un libro que, con el tiempo, va creciendo en el lector con su sencilla lección vital.
También me ha fascinado el descubrimiento de otro autor, en este caso casi desconocido para el gran público, y sin embargo con un estilo tan definido, también entre la crónica, las memorias y la fábula, y es que leer la vida de Mauricio Wiesenthal supone la aventura de no saber dónde empieza la ficción y termina la biografía, porque por sus libros pasean las grandes leyendas de todas las artes, los mejores escritores, las estrellas de Hollywood, científicos, cantantes, pero también gitanos nómadas, soldados comunistas y lo menos granado de la Europa más pobre. Un autor muy a tener en cuenta.
Eso en cuanto a literatura, porque el arte que más he disfrutado ha sido sin lugar a dudas la televisión. He recuperado "clásicos" como Las chicas Gilmore en pequeñas maratones divertidísimas o The office, y aún voy por la quinta temporada. Sin embargo, los mayores placeres viene de Reino Unido, como viene siendo costumbre: Black Mirror, emitida hace unas semanas con sólo tres episodios de los cuales dos son prácticamente perfectos; Skins con su quinta temporada y tercera generación, que nos trajo a la deliciosa Frankie y una pandilla algo desvirtuada que, sin embargo, nos ha brindado grandes momentos; Doctor Who siempre es un acierto, y este año entre el Silencio y River Phoenix la temporada ha sido de aúpa, desde un comienzo de infarto a una finale donde se cerraba una trama tan bien hilada; no me olvido, cómo hacerlo, de la serie hija, Torchwood, que en su periplo americano nos ha regalado una cuarta temporada excelente. Sólo por el hecho de devolver a Lauren Ambrose a la televisión, me tenían ganado, y si bien lo tenían crudo para superar esa genialidad que fue Children of Earth, Miracle Day ha explorado un amplio abanico de posibilidades ante un punto de partida muy, pero que muy potente. Claro que no podemos obviar ficción americana (la producción es mejor, es inevitable) como The Good Wife, cuya segunda temporada he saboreado poco a poco, o American Horror Story, el descubrimiento de este año, la serie con más ritmo que hemos visto en muchísimo tiempo. Una locura que nos ha recuperado a otro de los Fisher, la enorme Frances Conroy, o a la mejor Jessica Lange.
No obstante, lo que me apetecía este año eran comedias, y he seguido con ellas a muerte. He descubierto la más hilarante, como no podía ser de otro modo, inglesa: Miranda. Las vidas y obras de esta cómica no muy agraciada son de lo mejor que ha parido la comedia así, en general. Luego están los estrenos americanos como 2 broke girls, para mí la revelación del año en comedia, la extraña New Girl con Zooey Deschanel en su máximo exponente y el perro verde hecho por y para Laura Dern nada más y nada menos que en HBO, Enlightened, que aunque me costó al principio, ha ido escalando. Estas son mis series de este año, así como las que veía antes. HIMYM, que se encuentra en un momento excepcional en el que explotan el drama y la narración con mayor acierto que nunca; Misfits, que va a menos en picado con un por decisión tanto de los actores como de su responsable. Un final a tiempo es una victoria. Seguro que sigo más, pero ahora no me acuerdo.
Pero en cine hay más donde rascar. Cuando lanzo la vista atrás me acuerdo de las películas que más me han convencido este año. Sorprendentemente, hay una comedia entre ellas, La boda de mi mejor amiga, con una robaescenas de primera como es Melissa McCarthy, por quien estoy desarrollando una admiración sin parangón. Muy divertida la comedia Apatow menos Apatow (la parte de los vestidos de novia es desde ya uno de los momentos cómicos de la década). Si nos ponemos serios, habría que afirmar que la mejor película del año es El árbol de la vida por su atrevimiento formal, conceptual y narrativo. Porque no es cine ni es poesía: es vida, joder. Y eso no se había hecho, y es el puto 2011. Bien por Malick. Y la nueva de Woody Allen, tal vez demasiado evidente, demasiado fácil, pero muy, muy entrañable que hace soñar al espectador. Otro clásico que demuestra que está mejor que nunca es Polanski, que en 2011 nos trae la divertidísima y tensa Un dios salvaje. Menudo reparto, menuda dirección de actores. Luego está Melancolía, un paso atrás en la filmografía de Von Trier después del atrevimiento que supuso la fallida pero ambiciosa Anticristo. Es como si el director diera dos pasos hacia delante y uno atrás, por muy bien que estén sus actrices. Si de nombres va la cosa, el cine español tiene los suyos. Tiene por encima de todos al manchego más universal, que en esta ocasión nos trae la controvertida La piel que habito, una historia de venganza que se atreve a desglosar la narración y moldearla a su antojo para dejar atónito al espectador. El poderío visual de Almodóvar sigue siendo deslumbrante, y el compromiso de sus actores, envidiable. Una película para reivindicar. Otro director español que vuelve con acierto es Sánchez Arévalo, que se lanza por primera vez de lleno en la comedia con Primos, la película más fresca y positiva del año. Disfruté mucho, a pesar de su evidente moñez, One day, con Jim Sturges y Anne Hathaway convertidos en la química hecha carne, la pareja y el amor o el sexo; ellos salvan toda la película. Otra disfrutable, el blockbuster del año Super 8 como homenaje al cine de los ochenta que todos hemos visto y ha fundado a una generación. Para cerrar con buen sabor de boca mientras nos llega Extraterrestre, el nuevo proyecto del siempre sorprendente Vigalondo, podemos irnos con la última de Balaqueró en si cinta menos personal, Mientras duermes, con la maravillosa interpretación del talentoso Luis Tosar. Y ahora sí, para acabar, me gustaría hablar de otra joya británica que nos llegó hace unos meses con su mezcla de distopía y acronía, Never Let me Go, la historia de amor y ¿ciencia-ficción? más bonita en años gracias a unos Andrew Garfield, Keira Knightley y, sobre todo, Carey Mulligan.
TOP TEN ESCUCHAS 2011
Amy Winehouse
Nina Simone
Enrique Morente
Zahara
Damien Rice
Micah P. Hinson
Adele
Janis Joplin
Bebe
Florence + the Machine
| Jota de los Planetas |
| Con Noni, de Lori Meyers |
Que se lo digan si no a los músicos de Granada, que tuvieron que sacar adelante la iniciativa Granada en Off porque el ayuntamiento está haciendo la situación insostenible, y en lugar de apoyar la música en directo, con la interminable cantera musical que ha parido la ciudad de la Alhambra, se dedican a cerrar salas de conciertos y baretos donde pinchan música de ahí. Granada en off comenzó con un Festival gratuito para todo el que quisiera con un cartel de lujo (Lori Meyers, Los Planetas, Lagartija Nick, Napoleon Solo, El Puchero del Hortelano...) tras el cual leyeron un manifiesto que se puede resumir en el lema "La música es cultura, no delito", y es que recordemos que el consistorio municipal ha prohibido la música en la calle. Durante este curso han estado presentes, ya como asociación cultural en el Festival Internacional de Jóvenes Realizadores y ahora vuelven a las andadas con "Granada en on", una iniciativa para acercar la música a los colegios. Bandas granaínas dan conciertos en colegios para los chavales, todo esto gratis, claro. Lo importante es reivindicar la importancia de la música en una ciudad tan musical, y lo importante es también la magnífica experiencia de poder entrevistar a todos estos artistas y fotografiar la magia del momento con pase de prensa. Granada es mucha Granada.
23 de diciembre de 2011
2011 (I)
Supongo que, de un tiempo a esta parte, cada vez se hace más fácil aprender, o tal vez no fácil, pero sí más necesario avanzar. Se puede decir que este año he logrado varias cosas: convertirme en profesor y, por qué no decirlo, en escritor. Ambas cosas me han costado. Ha sido sin duda un año de transición a la vida que me espera de ahora en adelante, y puedo alegrarme de decir que soy yo quien escribe esta vida. Que yo tomo mis decisiones.
Voy a hacer un breve resumen del año con los acontecimientos más importantes, esto es, los que más recuerdo o más me han marcado. Esta vez no dejaré todo para Nochevieja, prefiero derramar el 2011 por entregas, y supongo que lo primero es lo primero: la vida.
Enero comenzó con la visita de Eleanor a Granada: tapas, paseos, visitas, excursión a la Alpujarra... días brillantes, de azul eléctrico y amarillo para comenzar el año desde lo alto.
Le siguieron días grises de hastío arrastrados por las clases en el Máster de Profesorado, con toda probabilidad las clases que menos me han motivado en mi vida académica, lo cual es bastante paradójico, dado que el contenido de las materias se centraba en cómo hacer llegar el material a los alumnos de forma entusiasta, esto es, en motivarlos. No obstante, el Máster trajo consigo personas grandes que me hicieron la vida más fácil. Pienso en Ana o David, por ejemplo. Y es que los amigos han sido quienes me han salvado los días negros, quienes han sabido hacerme redescubrir Granada sin prejuicios, amigos erasmus, amigos internacionales que me han llevado de fiesta día sí y día también por el Albaycín, los bares de tapas de la Plaza de Toros, las pintas en el Hannigan's o a las jam sessions de la Booga: Katie, Ulie, Joni, Clark, Lorenzo, Pauline... amigos con quienes redescubrir el mundo y ser feliz sin pensar en nada más. Amigos a quienes echo de menos.
Claro que, acabadas las penosas clases del Máster, comenzó la etapa práctica, o lo que es lo mismo, el trabajo en el instituto. Estuve seis semanas entre abril y junio en el IES Generalife de Granada, uno de los mejores institutos de Andalucía, con Nuria, mi tutora, y Mª Carmen, mi compañera de prácticas. Fue divertido ponerles canciones de Amy Winehouse para enseñarles el estilo directo e indirecto, o introducir levemente la literatura en las vidas de estos chicos. Y lo más maravilloso, volver a Granada meses más tarde y cruzarme con algunos de ellos y que me reconozcan y me digan qué tal, cuánto tiempo, me alegro de verte. Supongo que esto tiene parte de vocación, o la vocación nace con ellos.
En medio estuvo la REVOLUCIÓN, el grito, el hasta aquí hemos llegado. En medio estuvo ese bendito 15 de mayo en el que miles y miles de personas salimos a las calles a reclamar una democracia real, el fin del régimen capitalista, la supremacía de la banca sobre los derechos humanos. Salimos a la calle a dar un toque de atención mientras las revueltas inundaban la primavera árabe y toda Europa (Italia, Reino Unido...) y Estados Unidos seguían nuestro ejemplo. El mundo entero pidiendo más vida, justicia, pensamiento social, tolerancia, respeto, amor por el ser humano. Fue precioso, fue emocionante, fue intenso. Fuimos grandes, y ni todos los gritos de los medios de comunicación fueron capaces de acallar esa denuncia anónima de miles y miles de sujetos, porque las masas no tienen nombre ni rostro, sólo fuerza. Cierto es que ese empuje inicial se fue perdiendo, que ciertos sectores del movimiento pudieron ser algo extremistas, pero el descontento social quedó patente a lo largo y ancho de todo el globo. Así, todos juntos escribíamos la Historia, y eso es algo que nadie puede borrar. Y todos los hombres y mujeres aprendimos de política y sociología como nunca lo habíamos hecho.
Hablaba de los medios. He estado, gracias a los medios, en la lucha encarnizada con crónicas de conciertos, de actividades culturales, de manifestaciones, festivales de cine... en Cinempatía y Gazeta20. Ahí denuncié la manipulación de los medios y de los poderosos y traté de hacer el mundo un poco más humano. Además, me impliqué de nuevo en el nacimiento de nuestra querida revista cultural La Cuerva junto a Silvia, mi cómplice y amiga, y otros pequeños cuervos que han querido volar a nuestro lado.
Llegó el verano y las despedidas, el adiós definitivo a Granada, la incertidumbre de septiembre. El verano vino lleno de sorpresas, el trabajo en la escuela de verano, donde puse nombre a los chavales de mi pueblo y demostré tener una paciencia a prueba de bombas, así como un sentido del ridículo nulo. Fue genial estar con ellos esas semanas de piscina, juegos de agua y actividades en grupo. Entre el instituto, la escuela de verano, las clases particulares (Ana en Granada, Ana y Anabel en Bélmez, Pablo en Madrid) y los encuentros literarios en Arjonilla y Andújar probé ser apto para esto del trato con adolescentes (y no tan adolescentes). El verano siguió con mi cumpleaños el 9 de agosto, cuando vinieron mis amigos a darme una fiesta sorpresa a Bélmez, a mi casa. Me acababan de confirmar que tenía futuro: había sido admitido en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Quiero decir, tenía una de esas becas tan exclusivas para dedicarme a un proyecto literario sin más preocupaciones. La vida dio un vuelco: todo era color.
La única parte negativa del verano la volvió a poner, cómo no, el Máster de Profesorado: la tesina sobre "Literatura y adolescencia", así como una asignatura que se me resistía, me quitaron tiempo de ser feliz todo el tiempo. Pero vamos, lo académico no tenía nada que hacer frente a la fiebre literaria, y así fue.
Llegó Madrid. La Residencia. Los residentes. Lavapiés. Malasaña. Chueca. La Latina. La locura. Aprender a hacer amigos, a convivir de nuevo, a intentar hacer feliz a todo el mundo. Escribir y leer, leer y escribir, ser productivo, sacar proyectos adelante, creer que un mundo de letras es posible. Hacer planes con todos y escribir cartas a mano, recibir cartas a mano, decorar la habitación, hacer la colada, ver películas, series, escribir relatos, novelas, descuidar la poesía... Avanzar en todos los sentidos, ser más Jose que nunca. SER FELIZ. Conocer gente maravillosa: profesionales del cine, investigadores, creadores. Vivir en un lugar estupendo y saber aprovechar el jugo.
Y así desde entonces, música a todas horas, libros que avanzan, Queridos niños, la resurrección de El Desencantador, mi vuelta a El Cuentacuentos... Defender la tesina, volver a Granada con los amigos y echarlo todo tanto de menos. Venir a casa y sentirse en casa. Echar la vista atrás y medir el año que se va...
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18 de diciembre de 2011
Vuelvo al sur
Tú no me has visto hoy. Estaba en la estación de autobuses con una hora de sobra sin nada que hacer. He encendido el ordenador y me he puesto a escribir en una esquina, a unos metros de la puerta por la que siempre se cuela el frío. Me he puesto a escribir sobre Marilyn y Damián, el mito y el niño, ambos tan necesitados, ambos tan perdidos. No me has visto escribir en ese rincón a solas, sin hacer ruido más que para teclear palabras. Crees que ya no amo las palabras, que ya no las necesito, que sólo son un vehículo de lucimiento. Ése es, quizás, el problema. Que siempre quise más a las palabras que a ti, a los libros que a ti, a Lorca, a Vallejo, a Bolaño que a ti. Y supongo también que por eso no paso frío cuando escribo en estaciones heladas, porque cuando escribo no hay mundo, sólo Ruth y yo, y Damián y yo, y Cali y yo y el mundo por bandera, y el papel por mundo. Ya me dirás si no cómo se llama esto. Me alegro de que tú sigas escribiendo en cuadernos que nunca verán la luz. La bohemia es lo último que necesito en estos momentos.
II) Madrid me salva, y es fácil.
Madrid no duele porque Madrid no puede doler. Nunca me había gustado Madrid ni siquiera un poquito. Vuelvo a Granada y me duele, pero es lógico. Granada está llena de recuerdos y de fantasmas. Está llena de donde fueron los besos y fueron las decepciones y las despedidas. Granada está llena de imposibles, pero ante todo de huecos que nada ha suplido. Madrid no tiene recuerdos. Desearía que ya no llegaran más autobuses a Granada cargados de recuerdos y ausencias, que se borrara todo como stencils que el ayuntamiento se ha cansado de aguantar. Que todo aquello no hubiera pasado: las fotos, los paseos, los secretos. Las cartas. Que hubieran ardido todas las cartas. Que el amor sólo hubiera sido una promesa. Las ciudades deberían advertirnos del contrato que firmamos con ellas. Supongo que algún día Madrid dolerá como sal en llaga.
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21 de mayo de 2011
#acampadagranada: una noche en la calle
Así comenzaba la noche.
Éramos, al menos al principio, muchos. Cientos, bastantes para una plaza tan pequeña. Había una asamblea. Así funciona Granada, supongo que como el resto de las acampadas de España y del mundo. Todo se somete a votación, y llegada una hora (como las 12 de la noche) se procura hacer el mínimo ruido posible. Así, la gente demuestra su conformidad aplaudiendo en lengua de signos. Hay turnos para hablar y cuadernos con propuestas de todo tipo. Se pide a la gente que no beba alcohol ni consuma drogas de ningún tipo para evitar intervenciones o problemas innecesarios.
Hay una zona de descanso, botiquín una despensa/cocina, zona de prensa, incluso un área por “si eres violento”. Toda la gente que se encarga de estas cosas son voluntarios que desarrollan labores en las que tienen experiencia: así hay comunicadores, redactores, mediadores… que llevan a cabo labores de limpieza (hay contenedores para restos orgánicos, papel o plástico), de difusión en barrios y facultades, de provisión de alimentos, etc. Claro que todo esto no sería posible sin el apoyo de los vecinos, granadinos y granadinas que creen en la causa de los acampados y les han ofrecido comida, dinero u otros servicios (desde aseos hasta fotocopias gratis para los folletos informativos), turistas curiosos que se preguntan qué sucede en el centro de Granada. En la asamblea abierta del viernes por la noche, ya entrado el sábado, una vecina afirmó lo siguiente: “Tengo 47 años, soy autónoma, tengo trabajo, una casa y coche, pero estoy aquí porque creo en lo mismo que vosotros. Pero os digo una cosa, la gente que estamos al otro lado de la plaza estamos ahí para formar escudo humano, por si alguien intenta haceros algo”. Realmente emotivo.
Y es que hay que recordar que las cosas no han sido fáciles para Granada, conocida ya como una de las acampadas más activas desde el comienzo. Esta noche la policía ha acabando desistiendo pese a que ya ha comenzado la jornada de reflexión. No obstante, el miércoles los manifestantes fueron los primeros de España en ser desalojados por la policía a pesar de que no provocaron ningún problema o incitaron a dicha intervención. Es más, la Subdelegación del Gobierno se desentendió de lo sucedido, de modo que sobreentendimos que la decisión de desalojar surgió de uno de los agentes (quien, dicho sea de paso, no ha vuelto a aparecer por la Plaza del Carmen). A raíz de este desalojo Granada comenzó a cobrar relevancia a nivel nacional y muchos medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. Desgraciadamente, alguien filtró una fotografía de una señora mayor siendo desalojada, aunque esto no sucedió en Granada. No obstante, las cabezas pensantes de la acampada actuaron rápido mediante una nota de prensa en la que descartaban la relación o autoría de la imagen, demostrando una vez más la entereza y transparencia con que actúan. Pese a todo, en el desalojo se detuvo a tres jóvenes y se cursó una denuncia contra ellos. Toda la acampada reúne dinero para saldar la denuncia como masa compacta. Otro de los problemas que encontraron los granadinos fue que el viernes había convocada previamente una manifestación del colectivo LGTB, de modo que se les invitó a apoyar los ideales la acampada, aunque querían permanecer desvinculados de banderas ajenas. Nuevamente, la diplomacia y respeto mutuo hicieron posible la convivencia de ambas expresiones: 19:30 h. La asociación LGTB se ha manifestado extendiendo una gran bandera del arcoriris. Al desplegar la bandera, solo los miembros del colectivo se han quedado junto a ella, ya que los demás manifestantes se han retirado y durante unos minutos la Plaza del Carmen se ha dividido en dos, aunque después el colectivo ha agradecido a los 'indignados' el respeto a la bandera. (Fuente: Ideal.es).
Me dice uno de los responsables de prensa de #acampadagranada que ellos no son Democracia Real Ya, aunque habrá muchos de ellos que sí lo sean. Hay gente con distintas ideas, con diversas propuestas y sensibilidades políticas, porque, como dijo uno de los asistentes, “demostremos que hay más cosas que nos unen que cosas que nos separan”. Insisten, además, en el carácter apartidista, que no apolítico, de los reunidos frente al ayuntamiento. También en su postura irreligiosa y abierta a quien quiera unirse en su lucha. Reconocen que hacen falta aún propuestas concretas, pero las cosas de palacio, ya se sabe. Así y todo, tienen médico y abogado, traductores, intérprete en lengua de signos y mil personas más preparadas y dispuestas. Iniciativas de animación sociocultural para niños, talleres de mediación, instalaciones para personas mayores, guardería, movimiento poético que sigue el ejemplo de Sol…
¿Qué tiene de especial Granada? Hay muchos universitarios, en principio las personas que deberían responder con más fuerza a esta iniciativa. Además, en Granada la provocación es doble desde que los ánimos se crisparon por la aprobación de la Ordenanza para la Convivencia, que no permite la mendicidad, música, ruido de cualquier tipo e incluso comer o beber por la calle. Lo de una acampada multitudinaria, ni hablarlo, claro está. Por si fuera poco, recordemos cómo acabó la manifestación del 15-M en Granada, y tiro de Wikipedia.
Volvamos, pues, al jueves por la noche. Llegué directo del concierto de Vetusta Morla, donde Pucho recordó en varias ocasiones a quienes acampaban en la plaza dael Carmen. Cuando llegué, acabada la asamblea, nos tumbamos sobre cartones y mantas que habíamos traído (son demasiados años escuchando a mamá) bajo unas carpas cuanto menos sospechosas mientras llovía a nuestro alrededor, y era como si con la lluvia brillara más la Alambra y la gente estuviera más unida. Pasé media noche hablando con J., un albañil sin futuro que quería cambiar las cosas. Compartimos una Cocacola para mantenernos despiertos, pero se durmió y me puse a leer una novela generacional, En el camino de Kerouac. Después hablé con una chica argentina que quería rebelarse no sólo por España, sino por Argentina, Italia y otros países donde el sistema acaba cortándoles las alas a los jóvenes.
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Ríe
12 de septiembre de 2010
Plan B
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| Portada del libro prometido de edición limitadísima |
Lo aposté todo por irme a Australia. Al final, ni he tenido suerte ni soy valiente para mandarlo todo a la mierda e irme a la experiencia más maravillosa de mi vida. Por eso, como me toca volver a Granada, voy a hacerlo con la mirada limpia. Como si fuera mi primera vez. Aquí comienza el nuevo giro de tuerca en mi vida: redescubrir Granada, o Granada con otros ojos, porque es una ciudad que no deja de sorprenderte y te tiene guardadas mil sorpresas. Además, como este año no tengo Internet en casa voy a aprovechar mejor el tiempo, escribiré más y leeré más, y cuando suba a la facultad publicaré mis pequeñas guías-crónicas con lo que me depara la ciudad de la Alhambra. Eso, además de viajar. Que lo haré.
Por otra parte, la semana que viene iré a recoger los dos ejemplares del libro que he tenido que hacer para una asignatura de la carrera: El último mono. Consta de textos míos extraídos de todas partes (relatos, poemas, blog, fotolog) y fotografías propias también. De momento sólo he encargado dos ejemplares, el mío y el del profesor. Tenía previsto hacer una edición limitadísima para mis amigos, pero cuestiones presupuestarias me han convencido de que lo mejor es dejarlo estar. Ya estoy pensando en el segundo tomo... Por cierto, la imagen de la portada es, como podéis apreciar, una de las fotos que saqué del TAC que me hicieron en Francia. ¿Hay algo más personal?
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Yo
12 de abril de 2010
El otro día vi mi libro en un escaparate
pero a qué precio.
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12 de febrero de 2010
El Aliatar hace justicia al cine
No deja de tener cierta justicia poética todo esto. Verán, el Aliatar (Granada) era en su origen un teatro, más adelante se convirtió en cine que, amenazado por los multicines y cadenas de empresas mayores, servía de reducto a los amantes del cine menos comercial, véanse europeo, español, independiente... Hace tres o cuatro años la sala, que mantenía la forma de teatro, tuvo que cerrar y se convirtió parte en tienda de ropa y parte en cafetería. ¿Y esto a cuento de qué viene? Ese café mantuvo una de las pantallas del cine intacta. Esta semana, gracias al festival de cine clásico Retroback, la sala le devuelve el favor al séptimo

A lo largo de esta semana, encuadrada dentro del festival que retrotrae a toda Granada a la época del Hollywood dorado, se encontraba esta actividad paralela. Un sexteto de lujo, la proyección en ciclo de la película que nos ocupa y el trabajo de un grupo de actores caracterizados como debiera ser el café en la película hacen posible la magia de sumergirnos de lleno en un ambiente de cine. Ya saben, jazz de película, apuestas, cócteles, cigarrillos e interacción con los presentes. Una propuesta que ha tenido muy buena acogida y que aquí servidor pudo disfrutar ayer mismo cuando debería estar en la biblioteca. Os dejo unas imágenes de lo que nos dejó la noche en el Rick's Café. Igual encontráis a Bogart:
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